• La entidad obtuvo una calificación de 3.8 puntos a nivel nacional por el deterioro de sus avenidas
A pesar de ser Pachuca uno de los municipios “más beneficiados” con inversión en infraestructura vial por parte del gobierno del estado, sigue siendo un verdadero reto transitar por sus avenidas y calles, pues la inmensa mayoría se encuentran llenas de baches y sus “reparaciones” o bacheo no aguantan la prueba de la primera lluvia ni del tiempo. De acuerdo con la Secretaría de Infraestructura Pública y Desarrollo Urbano Sostenible (Sipdus) “…la capital mantiene el mayor gasto en este rubro, pues reflejó 46 intervenciones viales, por un monto de 739 millones 920 mil 775.4 pesos, lo que representa el 25.79 por ciento de los recursos erogados en todo el estado en el ejercicio fiscal pasado…” (Milenio Hidalgo, 28 de mayo de 2026).
Si queremos que las cosas cambien y se respeten nuestros derechos y se haga buen uso de nuestros impuestos, no queda de otra que exigirlo con la fuerza social de los pueblos.
¿Cómo se ejerce ese gasto, con cuánta pulcritud? No lo sé, lo que podemos asegurar quienes transitamos cotidianamente por las calles de la capital del estado es, mínimamente, que existen cientos de baches y de calles sin pavimentar, que la ciudad y su zona metropolitana a las primeras gotas que nos manda Tláloc se inunda y para muchas familias es una pesadilla y, obviamente, para automovilistas y peatones.
Además, los tiempos de traslado se han duplicado, quizás porque ha aumentado el número de vehículos, pero también, porque, desde mi punto de vista y de algunos conocedores en materia de urbanidad, las obras realizadas están mal hechas en algunos casos y, en otros, mal planificada su ejecución, pues intervienen al mismo tiempo vialidades paralelas importantes, dejando una sola vía en funcionamiento, volviéndose aquello un enloquecedor y desesperante cuello de botella casi a todas horas.

Pero a nivel estatal las cosas andan todavía peor; con sólo conocer el dato que nos proporciona la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del Inegi, sobre la situación en que se encuentran las vialidades en Hidalgo sería suficiente para explicarnos que no han sido prioridad en las administraciones estatales y municipales y que seguimos padeciendo de calles fracturadas, baches por todos lados, pavimentos que fueron un día habilitados y hoy se encuentran hechos trizas, etcétera: “Con 3.8 puntos en una escala de cero a diez, el estado de Hidalgo quedó en último lugar nacional en el rubro de calles y avenidas, ya que ninguna otra entidad recibió una evaluación tan baja, tanto que quedó muy por debajo de la media nacional que fue de 5.1 puntos de calificación. En pocas palabras: si el promedio nacional es una cifra reprobatoria, el estado quedó muy abajo”. (Milenio Hidalgo, 26 de mayo).
Las malas condiciones de las carreteras y de las calles en Hidalgo nos habla de la poca sensibilidad y prioridad que se le da al desarrollo del estado y de sus habitantes. Para cualquier persona es obvio que una entidad o municipio bien conectado permite el tránsito de personas y mercancías con más seguridad y la posibilidad de establecimiento de fuentes de empleo; y por el contrario, con mala o malísima conectividad, además del subdesarrollo, atraso y aislamiento de las comunidades y de su población, trae como consecuencia la inseguridad vial (ahora en Pachuca y en toda la entidad se han multiplicado los accidentes viales y la pérdida de vidas humanas), la pérdida de horas-hombre en los traslados y el deterioro de los vehículos, así como el aumento del gasto de combustible y de la contaminación.

Así lo consigna la propia encuesta antes citada: “La evaluación del Inegi no mide únicamente el estado físico del asfalto sino que también refleja desgaste urbano acumulado y la percepción de abandono en uno de los servicios públicos más visibles para la población.
El deterioro vial aparece además como un problema que atraviesa prácticamente toda la dinámica urbana. Así, impacta transporte público, tiempos de traslado, movilidad laboral, desgaste vehicular y seguridad vial”.
Quienes tenemos la oportunidad o necesidad de recorrer el estado podemos constatar que existen desgajamientos en carreteras principales que tienen años y allí siguen igual, solamente con una cinta amarilla igual de deteriorada que la propia vialidad.
Después de cada temporada de lluvia tenemos nuevos socavones y nuevos funcionarios y nuevas negligencias. Si queremos que las cosas cambien y se respeten nuestros derechos y se haga buen uso de nuestros impuestos, no queda de otra que exigirlo con la fuerza social de los pueblos.
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