La gran diferencia entre los seres humanos y las demás especies de animales que pueblan el mundo, es que los seres humanos tenemos dos naturalezas: la material y la espiritual. Ambas necesitan ser alimentadas. Acostumbramos alimentar el cuerpo, pero ni siquiera sabemos que el alma también debe alimentarse; con el tiempo, el alma muere y quedamos vivos, pero la existencia pierde su sentido humano, se vuelve monótono y gris. Esta es la vida de los esclavos y es la vida de “libertades” de quienes vivimos en el capitalismo.
En el sistema capitalista, todo tiene precio: la comida, el agua, la vivienda, la educación, la seguridad, la salud, la diversión, la música y cualquier otra disciplina del arte y del deporte; pero al mismo tiempo, el sistema se desentiende de proporcionar trabajo y salario suficiente para que todos puedan disfrutar esos bienes materiales y espirituales.
El tiempo completo se ocupa en ir de un trabajo a otro, y el resultado es que apenas se gana para lo más elemental, pero no alcanza para lo espiritual. Por eso ya ni nos acordamos de comprar y leer un libro, o de ir a una galería de arte, o de ir al cine con la familia o la esposa a ver una buena película, ni nos acordamos de que existe la poesía, hasta hemos olvidado el gusto de entonar una linda canción, de esas que cantaron nuestros abuelos, ni siquiera disfrutamos escuchar una buena orquesta. ¿Y el teatro? Menos, con lo caro que resulta.
¿Qué sucede? Que está muriendo la parte de nuestro ser que nos hace humanos: el alma, porque no hay modo de alimentarla, con ella mueren las esperanzas y los sueños. El resultado es una vida colmada de angustias, de enfermedades físicas que nos matan o nos vuelven inservibles a temprana edad, o enfermedades mentales que conducen al alcoholismo, a la delincuencia, a la desintegración familiar o, incluso, al suicidio.
Ni a los gobiernos municipales, ni a los estatales ni al gobierno federal parece importarles la situación descrita; pero no es por descuido, es simple desinterés en la educación integral y en una vida plena de los mexicanos; incluso, me atrevo a pensar, que es un plan bien meditado para hacer de la parte generadora de la riqueza social, un conjunto de autómatas que sufran sin quejarse, que no piensen y que no se organicen para defender sus derechos. Un mundo, pues, de indiferentes, de gente sin alma o con alma enferma.
Por todo eso, las tareas que el Movimiento Antorchista Nacional (que no es otra cosa que la vanguardia del pueblo) se ha echado a cuestas son diversas y de enorme importancia social. Una de esas tareas es el rescate, la práctica y la difusión de las más diversas manifestaciones artísticas. De eso se trata la Espartaqueada Nacional Cultural.
Este es un trabajo de gigantes, pues se necesita invertir mucho tiempo y dinero (dinero propio, de los mismos antorchistas) en la contratación de profesores de música, de teatro, de baile y danza, de pintura; adecuación de espacios en escuelas, en casas de cultura, en casas de estudiantes, incluso en plazas públicas. Más todavía: para las competencias y demostraciones nacionales, se requiere la existencia de foros adecuados, que den cabida a cientos o miles de espectadores.
Con tremendos esfuerzos, todo lo va construyendo la organización en el país entero. Cierto que la mayor parte con dinero público, pero, ¡ah!, ¡cuánto esfuerzo, cuántas luchas, cuántos viajes y cuántas discusiones con autoridades insensibles!
Además, aunque para la gente ajena a la organización parezca mentira, los ensayos y las presentaciones no tienen ningún costo para los artistas; al contrario, en muchas ocasiones se les ayuda con los trajes, con los instrumentos, la alimentación y el transporte. Todo es por amor al arte, pues, como ya se dijo, el Movimiento Antorchista quiere cultivar el alma del pueblo. Por cierto, la Espartaqueada también es gratuita para el público.
Última reflexión: si estos magníficos eventos los puede realizar Antorcha con su propio esfuerzo, sin contar con ningún tipo de ayuda de los gobiernos (da vergüenza ver a los presidentes municipales negándose a apoyar siquiera con un poco de dinero para el transporte). ¿Cuánto podrá hacer cuando sea gobierno?
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