MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Gobierno federal olvida al campo quintanarroense

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Quintana Roo es un estado joven que fue creado por decreto el 24 de noviembre de 1902 como territorio federal por el entonces presidente Porfirio Díaz. A lo largo de ese mismo siglo había sufrido una serie de transformaciones políticas y territoriales que singularizaron su corta historia. Después de varias vicisitudes, el 8 de octubre de 1974 se le otorga la categoría de estado libre y soberano por una iniciativa presentada al Congreso de la Unión por el entonces presidente de la República, Luis Echeverría Álvarez.

El proceso de poblamiento de esta parte de la península de Yucatán tuvo características especiales, ya que en el Siglo XX gran parte de los habitantes constituía una población flotante, pues los hombres llegaron sólo durante la explotación del chicle (junio a febrero), y como no hallaron condiciones de vida urbana ni otra forma de trabajo, se regresaron a su lugar de origen, o bien, optaron por Campeche o Yucatán, que ofrecía mayores posibilidades de desarrollo. Sólo algunos “chicleros” se quedaron a vivir en la selva.

Fue entonces que el Gobierno federal alentó los movimientos migratorios a través de procesos de colonización como una política de poblamiento y estímulos de desarrollo en Quintana Roo. Otorgó tierras para uso agrícola y explotación de recursos. Estos movimientos posibilitaron la consolidación de poblaciones y la fundación de nuevos centros urbanos con migrantes de Chihuahua, Durango, Zacatecas, Tabasco, Veracruz y de Guatemala, principalmente. Este movimiento quedó consolidado en 1975 con la construcción de un ingenio azucarero en Othón P. Blanco que convertiría a la industria de caña de azúcar en la principal actividad agrícola de la región.

Si bien es cierto que se formaron ejidos y centros de población en la zona rural de Othón P. Blanco, Bacalar, Felipe Carrillo Puerto y José María Morelos, como una forma de aumentar la población en Quintana Roo, lo cierto es que la única zona que recibió un poco más de apoyo del Gobierno federal y local, fue la zona azucarera de la Riviera del río hondo, donde se encuentra el ingenio azucarero, el resto de los productores desde hace muchos años, han quedado en el olvido. 

Desde los años 70, las principales actividades productivas de Quintana Roo se encontraron en una situación crítica. La ambición de los explotadores de este bello territorio fue tanta que, acabaron con gran parte de la selva porque cortaron los árboles de madera preciosa para exportarla y, por otro lado, la reducción de la demanda externa del chicle provocó una baja en su producción. También el rendimiento por hectárea del cultivo de maíz en Quintana Roo, desde hace muchos años es considerado como el más bajo a nivel nacional, de tal forma que, la precaria situación del campo quintanarroense era muy grave.

Hoy día, la situación en el campo no ha cambiado, al contrario, sigue empeorando. Los recortes presupuestales y la desaparición de más de 80 programas destinados al sector agrícola, es clara muestra que el campo quintanarroense no representa prioridad para el presidente Andrés Manuel López Obrador, ni mucho menos para el Gobierno estatal saliente que encabeza Carlos Joaquín González.

Si antes el campo estaba mal, hoy está peor, los campesinos humildes son los que sufren las consecuencias al ya no tener apoyos mínimos del gobierno como por ejemplo: el programa de Peso por peso, apoyo de crédito a la palabra, caminos saca cosecha, empleo temporal, proyectos productivos, Prospera, Procampo, etc.

La industria relativamente fuerte es la cañera, que genera recursos y “beneficia” a familias de la región, pero el resto de los sectores están abandonados. No hay apoyo para la ganadería, la agricultura, la apicultura, mucho menos para las hortalizas, ni para la siembra y cultivo de maíz. 

Si bien es cierto que, la industria del turismo es la que genera, siendo la principal actividad económica en el Estado, las autoridades de los tres niveles, así como la iniciativa privada, por esta razón, se centran en ofrecer un destino “agradable” a los turistas. No se debe despreciar la producción agrícola, a nuestros campesinos y agricultores que también son seres humanos, que necesitan del apoyo gubernamental y que hacen una valiosa aportación con su producción a la alimentación y economía estatal. 

Hoy, que son tiempos de elecciones, todos los candidatos que están en campaña de los diferentes partidos, van y visitan los pueblos y ejidos del Sur, de la zona maya y de la zona Norte y se rasgan las vestiduras diciendo que ahora sí el campo será atendido por su gobierno. Pero históricamente, como ya vimos, no es así, en los tiempos de abundancia del campo quintanarroense, sólo fue explotado y saqueado para luego dejarlo a la deriva. 

La única alternativa que tienen los campesinos, obreros y la clase trabajadora en general, es organizarse y luchar por un país y por un Estado, donde la riqueza generada por todos, principalmente por los trabajadores, se distribuya de manera equitativa. Sólo unidos y organizados vamos a lograr que las autoridades de los tres niveles de gobierno, realmente hagan su trabajo y nos den lo que por derecho nos corresponde. Vale.

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