• Colapsan puentes provisionales y afectan a 15 mil pobladores pese al presupuesto de 8 mil millones
Pachuca, Hgo. “Sin caminos, sin puentes definitivos, sin una infraestructura de calidad que nos conecte con el resto del estado, la pobreza y la vulnerabilidad seguirán lacerando a nuestras comunidades serranas. No más promesas vacías. No bastan obras temporales que se lleva el río con la primera tormenta; para sacar del rezago a las comunidades serranas se requiere infraestructura de calidad y por tanto, un cambio en las políticas de distribución de gasto social”. Así lo advirtió Jesús Galicia Galicia, dirigente del Movimiento Antorchista en la Sierra Otomí-Tepehua, al hacer un balance de la situación que vive la región ocho meses después de la vaguada monzónica que devastó Hidalgo en octubre de 2025.

La emergencia no ha terminado. Con la reciente tormenta tropical Boris, el puente provisional de Zicatlán —construido tras la tragedia— colapsó nuevamente por el crecimiento del río Pantepec, dejando incomunicadas a más de 25 comunidades de Huehuetla y cuatro de San Bartolo Tutotepec, afectando a aproximadamente 15 mil habitantes.
El comercio, la educación y la salud se han visto severamente interrumpidos; la única vía alterna, la carretera México-Tuxpan, eleva el costo del pasaje hasta mil pesos por persona. En Tenango de Doria y San Bartolo Tutotepec, los derrumbes y deslaves mantienen cerradas carreteras y comunidades aisladas.
Frente a la narrativa oficial que responsabiliza a la geografía montañosa y a los fenómenos climáticos, Galicia Galicia introdujo un argumento respaldado por la ciencia. Citó el estudio "The code of targeted poverty alleviation in China: A geography perspective" (El código del alivio focalizado de la pobreza en China: una perspectiva geográfica), publicado en diciembre de 2021.
El estudio establece que la pobreza es la manifestación externa del desajuste de elementos en los sistemas territoriales humano-ambientales. En otras palabras, la pobreza no es un destino escrito por la topografía. Cuando un territorio montañoso y aislado es pobre, no es sólo porque sus habitantes sean pobres, sino porque el sistema territorial está desarticulado: no hay caminos, no hay puentes, no hay escuelas, no hay hospitales, no hay mercados accesibles. Y esa desarticulación no se resuelve con transferencias monetarias ni con despensas. Se resuelve transformando la relación entre el ser humano, su entorno y la infraestructura productiva. El estudio concluye que el mecanismo del alivio focalizado de la pobreza radica en reconstruir las estructuras humano-ambientales-
“La pobreza de la sierra no es natural, es política. Es el resultado de un sistema que no invierte en caminos, puentes, escuelas y hospitales en las regiones pobres, porque para los gobiernos al servicio de los empresarios, eso no es 'rentable'. En cambio, lo que sí les es rentable es el asistencialismo: despensas, láminas de cartón, depósitos bancarios de unos pocos miles de pesos que desaparecen en una semana. Pero la pobreza no se combate con limosnas, se combate con infraestructura y desarrollo productivo”, denunció el dirigente antorchista.
Los datos oficiales confirman el abandono. Durante la vaguada monzónica de octubre de 2025, Hidalgo registró 28 municipios y 236 localidades que quedaron incomunicadas. Sin embargo, ocho meses después, las comunidades de la Sierra Otomí-Tepehua siguen esperando. El puente provisional de Zicatlán —una solución de emergencia que debía ser reemplazada en semanas— sigue siendo la única conexión, y ya colapsó dos veces. “El gobierno presumió un plan de 8 mil 115 millones de pesos, pero a medio año decenas de comunidades siguen sufriendo la falta de carreteras, caminos y puentes. ¿Casualidad? No. Es la lógica del gasto mínimo, de los anuncios que apagan el incendio mediático sin resolver las causas estructurales”, sentenció Galicia Galicia.
La pobreza no se combate con limosnas, se combate con infraestructura y desarrollo productivo.
La evidencia científica respalda esta postura. El estudio señalado no es un caso aislado. Investigaciones en diversas regiones del mundo han demostrado que el aislamiento geográfico y la falta de infraestructura de transporte son correlatos importantes de la pobreza rural. Por ejemplo, un estudio de 2025 sobre el condado kárstico de Huangping, en el suroeste de China, encontró que el aislamiento geográfico y la privación de capital humano interactúan para mantener trampas de pobreza, y señaló que las intervenciones de política deben abordar simultáneamente las restricciones ecológicas mediante la inversión en infraestructura. Asimismo, una investigación sobre transporte e infraestructura en zonas rurales de China destacó que la construcción de carreteras en áreas pobres ha sido una de las estrategias fundamentales para el alivio de la pobreza en las últimas décadas.
Incluso fuera de China, la relación es clara: un estudio regional sobre Centroamérica identificó que el aislamiento geográfico, causado por una topografía variada y redes de transporte inadecuadas, es un correlato importante de la pobreza en Guatemala, Honduras y Nicaragua. En México, la Sierra Otomí-Tepehua es un caso paradigmático de este fenómeno.
“No es un secreto para nadie: donde no hay caminos, no hay escuelas, no hay hospitales, no hay desarrollo. Pero los gobiernos de este país se hacen los sorprendidos. Nos dicen que la geografía es complicada, que el presupuesto es limitado, que hay que esperar. Y mientras tanto, la gente se muere en la sierra, incomunicada, abandonada, olvidada”, denunció Galicia Galicia.
Para mostrar que otra política es posible, Galicia Galicia contrastó la situación de la sierra hidalguense con el ejemplo de China. “China, un país con una geografía igual o más accidentada que la nuestra, ha logrado construir una red de carreteras rurales sin precedente en la historia. ¿Cómo lo hicieron? Invirtiendo. Y no invirtieron en limosnas, invirtieron en infraestructura”, destacó.
De acuerdo con el ministro de Transporte de China, Liu Wei, la longitud total de las carreteras rurales del país asiático alcanzó los 4.64 millones de kilómetros al final de 2024. Más de 500 mil aldeas administrativas tienen acceso a carreteras pavimentadas, y el 94.8 % de las vías rurales están clasificadas como de calidad buena o media. El desarrollo de carreteras rurales ha facilitado efectivamente el flujo de personas, bienes e información entre las zonas rurales y urbanas, y ha hecho contribuciones significativas para fomentar un entorno rural habitable.
Esta hazaña no fue fruto de la casualidad, sino de una decisión política fundamental: el gobierno chino invirtió 4.3 billones de yuanes (aproximadamente 598 mil millones de dólares) en activos fijos de caminos rurales durante los últimos diez años, bajo un mecanismo de financiamiento basado principalmente en la inversión financiera pública. El mismo estudio de Liu y Yang señala que el éxito de China en el alivio de la pobreza se debe a una estrategia territorial que combina la identificación precisa de las áreas pobres (en función de su geografía y condiciones de infraestructura) con inversiones masivas en carreteras, electricidad, agua y vivienda.
“¿Cuál es la diferencia?”, preguntó Galicia Galicia. “Muy sencilla: en China el gobierno emana del pueblo y trabaja para el pueblo. Por eso entienden que la geografía es un desafío, no una excusa, y que el combate serio a la pobreza exige conectar los territorios, llevar infraestructura, educación y salud. En México, en cambio, los gobiernos emanan de los partidos y trabajan para los empresarios. Por eso aquí seguimos poniendo puentes de palos que se lleva el río con la primera tormenta”.
El dirigente antorchista fue contundente al señalar el origen del problema: “La pobreza de la sierra, el abandono de nuestras comunidades, las vidas que se pierden cada temporada de lluvias, todo esto tiene una causa estructural: un sistema económico que concentra la riqueza en pocas manos y un Estado que administra esa concentración. Las transferencias monetarias —los apoyos, las becas, las despensas— son necesarias para aliviar el hambre inmediata, pero no son suficientes. No construyen caminos. No construyen puentes. No sacan a nadie de la pobreza de manera permanente.

Se requiere un cambio profundo: un gobierno que emane del pueblo, que sirva al pueblo y que priorice la vida de los trabajadores por encima de las ganancias de los empresarios. Eso significa invertir en infraestructura definitiva, de calidad, pensada para durar. Significa reconstruir el puente del río Pantepec en Zicatlán no con tablones y esperanzas, sino con concreto, acero y planeación a largo plazo. Significa pavimentar los caminos serranos, construir muros de contención, llevar conectividad digital y servicios de salud a las comunidades más apartadas”.
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