MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Voracidad empresarial, miseria en el campo y la ciudad

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El crecimiento incesante de las ciudades y, en particular, de los barrios humildes que circundan a otros anteriormente establecidos y que extienden la mancha urbana sin que se puedan establecer límites permanentes, no es un fenómeno desligado de la realidad económica y social que caracteriza a los países en vías de desarrollo, que por lo regular se encuentran avasallados por alguna potencia imperialista, que los considera abiertamente como una fuente de materias primas, de maquila abaratada, de productos manufacturados y de fuerza de trabajo que engrosa y fortalece las ganancias de sus grandes empresarios.

La pobreza tiene un origen y se encuentra en el abusivo sistema económico llamado capitalismo, que nos impone luchar por mejores condiciones de vida; luchar por un reparto más equitativo de la riqueza.

La competencia entre el campo y la ciudad, acrecentada por el desarrollo del capitalismo, va provocando, con el paso del tiempo, la agonía de los pequeños productores agrícolas, quienes no poseen las condiciones técnicas ni los insumos necesarios para hacer producir su tierra y obtener cosechas a costos que desafíen a las grandes empresas agrícolas, que son las que determinan el precio de los productos en el mercado.

Por tanto, el pequeño productor, empobrecido y desesperado por su condición económica, al no encontrar posibilidad de empleo en su comunidad de origen, no tiene más alternativa para obtener ingresos que desplazarse a las ciudades con la intención de encontrar quien le compre su fuerza de trabajo.

Aquellos que se quedan en el terruño comprenderán en algún momento que su pequeña producción parcelaria no es suficiente como fuente segura de dinero y pasará a considerarla como una actividad complementaria, buscando, como aquellos que ya se fueron, otras alternativas principales para su sustento.

Si se desea conocer, aunque sólo sea de manera superficial, el aumento de la pobreza en un país, habrá que tomar en cuenta, entre otros factores, el índice de crecimiento de las ciudades. 

Millones de personas en las zonas urbanas de nuestro país reclaman mejores condiciones de vida; no se les puede acusar de ser portadores de teorías exóticas que buscan desestabilizar un régimen político, sino que se trata de una necesidad que no viene de fuera, sino que nace y se acrecienta con la situación material, con las condiciones con las que se han encontrado en su huida de la miseria.

De acuerdo con el informe del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi 2024), 192 mil personas abandonaron el campo mexicano, un decrecimiento de casi 200 mil personas en la fuerza laboral tan solo el año pasado.

Las causas señaladas en el informe son las prácticas de contratación abusivas, el nulo acceso a los derechos laborales y el cambio de política económica que prioriza las actividades económicas secundarias, impulsado por el gobierno desde finales de la década de 1980.

Un elevado porcentaje de esta fuerza laboral llegó a las ciudades de nuestro país en búsqueda de mejores alternativas.

El informe de la Organización de las Naciones Unidas (ONU-Hábitat 2024) señala que la mitad de la humanidad, 3 mil 500 millones de personas, vive en las ciudades; para 2030, casi 60 % de la humanidad vivirá en zonas urbanas. Ese incremento ininterrumpido de las urbes tiene como consecuencia negativa la agudización de las condiciones de pobreza y el despliegue de todas sus consecuencias negativas: la violencia, inseguridad, problemas ambientales, prostitución y drogadicción, entre otras.

Cierto es que los motivos directos para la migración son diversos; entre ellos se pueden encontrar la creciente inseguridad, los conflictos bélicos, la falta de oportunidades para estudiar, la carencia de empleo y la poca efectividad con que se atienden los múltiples problemas de salud que aquejan a los pobres; sin embargo, todos ellos tienen una sola raíz: el sistema social en que vivimos, el capitalismo.

En una sociedad en la que predominan las relaciones de explotación del trabajo asalariado, en donde la ausencia de una planificación en la producción es una manifestación de la voraz competencia entre los grandes productores, los trabajadores, como vendedores de su fuerza de trabajo, se encuentran sometidos a las mismas leyes de mercado imperantes, las que sólo garantizan el enriquecimiento de unos pocos a costa de la miseria de millones de trabajadores.

El gobierno federal en México, para hacer frente a las necesidades que brotan del crecimiento de las ciudades y de los problemas que este fenómeno genera, recomienda a los gobiernos estatales y municipales un conjunto de medidas (Crecimiento urbano y sostenibilidad: retos y desafíos para los municipios de México).

Tales medidas, aplicadas correctamente, pueden a lo más, disimular el brutal impacto que la miseria causa en las familias; sin embargo, no resuelven el problema, pues se carece de acciones que ataquen la raíz de la cual emanan estas calamidades sociales.

El gobierno mexicano carece de una política seria y efectiva para eliminar la pobreza en el campo; millones de personas que habitan en las comunidades rurales continuarán desplazándose a las ciudades. Se trata de un problema de vida o muerte, no tienen otra elección.

Y mientras el gobierno sea defensor de ese sistema injusto, en tanto que facilite el enriquecimiento de los grandes empresarios, en cuanto no aplique medidas que permitan a las personas tener un empleo bien remunerado, salud, educación, acceso a la seguridad social y contar con una vida digna en sus comunidades de origen, el hacinamiento en los barrios populares y las carencias sociales que se sufren en ellos continuarán creciendo.

El reclamo social por el mejoramiento de las condiciones de vida en las zonas populares tiene toda validez; si el gobierno no ha querido o no ha podido resolver el problema desde su raíz, debe atender de forma oportuna y eficaz las consecuencias que brotan del crecimiento de la miseria en nuestro país.

Quienes estamos inmersos en estas difíciles condiciones económicas y sociales generadas por la pobreza debemos reconocer que esta tiene un origen y se encuentra en el abusivo sistema económico llamado capitalismo, que nos asiste toda la razón al luchar por mejores condiciones de vida porque es luchar por un reparto más equitativo de la riqueza y, para acabar de raíz con los problemas emanados de la miseria, debemos luchar por la construcción de una sociedad verdaderamente humana.

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