Este año trajo consigo una serie de cambios geopolíticos de gran impacto; el mundo fue testigo de que el poder imperialista pesa más, de tal suerte que ahora, más que nunca, se pueden violar el derecho nacional e internacional para satisfacer los intereses de los potentados, en este caso los intereses del imperialismo norteamericano representado por Estados Unidos y su presidente Donald Trump.
El 3 de enero los venezolanos despertaron con la noticia de que su presidente, Nicolás Maduro Moros, y la primera dama, Cilia Flores, habían sido secuestrados por las fuerzas estadounidenses.
Es alarmante cómo surgen comentarios en favor de la intervención para combatir los carteles de la droga o que lo ven como una salvación para los males que tiene el país.
El desarrollo de los hechos se ha encaminado a mostrar que el interés principal de los agresores es apoderarse de los recursos naturales y desestabilizar la nación; desestabilizarla, dado que la nación caribeña venía dando muestras de avance económico en los últimos años.
Tales avances se traducían en lograr que el país tuviese autosuficiencia alimentaria y un crecimiento de su Producto Interno Bruto por encima del crecimiento promedio de este parámetro en Latinoamérica. “Venezuela cerró el 2024 con el crecimiento económico más alto de Latinoamérica” se titula una publicación en el medio RT, el 1 de enero del 2026.
Sigue RT: “El mandatario, refiriéndose a Maduro, detalló ‘que la economía real está creciendo con los 18 motores productivos; logró durante el año superar en más del 9 % el crecimiento del Producto Interno Bruto, y se suma al crecimiento y la democratización del crédito, los emprendimientos, el fortalecimiento del sector industrial, de la producción de alimentos y el desarrollo de la nueva vocación exportadora multidimensional de toda la economía’”.

Además, RT señala que, a raíz del secuestro del mandatario y de su esposa, el discurso del presidente estadounidense dio un giro y se centró en el petróleo que “debe enviar” Venezuela a Estados Unidos, tema que muchos de los expertos en geopolítica ya han analizado detalladamente.
Me ha llamado la atención el comportamiento del pueblo venezolano y la postura de algunos mexicanos. En las plataformas de Instagram, Facebook y TikTok, abundan videos e imágenes en donde los venezolanos piden la liberación de su presidente; además, se identifican con el pueblo valiente que ha resistido durante décadas los embates del imperialismo y que denuncian la intervención yanqui en su patria.
Aunque es difícil saber cuánto tiempo aguantarán estar en las calles y si su lucha rendirá frutos, por ahora están dando muestras de que se mueven cuando sienten las cadenas aproximarse, lo cual indica que son un pueblo despierto.
Eso es justo lo que debe hacer el pueblo de México: debe dejar de pensar que una intervención de Estados Unidos en nuestra patria será para beneficio nuestro; quien crea eso está en un craso error, pues así como Venezuela, nosotros también somos ricos en recursos naturales que necesitan los gringos para detener la caída de su imperio; o sea, necesitan el territorio con sus minerales, con sus recursos forestales, hídricos, su petróleo, sus agricultura, etcétera, pero sin los mexicanos, y es alarmante cómo surgen comentarios en favor de la intervención para “combatir los carteles de la droga” o que lo ven como una salvación para los males que tiene el país.

Es cierto: hay muchas carencias, se han agudizado las necesidades sociales, pero eso no quiere decir que se vayan a resolver estando bajo la bota yanqui. La solución para acabar con los flagelos de la inseguridad, la criminalidad que azota al país, está en que el pueblo trabajador tome el poder para acabar con los males sociales.
Es necesario que los jóvenes y el pueblo en general despierte su amor por su patria para que la defienda de cualquiera que quiera profanarla y, para eso, es indispensable que se sientan identificados con su cultura, con sus costumbres, su gente y sus tradiciones; sentirse identificados como mexicanos podrá contribuir en que se deje de pensar y pedir una intervención extranjera que nada beneficioso traerá.
La historia ha enseñado que no hay país que haya sido intervenido por el imperialismo de Estados Unidos y haya mejorado sus condiciones; lo único que queda es polvo y ruinas.
Por tanto, no es una intervención; la solución está en la lucha nacional por cambiar al orden social que ha permitido que el país se haya hundido en la desigualdad, la pobreza, el desempleo y la criminalidad.
Aún estamos a tiempo de lograr conciencias fuertes que defiendan lo que es suyo y qué mejor sería que todos lo lograran
Sólo queda un camino, y es, como lo ha señalado el Movimiento Antorchista, organizarse y luchar, ahora no sólo por una patria más justa, sino para precisamente defender esa patria que, aunque tiene problemas, es nuestra.
Antorcha también ha señalado que la cultura es un arma poderosa para educar y concientizar al pueblo; usémosla y hagamos, como dice el himno nacional, “Un soldado en cada hijo te dio”.
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