MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Reportaje | En Guaymas, balazos, no abrazos

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A dos meses y doce días de que Alfonso Durazo asumiera la gubernatura de Sonora, las erráticas políticas del gobierno de Andrés Manuel López Obrador para combatir la inseguridad en el país le cobraron la factura al originario de Bavispe. En un hecho inaudito, el pasado jueves 25 de noviembre los habitantes de Guaymas vivieron momentos de terror cuando un grupo armado abrió fuego y lanzó granadas frente al palacio municipal en contra de la alcaldesa Karla Córdova González, del comisario de Seguridad Pública, Andrés Humberto Cano Ahuir, de sus escoltas así como de integrantes de un colectivo feminista que momentos antes se habían manifestado pacíficamente en el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Terminada la manifestación, algunas activistas se quedaron frente a la casa de la comuna guaymense para entrevistarse con la alcaldesa, quien salió del edificio, fuera de programa, sin imaginarse lo que sucedería en pocos minutos. La primera bala, comentó el gobernador Durazo en entrevista nacional, le pasó rozando a la alcaldesa y mató a su escolta Antelmo Eduardo Gutiérrez. En el fuego cruzado allí también murieron Marisol Cuadras, activista social de 18 años de edad, miembro del colectivo Feministas del Mar, y un agresor, relacionado con uno de los grupos delincuenciales organizados que pelean el mercado de drogas local y que, según informaciones oficiales iban por Cano Ahuir, con la intención de eliminarlo, quitarlo del camino para lograr el control absoluto.

La inevitable duda

Julio César Bautista, comerciante en la ciudad porteña, comentó a buzos: “Desgraciadamente el acto agresivo puso el nombre de Sonora y el de nuestro gobernador en la mente de todo el país y quizá de mucha gente del mundo con una nota negativa; fue un golpe brutal que manchó todo, incluyendo el prestigio de más de un político sonorense. Primero que nada, nos sorprendimos, nadie creía que los delincuentes llegaran a tanta osadía. Imagínate: el ataque había ocurrido no en un sitio alejado ni remoto, sino a las puertas mismas de las oficinas públicas centrales del puerto. La prensa mostró videos tomados momentos antes de la agresión en los que puedes ver soldados rodeando a la presidenta municipal en actitud de vigilancia, cuidándola a ella y a quienes la rodeaban: pues aun así se perpetró el ataque y mataron a la muchachita en la flor de la vida”.

Era inevitable que surgiera la sombra de la duda respecto a la efectividad de las medidas de gobierno para proteger a la población. De la sorpresa, Julio César cuenta que pasó casi instantáneamente a la indignación: había otra víctima inocente de la violenta guerra por el control de las plazas. Habían aventado granadas también: “qué poca… había gente inocente, estuvieron dispuestos a sacrificarla”. Por todos lados se comentó el hecho. La indignación, sin dejar de ser, dio paso al temor: “La siguiente víctima podría ser cualquiera de nosotros, es horrible esta incertidumbre”.

La seguridad no se reparte parejo

Alberta Hernández Vilchis, habitante de Guaymas y también activista social, declaró a buzos: “Los jefes de las autoridades andan en vehículos blindados, como la propia alcaldesa Córdova. Está bien que se cuide y le deseo que no le pase nada, pero nosotros, los ciudadanos comunes, andamos desprotegidos todo el santo día. Los ricos tienen sus guardias particulares y no temen grandemente, ellos siempre tienen protección o la pagan. La seguridad no se reparte parejo; dicen unos con burla que hay unas gentes más iguales que otras, como si dijéramos que la igualdad es privilegio de unos pocos, en cambio la desigualdad y la inseguridad se cargan del lado de la mayoría de la población. No puede cualquier persona humilde y trabajadora moverse con tranquilidad por el puerto porque siente a cada instante un temor inevitable de que algo malo suceda a la vuelta de la esquina: un tiroteo, camionetas con gente armada tirando ráfagas con metralletas, secuestros, desaparecidos, gente levantada, restos de asesinados que aparecen por doquier, o que te pase la desgracia de ser testigo involuntaria de alguna de esas cosas y que por esa casualidad te lleguen a dañar: no es exageración ni ganas de desprestigiar a nadie, es que así está la cosa aquí desde hace años, y lo malo es que las noticias que salen a diario por todos lados muestran que es lo mismo en Cajeme, en Caborca, en Hermosillo, en todos lugares: es muy penoso todo esto. Y luego están los hallazgos que hacen las mamás buscadoras, oiga usted, qué cosa tan fea; bueno, dígame dónde no están encontrando fosas clandestinas”.

Haciendo un alto en su trajín diario de promotora social, Hernández Vilchis nos platica, con una mezcla de coraje y resignación: “Por más que queramos hablar bonito de nuestro estado, la triste realidad es que Sonora es un infierno y no hay autoridad que ponga freno. Nuevamente escuchamos sólo declaraciones y más declaraciones, pero los muertos van en aumento. Las medidas del gobierno federal no detienen nada, las promesas de Obrador ya no le causan a la gente algo de esperanza, sino coraje e indignación porque dice sus cosas en sus discursos como si no estuviera pasando nada, porque ignora nuestro dolor, porque acontecimientos como este ataque del jueves 25 de noviembre lo evidencian como un gobierno incapaz de hacer algo realmente efectivo. Es inconcebible que en su mitin en el zócalo de este miércoles López Obrador haya dicho que los índices delictivos han bajado; esa es una mentira del tamaño del mundo y allí está Guaymas, allí está toda Sonora para desmentir al presidente. La incapacidad el gobierno federal nos cuesta vidas y nos mete a vivir en situación de desesperanza e incertidumbre. Se siente una paralizada y como que algo nos oprime el pecho”.

Taches y consecuencias dolorosas

Adán López Bohórquez, del poblado Miguel Alemán, en la Costa de Hermosillo, comentó a buzos: “No hay una acción efectiva del combate a la delincuencia. Ya ni cómo decir que Durazo no tiene vela en el entierro, pues si él salió directamente de la Secretaría de Seguridad federal a la candidatura para gobernarnos y lo que hizo y no hizo lo estamos pagando ahorita; no porque él sea el responsable del ataque, claro que no, sino por los resultados de su trabajo: Guaymas le está poniendo un tache. Lo sentimos mucho por él, porque esta situación le complica su gubernatura desde el mero principio, ojalá y recomponga. Pero de que nos quedó a deber en materia de medidas a nivel país contra la inseguridad eso que ni qué, y aquí están las dolorosas consecuencias para él y para todos nosotros. Ya ni se diga del presidente AMLO, a él le ponen un tache, pero así de grandote, los más de 100 mil muertos por este tipo de violencia que ya llevamos en sus tres años de gobierno”.

“Yo defiendo también la causa de esa jovencita que mataron (Marisol Cuadras), y me solidarizo con su familia, con la presidenta municipal de Guaymas… qué cosas tan duras le han pasado apenas comenzando su administración. Y pregunto: ¿de qué le sirvió a la muchacha asesinada tener garantizado en la Constitución el derecho a la manifestación pública, a la protesta ciudadana pacífica y legal si actos como éste violan en los hechos ese derecho y le arrebataron la vida? Y también pregunto ¿y dónde están los protectores de nuestros derechos?, porque para cobrarnos impuestos esa no nos la perdonan ni un tantito, pero, y entonces ¿a dónde se van los recursos?, porque ahora resulta que ni obras autorizaron los diputados de Obrador para las colonias humildes y los pueblos chicos o grandes como Guaymas. Y con tanta carencia y desempleo cómo quieren que no haya chamacos descontentos con todo, que se dejan llevar fácilmente por las promesas del dinero supuestamente fácil”.

En cuanto a la deuda, las opiniones de López Borhórquez coinciden con las de  David Saucedo, especialista en Seguridad Pública y consultor en programas de gobierno, quien declaró a medios sonorenses que “el gobierno de Alfonso Durazo ha sido cauto; ha tomado medidas para garantizar la seguridad de Sonora, pero no de alto impacto… Nos queda debiendo, sí ha tomado medidas, pero no han impactado. Esperemos que asuma la responsabilidad. Esta sería una de sus primeras pruebas para combatir la inseguridad en Sonora”.

Interminable remolino de violencia

En opinión de Javier Valenzuela, huatabampense, el país se halla acorralado por el crecimiento de la violencia y la arrogancia de los grupos de delincuencia organizada, que disponen de auténticos pequeños ejércitos que no hallan resistencia alguna, digna de un gobierno federal que se precie de serlo, sino la cuestionada política de “abrazos, no balazos”. “No hay visos de pronto cambie la situación. Lo sucedido en Guaymas causó sorpresa porque fue un atentado contra ciudadanos de manera directa, a las puertas de Palacio, con elementos armados de la guardia nacional a escasos metros de donde sucedió la agresión; entonces te pones a pensar y dices: si con esa vigilancia sucedió, ora los que no tenemos ninguna qué nos espera. Con esas políticas a Guaymas, al verdadero pueblo, le tocan puros balazos, no abrazos: quién sabe a quién le tocan los abrazos, porque a nosotros no”.

“Yo recuerdo bien los compromisos del propio Durazo hechos ante los medios nacionales cuando iban a empezar a gobernar, me causaron fuerte impresión porque expresaba nuestros anhelos, y de acuerdo a ellos en estos días debería comenzar una época de paz y tranquilidad para todo el país”. Valenzuela se refiere a la entrevista transmitida por Aristegui Noticias el 4 de enero de 2019, cuando el hoy gobernador dijo: “Si seguimos con la estrategia de coerción y de represión, al final del sexenio de López Obrador, estaríamos entregando 100 mil muertos más, y eso no nos podemos permitir… el plazo de tres años es producto del análisis del tiempo que requieren las medidas que estamos proponiendo para combatir la inseguridad y que rindan frutos… estimamos que en tres años estaremos rindiendo las mejores cuentas al país en materia de inseguridad… los mexicanos vamos a tener paz a partir de los tres años”. Guaymas vino a evidenciar de manera brutal el fracaso de tal compromiso. “Lo cierto es que lo sucedido en el puerto de Guaymas es sólo una gota en este interminable remolino de historias de asesinatos, levantados y desaparecidos casi a diario y mes con mes los últimos años, una historia que se repite en varios municipios de Sonora. A nivel del pueblo de más escasos recursos es algo que bien conocemos; yo lamento que desde hace muchos años los niños y jóvenes sonorenses hayan crecido en este ambiente contaminado, es una contaminación peor que la del ambiente”.

El clamor

Alma Elena Duarte Orvez, originaria de Hermosillo, clama por seguridad: “No podemos seguir así, requerimos que haya un verdadero compromiso y voluntad de veras para que esto no suceda más. Vivo en una colonia muy humilde y no hay madre o padre de familia que no sienta pánico cuando los hijos se tardan en llegar, aunque sea pleno día. Lo de Guaymas, lo vivimos aquí constantemente en Hermosillo la gente más olvidada, no pasa semana que no escuchemos historias pavorosas. Las noticias que escuchamos nos mantienen alarmadas todo el tiempo, ya queremos vivir una vida sin temores”.

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