MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

¿Una política distinta?

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Al presidente de la república, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), le gusta hablar abundantemente sobre lo diferente de su gobierno a los anteriores, poniendo al suyo como el prototipo de lo nuevo y progresista, pero, ¿es así en realidad?, ¿es una política distinta la suya? y si lo es, ¿en qué sentido? Los distractores utilizados por el titular del Poder Ejecutivo son variados y efectivos para sus propósitos, sus declaraciones siempre dan de qué hablar, y a él, poco o nada le importa si los comentarios son positivos o negativos, lo que busca, es estar siempre en el decir de todos los mexicanos.

AMLO se caracteriza por generar polémica en torno a sus decisiones y declaraciones y las “justifica” en su discurso mañanero llamándolas “combate a la corrupción” o “bienestar para el pueblo”; su afán protagónico es desmedido, lo lleva a decidir prácticamente todo, exhibiendo a los demás servidores públicos como meros funcionarios de pantalla. Lo peor, una y otra vez, sus hechos contradicen sus palabras.

Su machacón y ofensivo discurso contra los periodistas, las organizaciones sociales, las clases medias, las feministas, los padres de los niños con cáncer, las energías limpias, contra el Instituto Nacional Electoral, ahora contra los médicos y en general, un discurso de odio como política de Estado, crean tensiones que laceran la paz social, pues al presidente nadie lo puede contradecir o desobedecer, so pena de convertirse en perseguido y enemigo político de la administración federal en turno, en el que se ceban una y otra vez, hasta desaparecerlo si es posible.

Sin embargo, la política asumida por López Obrador al frente del gobierno, levanta más ámpula cada día. El tema del incremento en la inseguridad y la violencia en el país, producen un resquebrajamiento tal, que los grupos delictivos se sienten libres y amparados por el manto presidencial, que justifica, por ejemplo, la persecución de un grupo armado a un convoy militar en Michoacán, con el “argumento” de que “cuidamos a los elementos de las Fuerzas Armadas, de la Defensa, de la Guardia Nacional, pero también cuidamos a los integrantes de las bandas -delincuenciales-, son seres humanos. Esta es una política distinta”.

El Presidente de la República, llama política distinta a las medidas fallidas aplicadas por su gobierno en las que, según él, en aras de la protección de la vida de las personas, su administración no enfrentará la violencia con más violencia, sino que atenderá las causas, “lo que nunca hicieron los corruptos”, es decir, no tiene la mínima intención de cambiar su estrategia de seguridad de "abrazos y no balazos", y asegura que la cifra de homicidios dolosos ha bajado durante su administración.

Sin embargo, según un informe elaborado por Iniciativa Global Contra el Crimen Organizado Transnacional en el que se estudian 193 países, México es ya el cuarto país del mundo con mayor tasa de criminalidad del mundo y el segundo del continente americano; sólo Colombia, el Congo y Myanmar superan al país que preside Andrés Manuel López Obrador (atalayar.com 15/05/2022). Dicho informe señala que la violencia en nuestro país ha alcanzado niveles nunca vistos hasta ahora, especialmente después de que a principios de año la violencia se incrementase en Colima, en Zacatecas y recientemente en Guanajuato.

Entre las razones que explican estos niveles de violencia, de acuerdo a dicho informe, se encuentra la elevada sofisticación de los grupos del crimen organizado en el país: ‘’Los cárteles de la droga controlan el territorio en gran parte de México, cooptando al Estado a través del soborno y la intimidación, con el objetivo de facilitar sus actividades ilícitas”. Además, la ubicación del país, que dispone de largas extensiones de costas, y la riqueza de la biodiversidad presente en México, hace que sea un entorno ideal para el narcotráfico y la trata de personas, además del contrabando de especies, lo que le hace subir en los rankings de criminalidad mundial.

El documento dice también que, “el nivel de control de las mafias con respecto al Estado es tan grande que no solo genera vulnerabilidad a los ciudadanos mexicanos, también hace peligrar la calidad democrática del país. Los expertos temen que el crimen organizado puede manipular elecciones debido a los vacíos de poder de las autoridades federales de seguridad…”

Las razones expuestas por dicho informe, indican que la política de “abrazos no balazos” y las consideraciones presidenciales con las bandas porque también son seres humanos, siguen haciendo que, en el país, la inseguridad y la violencia campeen rampantes sin que haya algún freno que los detenga. El gobierno de Andrés Manuel López Obrador está punto de alcanzar los 120 mil homicidios y feminicidios, según un estudio del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) de México y estos datos de muertes violentas muestran un fracaso de la estrategia nacional de seguridad y un aumento de la violencia y los asesinatos, ya que en solo cuatro años de mandato de López Obrador ya se ha alcanzado prácticamente la misma cifra de homicidios que durante los seis años de mandato del presidente anterior.

Esta es la política distinta, que nos ofrece el gobierno morenista de la Cuarta Transformación: Militares y Guardia Nacional perseguidos por grupos armados; elementos de la Guardia Nacional que disparan a estudiantes como ocurrió recientemente en Guanajuato, donde falleció el joven Ángel Yael Ignacio Rangel y Edith Alejandra Carrillo Franco, resultó herida o bien, presidentes municipales emanados del Partido Morena, como Oscar Leggs de Los Cabos, BCS, que encarcela a estudiantes que hacen cultura y a luchadores sociales que piden se resuelvan demandas sociales para colonias sumidas en la pobreza y la marginación.

Así pues, autodefinirse como el gobierno de los pobres, mandar al carajo a los opositores, implementar programas sociales de carácter monetario “directos”, una cartilla moral y un discurso “humanista” con los delincuentes, no le alcanzan a la actual administración federal para acabar con los males que aquejan a la sociedad mexicana, por el contrario, se recrudecen. El número de pobres se incrementa, la inseguridad se dispara y lacera el tejido y la paz social. 

Lo que el pueblo mexicano necesita es una política distinta que redunde en mejores condiciones de bienestar material y espiritual; es decir, empleos suficientes y bien remunerados, reorientación del gasto social que realiza el estado que beneficie a los sectores compuestos por las clases trabajadoras dotándolos de vivienda, servicios básicos, salud, educación, cultura, deporte y, la aplicación de una política fiscal progresiva en el pago de impuestos, haciendo que el pago sea acorde a los ingresos que cada mexicano tiene. 

Para eso, los sectores más desprotegidos debemos unirnos y luchar por una política verdaderamente distinta, acorde a los intereses de todos los mexicanos, porque, cuando muchas debilidades logran unirse entre sí y fundirse en una sola, se transforman en una fuerza temible y muchas veces imparable, capaz de realizar los cambios que se necesitan. Ojalá, que todos los mexicanos nos demos cuenta y aceptemos esta sencilla verdad. ¡Sólo eso nos puede salvará del desastre inminente al que nos conduce AMLO y su 4T!

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