La madrugada del 3 de enero, el ejército del gobierno de Estados Unidos de América, que dirige el empresario multimillonario Donald Trump, secuestró al presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, en su residencia, ubicada en la capital del país, Caracas, contraviniendo todo el derecho internacional y todas las leyes de los pueblos de cada país para decidir sus asuntos internos.
En la operación militar de Estados Unidos se usaron 150 aeronaves, soldados de élite, armamento de alto poder… y la prensa calcula que se gastaron 570 millones de dólares para entrar ilegalmente y por la fuerza de las armas a un país que, literalmente, no les ha hecho nada.
El presidente Nicolás Maduro es el líder de un pueblo latinoamericano que, desde febrero de 1999, ha defendido su forma de hacer política para favorecer a las clases populares de su país bajo la bandera de la Revolución bolivariana, iniciada por el comandante Hugo Chávez Frías.
A nivel internacional, Maduro se ha sumado a varios países que piden un mundo multipolar, en el que cada nación pueda decidir sus destinos sin la intervención de los países capitalistas más desarrollados, y se ha declarado enemigo de que Estados Unidos controle por cualquier vía a los países latinoamericanos para quitarles sus recursos naturales y su fuerza de trabajo.
En la operación militar de Estados Unidos se usaron 150 aeronaves, soldados de élite, armamento de alto poder… y la prensa calcula que se gastaron 570 millones de dólares para entrar ilegalmente y por la fuerza de las armas a un país que, literalmente, no les ha hecho nada.
En esa madrugada fueron asesinadas personas civiles bajo las bombas que se lanzaron sobre Caracas, así como 42 militares venezolanos y 32 cubanos que realizaban funciones en aquel país, con lo que demostró que los organismos internacionales no son su preocupación, quizá porque la mayoría de ellos sirven a los intereses estadounidenses.
Entonces, Donald Trump anunció, esa misma madrugada, el secuestro del presidente de Venezuela. “Estados Unidos de América ha llevado a cabo con éxito un ataque a gran escala contra Venezuela y su líder, el presidente Nicolás Maduro, quien, junto con su esposa, ha sido capturado y trasladado fuera del país”, escribió en Truth Social.

Tras el secuestro del presidente, he leído en la prensa local y nacional y en las redes sociales a muchos “analistas” que aplauden “que haya detenido al dictador” y los medios más importantes a nivel mundial —que son propiedad de los ricos empresarios gringos y del mundo— han difundido mañana, tarde y noche, las acusaciones contra Nicolás Maduro, su esposa y otros líderes del pueblo, añadiendo la frase de Donald Trump de que, si la nueva presidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, no hace lo que él y los empresarios gringos quieren regresarán con las armas.
“Si no se portan bien, lanzaremos un segundo ataque”, dijo Trump. “Si no hace lo que es correcto (¿qué es lo correcto para el presidente gringo? Recordemos su frase de campaña: “Make America Great Again”, es decir, volver a ser una potencia económica, porque ya hay países que lo superan con mucho como Rusia y China), va a pagar un precio muy alto, probablemente más alto que el de Maduro”, afirmó Trump en una conferencia de prensa el 4 de enero.
Lo “correcto” para el presidente gringo es que Venezuela les dé acceso libre a sus recursos naturales, el petróleo en primer lugar. Tampoco eso es un secreto. El mismo presidente estadounidense lo ha repetido en varias ocasiones: “Vamos a discutir cómo estas grandes empresas estadounidenses pueden ayudar a reconstruir rápidamente la deteriorada industria petrolera venezolana y generar millones de barriles de producción de petróleo para beneficiar a Estados Unidos”, dijo el 9 de enero pasado luego de reunirse con los dueños de varias compañías petroleras de su país. Venezuela también es rica en gas natural, tierras raras y oro.
¿Y por qué secuestraron a Maduro entonces y lo llevan a juicio en Nueva York? Aquí se caen en seco los “análisis” de los portavoces “trumpistas” —algunos pagados y otros gratuitos— que hablan del fin de la “dictadura chavista” y los derechos de los venezolanos que no comparten esos ideales, como María Corina Machado que lanzó aplausos de foca a favor del secuestro, pero a la que el mismo Trump repudia porque nadie la sigue en su país y no representa una verdadera oposición.
¡Son los venezolanos quienes han sostenido al chavismo y su revolución durante casi 30 años! ¡Son ellos quienes han decidido, en las urnas y por la ley, quiénes deben gobernarlos! ¡La mayoría del pueblo de Venezuela repudia el secuestro de su presidente y exige un alto al intervencionismo gringo!

Pero eso lo calla la prensa internacional, que es propiedad de los hombres más ricos que comparten ideas y acciones con Trump, y las redes sociales, que controlan los hombres más ricos del mundo.
Maduro es, como él mismo lo señaló cuando inició el juicio ante la pregunta del juez de Nueva York para que confirmara su identidad: “Sí, soy Nicolás Maduro Moros, el presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela. Fui secuestrado el 3 de enero por una intervención militar estadounidense. Me considero prisionero de guerra, me acojo a los Convenios de Ginebra y de Viena. Fui capturado en mi hogar en Venezuela”.
Maduro era pieza clave en la defensa de su patria. Es ahora el pueblo venezolano, con la solidaridad de los hombres progresistas del mundo entero, quienes deben defenderla e impedir más agresiones estadounidenses.
Los “analistas” mexicanos que festejan las acusaciones, el secuestro y el juicio contra Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos “olvidan” que ese país en 1848 nos quitó el 55 % de nuestro territorio y que, por ser sus vecinos y un país débil económicamente, nos impone las medidas económicas que nos afectan y que a ellos los benefician.
“Olvidan” que Estados Unidos —como lo ha hecho cualquier país poderoso— tiene la capacidad de entrar militarmente a nuestro país y someternos todavía más (Trump ha lanzado ya las amenazas), siempre que eso les implique una mejor generación de ganancias por la venta de sus mercancías (legales o ilegales) o por la apropiación de nuestros recursos naturales, que son bastantes.

Lo mismo hizo España en los tiempos de la colonia (1521 a 1821), cuando se llevaron el oro, la plata y nos explotaron como esclavos a los que debían “civilizar”, destruyendo nuestras creencias, sepultando nuestros templos, minimizando nuestros avances en las ciencias y el arte, porque dijeron que nos “educarían” con su religión y sus costumbres.
El pueblo pobre mexicano, el pueblo trabajador, debe analizar lo que sucedió en Venezuela y condenarlo, porque los países imperialistas no buscan el bien de la población de ninguna manera, sino la forma de que sus empresarios se enriquezcan aun más con la explotación de la mano de obra de sus colonias.
El gobierno de Estados Unidos es experto en someter por la fuerza de las armas a los pueblos. Ahí están, para muestra, Cuba antes de la revolución de Fidel, Panamá, Nicaragua, Guatemala, Chile, República Dominicana, Haití, Brasil, Bolivia y muchos otros, en donde han enviado a gobernar a militares o a —esos sí— verdaderos dictadores que someten por la fuerza a pueblos enteros.
¡Veamos la destrucción de Gaza, la destrucción de Irak, Afganistán y muchos otros pueblos del mundo! Ya lo dijo alguien: de ti, habla la fábula.
Unámonos, eduquémonos y formemos en las filas de los hombres que se oponen a las intervenciones extranjeras y formemos un partido popular que tome el poder político del país para convertirlo en una nación próspera con sus hijos, sin pobreza, sin hambre, con trabajo bien pagado, educación y medicina. Para eso no necesitamos a los gringos, no. Para eso necesitamos ser una clase para sí que salga a la lucha por el poder.
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