La confrontación global de los grandes bloques de naciones no nos es indiferente. Los promotores del fascismo y la guerra en Europa son los mismos que fueron desde su ancestro nazi, con igual raíz económica determinante: son ramas del mismo árbol. El fascismo no es fundamentalmente una ideología, sino la expresión más brutal y despiadada de los intereses de los grandes capitales que ansían dominar al mundo, como pretendía Hitler, y como ahora pretenden sus sucesores en Europa.
Algunos ejemplos a manera de ilustración
El presidente francés Emmanuel Macron es un exempleado de la banca Rothschild, la más representativa del capital judío, aquella que promovió y financió la creación del Estado de Israel. El gobierno inglés representado por el ministro de Relaciones Exteriores, el conde Arthur James Balfour, dirigió al también noble, barón Lionel Walter Rothschild aquella famosa “Declaración Balfour”, en carta del 2 de noviembre de 1917, donde su majestad “autorizaba” la creación del Estado de Israel. Autorizaba (véase el eufemismo) el establecimiento de “un hogar nacional” para el pueblo judío, pero… en tierras de los árabes de Palestina. La tal carta tenía como destinataria final a la Federación Sionista de Gran Bretaña e Irlanda. Es decir, se concedió a la familia Rothschild la franquicia para invadir Palestina y crear allí un nuevo Estado. Rothschild financió el traslado de las Aliyot, marejadas de judíos inmigrantes, a tierras palestinas. Y bajo su tutela se explica hoy la férrea alianza entre Israel y Estados Unidos: tienen el mismo dueño y factor aglutinante; y también la beligerancia de Macron en la guerra de Ucrania y su complicidad con los sionistas en la masacre de Gaza.
La banca Rothschild fue fundada en Frankfort, en el siglo XVIII. No hace mucho, Macron fue alto ejecutivo del banco de inversión Rothschild & Co entre 2008 y 2012. Como signos de su poderío, “El poder financiero de la dinastía Rothschild le permitió financiar la derrota británica de las fuerzas de Napoleón en la Guerra de la Independencia y Waterloo. En 1814, el rey Luis XVIII regresó a Francia del exilio inglés con dinero británico prestado por los Rothschild. De igual manera, Luis Felipe, rey de Francia entre 1830 y 1848, regresó del exilio británico con el apoyo financiero de los Rothschild. La bella Eugenia de Montijo, quien se casó con el emperador Napoleón III en 1853, fue amiga y aliada de Jaime de Rothschild” (“Foreign Policy”, 18 de mayo de 2017)
Otro conspicuo representante del dominio del gran capital en Europa, y uno de los más fieros promotores de la guerra, es el recién elegido canciller alemán Friedrich Merz, personero de BlackRock (el mayor fondo de inversión del mundo), donde fue alto ejecutivo; y recuérdese que BlackRock adquirió ya la mitad de las tierras agrícolas de Ucrania, mismas que ahora defiende (con ayuda de Merz y otros), con la guerra. Merz mismo es un millonario que fue representante de BlackRock en Alemania entre 2016 y 2020. “En 2004 [Merz] fue contratado como consultor senior por la firma internacional de abogados y lobby Mayer Brown, un peso pesado en la industria con ingresos anuales de miles de millones […] formó parte de los consejos de supervisión y administración de varias grandes empresas. Y entonces BlackRock llamó a su puerta […] Bajo la influencia de Merz, BlackRock se ha convertido en uno de los mayores accionistas no alemanes de muchas de las empresas más importantes del país, desde Deutsche Bank hasta Volkswagen, desde BMW hasta Siemens.
Sin embargo, su trabajo no consistía sólo en aumentar las ganancias para los accionistas; también se trataba de definir un entorno político en el que los intereses corporativos estuvieran alineados con la política gubernamental […] Es un firme defensor de la privatización de los sistemas de seguridad social, en beneficio de empresas como BlackRock, líder en sistemas de pensiones privadas […] bajo el liderazgo de Merz, la CDU [Unión Demócrata Cristiana de Alemania] recibió millones de euros en donaciones de campaña de los mismos intereses empresariales que él una vez representó, más que cualquier otro partido. Por eso, para los lobistas corporativos alemanes y mundiales, tener a Merz, un excolega, como canciller es un sueño hecho realidad. O, como dice Rügemer: “Esto es poner al zorro a cuidar el gallinero” (Tomas Fazi, El Viejo Topo, 6 de marzo de 2025).
No bien asumió el cargo de canciller, lo primero que hizo fue visitar a Macron para coordinar su política guerrera, y acto seguido viajaron ambos a Kiev, junto con Sir Keir Starmer, primer ministro británico –en tan alegre como escandalosa tertulia–, a dar oxígeno a Zelenski y reclamar su parte del botín. Así, Merz se posiciona ipso facto como uno de los más agresivos señores de la guerra europeos.
Otra alemana representante de los ricos del mundo, y miembro de la realeza, bate también febrilmente tambores de guerra: Ursula Von der Leyen, quien “usa los privilegios del título de baronesa […] En la residencia familiar de los Von der Leyen en Krefeld (Renania) se hospedó Napoleón cuando visitó los territorios que anexionó a su imperio, y tan impresionado quedó por la hospitalidad recibida que concedió al patriarca el título de barón en 1813. Tres años más tarde se le concedió el mismo título en Prusia…” (El Mundo, 4 de julio de 2019).
Al otro lado del Atlántico, otros magnates controlan el gobierno con Trump a la cabeza, y disputan la plusvalía. “Nombres como Elon Musk, Vivek Ramaswamy, Linda McMahon y Howard Lutnick componen la Administración más rica de la historia, con un valor acumulado de más de 300,000 millones de dólares […] Trump se ha rodeado del 1% más rico de Estados Unidos para gobernar el país […] en su próximo equipo presidencial, al menos 11 de ellos tienen varios miles de millones de dólares […] el segundo Gobierno del magnate republicano se vislumbra con sostener una estrategia económica, política y social construida por los más ricos, pero también que solo beneficia a los más ricos […] el equipo planteado para la segunda Administración de Donald Trump pinta como el más rico en toda la historia estadounidense, con alrededor de 340,000 millones de dólares acumulados entre todos […] Trump tiene una fortuna personal valorada en unos 5,500 millones de dólares, confirmándose como el mandatario más rico en la historia del país […] Elon Musk tiene unos 300,000 millones” (France 24, 17 de diciembre de 2024).
Pues bien, a pesar de los pleitos de lavadero, este dueto ha obligado a Zelenski a entregarles los recursos naturales ucranianos, destacadamente tierras raras, tan preciadas en el sector industrial donde reina Musk, ello mediante un “acuerdo de coinversión”, que enmascara el despojo; no es casual que el texto completo y sus términos exactos se guardan en la más absoluta secrecía.
A la luz de todo esto, no debe caber duda de que el conflicto mundial es una lucha de clases: de un lado el gran capital global, y del otro, los pueblos que luchan por su independencia, como los del Sahel, Brasil, Venezuela, Cuba, Nicaragua, Corea del Norte, Vietnam, Mongolia, Etiopía, Sudáfrica, Palestina; y también China y Rusia, más fuertes, ciertamente, que hacen frente al imperialismo. El pueblo de México debe entender la pugna y tomar partido; y como país pobre y explotado, nuestro lugar está junto a la gran corriente de países pobres y dependientes, como nosotros, y no al servicio de los grandes capitalistas del mundo. Por eso, debe reiterarse, el triunfo de Rusia en Ucrania será, indudablemente, el triunfo de la humanidad entera sobre el gran capital depredador, y habrá de crear mejores condiciones para que, mediante su propia lucha, México pueda conquistar su verdadera y definitiva independencia.
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