MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Sufragio femenino, un gran avance en política, pero no la solución

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La conquista de nuestro país a manos de los españoles determinó el rumbo de nuestra historia, nuestros hábitos y costumbres. Un carácter de resignación agudo fue el resultado de 300 años de sometimiento por la fuerza. En un sistema patriarcal, esto se replicó en escala menor, dentro de la familia, donde el hombre por su fuerza y carácter, sometió a la mujer considerándola el sexo débil. Y la lucha de poderes entre el hombre y la mujer ha sido una constante.

Es en este contexto en que la mujer ha ido ganando espacios de responsabilidad dentro de la sociedad, su función ahora no sólo es concebir la vida y procurarla, sino que además se viene sumando en la toma de decisiones en los diferentes ámbitos de la vida pública. Cabe señalar que esto no fue una casualidad, sino una necesidad del propio sistema, que lo que requiere son cada vez más manos y mentes para trabajar, sin importar de donde vengan. 

Así pues, fue en 1947, después de una lucha constante, cuando se decreta la adhesión al Artículo 115, para permitir la participación de la mujer como votantes y como candidatas. El 17 de octubre de 1953, el presidente Ruiz Cortines promulgó las reformas constitucionales necesarias, para que las mexicanas gozaran de la ciudadanía plena. Ese día el Diario Oficial de la Federación, decretó que, a partir de esa fecha, las mexicanas podían votar y ser votadas. Pero,fue hasta el 3 de julio de 1955, cuando las mujeres en México sufragaron por primera vez en una elección federal (https://unamglobal.unam.mx/global_revista/17-de-octubre).

Esto sin duda, significó el reconocimiento a la igualdad en la participación política, y fue un parteaguas en la lucha de las mujeres por sus derechos a participar en la toma de decisiones del país.

En 1979, Colima se convirtió en el primer estado con una mujer como gobernadora, Griselda Álvarez. 43 años después, nueve mujeres han gobernado en distintos estados, y actualmente diez mujeres gobiernan en nuestro país, incluido nuestro Estado de Colima. Después de 70 años del voto femenino, ninguna mujer ha llegado a ser presidenta, sólo seis han participado. 

Actualmente en el Senado hay 50.8 % de mujeres y en la Cámara de Diputados un 48.2 % (http://estadistica.inmujeres.gob.mx/), por lo que se habla de que en México existe la paridad de género. 

Siendo yo del género femenino es un orgullo ver cómo la mujer actual se ha ido abriendo paso; de la esfera privada a la esfera pública, convirtiéndose en un apoyo intelectual importante en la toma de decisiones. Pero creo conveniente precisar que, en política, la disyuntiva no es entre el género masculino o el género femenino, tampoco está entre un partido u otro, aunque así se nos quiera hacer creer.

La verdadera disyuntiva en política es, para quién van a trabajar los que lleguen al poder, a quién van a defender, a quién van a poner al centro de su política, y en esto no importa ni el género ni el partido político al que pertenezcan. 

Por ejemplo, cuando ganó Morena, la Presidencia de la república, un hecho histórico sin precedentes, muchos creyeron que las cosas en nuestro país mejorarían, pero aquí estamos la inmensa mayoría de los 52 millones de mexicanos, padeciendo algún tipo de pobreza, tronándonos los dedos porque no nos alcanza nuestro ingreso económico para cubrir las necesidades básicas de nuestro hogar. Un nuevo partido político en el poder no trajo consigo el cambio que necesitamos.

 Las cosas en Colima no están mejor pese a que por segunda ocasión nos gobierna una mujer; de hecho el gobierno encabezado por Indira tiene una cifra mayor de homicidios dolosos y de desaparecidos.

Otro ejemplo. En nuestro estado, a pesar de ser el primero en donde gobernó una mujer, y hoy, por segunda ocasión nos encabeza una joven del género femenino, las cosas en Colima no están mejor: de hecho el gobierno encabezado por Indira tiene una cifra mayor de homicidios dolosos y de desaparecidos.

Nuestro estado atraviesa por una situación de inseguridad que hasta la fecha no se ha podido controlar, y no se ve una estrategia clara para combatirla. 

Considero que sí debe existir la paridad de género, y que debemos continuar luchando por la justicia, pero no confundirnos: hombres y mujeres no son enemigos, ni disidentes; no es contra los hombres que debemos luchar, ni de ellos de los que nos debemos emancipar, sino de la clase que nos domina, que nos aplasta sin cesar, y que, a través del modelo neoliberal (que lo deja todo en manos del mercado, que todo quiere convertirlo en mercancía) nos subyuga en toda la extensión de la palabra.  No es en géneros en que se divide nuestra sociedad, sino en clases sociales. 

Por eso, si queremos que nos vaya mejor en nuestras vidas, si queremos erradicar los múltiples problemas que acosan a nuestro país, hay que cambiar de clase política en el poder, hay que llevar al poder al pueblo trabajador y a sus representantes, ya sean hombres o mujeres, pero de la clase trabajadora.  Y atacar al sistema neoliberal, luchando contra la pobreza.

No debemos confundirnos con las falsas disyuntivas. Como bien lo dijo Aquiles Córdova Morán en su libro De la esperanza a la decepción: “en México necesitamos a un presidente de la república que no se ponga a desafiar de manera aventurera e irresponsable a los poderes del mundo, incluso a los poderes internos…. Necesitamos un presidente (o presidenta) que sabiendo con precisión sus limitaciones y posibilidades, las aproveche con sabiduría, energía, honradez, inteligencia eficacia y amor a su patria y a su pueblo para dar resultados tangibles”.

Hoy en día podemos decir, por los resultados obtenidos, que López Obrador se equivocó y se equivoca, al afirmar que el origen de todos nuestros males es la corrupción. Pues millones de pesos y además vidas, se han gastado en el combate a la corrupción, pero no se ha erradicado como él prometió.

Justamente porque el origen de los problemas, incluso mundiales, no es la corrupción sino la pobreza, la injusta repartición de las riquezas, y eso es lo que el modelo neoliberal permite, por eso debemos luchar contra él. 

Por eso, en las próximas contiendas electorales, debemos elegir a una presidenta, que para empezar identifique bien el origen del problema, y en segundo lugar sea consecuente con sus principios, que no se deje corromper por el sistema podrido que todo lo echa a perder.

Por otro lado, no debe ser títere de la clase dominante.  Si alguna de las dos mujeres: Claudia Sheinbaum o Xóchilt Gálvez, que se están candidateando para ganar el poder de la nación, cumple con estas características, y además de eso, se hace respaldar por el pueblo, habremos avanzado; pero si no es así, creo que en los seis años próximos nos espera más de lo mismo, y habrán engañado de nuevo al pueblo. Ojalá que no suceda eso. 

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