MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Los pobres, víctimas de la inseguridad

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El pasado 10 de marzo ocurrió un hecho escalofriante que estremeció al país entero. Por los medios de comunicación y redes sociales nos enteramos de que madres buscadoras de Jalisco encontraron, en el municipio de Teuchitlán, un rancho que funcionaba como campo de exterminio donde se entrenaban sicarios.

Había cientos de zapatos, maletas, ropa, restos humanos calcinados, un horno crematorio; despojos de cientos de sufrientes a manos del crimen organizado. Este hecho, que a la inmensa mayoría de los mexicanos nos llenó de rabia e indignación, más no de asombro, en realidad se ha convertido en la norma en casi todo el territorio mexicano. 

Mientras siga existiendo este sistema que empobrece a miles de mexicanos y ahonda la brecha de la desigualdad, se seguirá teniendo el caldo de cultivo perfecto para que la corrupción y el crimen organizado sigan floreciendo.

En todo el país la violencia y los índices delictivos han aumentado; se ha normalizado la inseguridad no sólo por la costumbre de escuchar y enterarse todos los días de un nuevo crimen, cada cual más violento, sino porque lo más grave es que los funcionarios de todos los niveles recurren a esta táctica para obnubilar la conciencia de las familias mexicanas.

A través de discursos que intentan ser tranquilizadores y resultan insensibles para los afectados, aseguran que es “normal”, que no pasa nada nuevo, que así estaban las cosas desde los gobiernos anteriores.

La diputada local de Morena Eva Reyes dijo: “Es natural que haya fosas clandestinas”, asegurando así que su existencia en el estado de Jalisco es algo normal. También, no hace mucho, en Hidalgo oímos al secretario de Gobierno, Guillermo Olivares Reyna, decir que la ola de asesinatos en el estado era solo “una rachita”, un cinismo e insensibilidad que dejan a cualquiera pasmado.

Estos acontecimientos ponen en evidencia la profunda crisis en el sistema de seguridad y la total impunidad con la que operan las organizaciones criminales con la complicidad abierta de los tres niveles de gobierno. Pero lo que más preocupa son las declaraciones de los políticos que dicen representar al pueblo: la presidenta de la república, Claudia Sheinbaum, tratando de minimizar el asunto y echándole la culpa al gobierno municipal y estatal; el presidente del Senado, Fernández Noroña, diciendo que era un montaje y un ataque al gobierno, una campaña de desprestigio.

Dos reflexiones quiero hacer. No nos olvidemos de que quienes ponen la sangre, los muertos en ambos bandos, son los pobres. Miles de jóvenes que no encuentran un trabajo bien pagado y que abandonan sus hogares buscando mejores oportunidades para ayudar a sus familias son las verdaderas víctimas de estos casos, mientras que los verdaderos ganadores del negocio de las drogas son los ricos.

¡El gobierno no es la víctima, es cómplice! Y mientras siga existiendo este sistema que empobrece a miles de mexicanos y ahonda la brecha de la desigualdad, se seguirá teniendo el caldo de cultivo perfecto para que la corrupción y el crimen organizado sigan floreciendo. ¡La culpa es del gobierno, la culpa es del capitalismo!

Y a nadie se le deben olvidar ni debemos pasar por alto las amenazas del presidente Trump contra nuestro país. El presidente estadounidense no se ha cansado de amenazarnos con aranceles, de acusar al gobierno de estar en complicidad con los cárteles, de denominar a estas organizaciones delictivas como “terroristas”, posibilitando con ello e insinuando una invasión armada si el gobierno mexicano sigue sin actuar.

El gobierno de Morena, con su ineptitud y discursos conciliadores que no corresponden con la realidad, nos está poniendo a todos en riesgo de invasión por parte de nuestros vecinos del norte, que impulsan una política criminal.

Así, no debemos permitir que se normalice la violencia en nuestro país ni confiar en que los gobiernos actuales, que no hacen más que encubrir el problema sin atacar su causa fundamental —la pobreza que aqueja a millones de familias mexicanas—, vayan a solucionarlo.

Nuestra tarea fundamental es seguir organizando y concientizando al pueblo pobre para poder formar nuestro partido político y gobernar este país. Mientras no hagamos eso, seguiremos sufriendo las consecuencias de las políticas de este mal gobierno y sus delincuentes.

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