MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

¿En serio la intervención militar gringa nos dará seguridad y paz?

image

Para poder dimensionar hasta qué punto la influencia ideológica de los Estados Unidos (EE.UU.) está acendrada entre los mexicanos, basta con registrar las manifestaciones de apoyo a la propuesta (amenaza) del presidente Donald Trump para que tropas de su país intervengan en México para eliminar a los carteles de droga. Antes que todo, es lógico poner en cuestionamiento las intenciones del presidente gringo para generarle paz a los mexicanos: ¿realmente entre sus intereses principales está hacerle bien al pueblo mexicano? de ser así, no sería congruente este plan militar con las deportaciones masivas y el discurso de odio vociferado contra los inmigrantes latinoamericanos; pero si incluso así, alguien siguiera creyendo muy cándidamente que la intervención militar nos conviene así sea como un efecto secundario de los intereses de seguridad de nuestro vecino del norte, valdría la pena cuestionar ahora el accionar del ejército de los EE.UU. en los países donde ha intervenido que, dicho sea de paso, han sido muchos y por razones muy alejadas de la paz y democracia para los países ocupados.

El país que más intervenciones, tanto políticas y militares ha emprendido en el mundo, en el último siglo, ha sido los EE.UU.

En efecto, el país que más intervenciones, tanto políticas y militares ha emprendido en el mundo, en el último siglo, ha sido los EE.UU., quien ha mantenido una presencia militar global a través de bases militares en más de 70 países y ha participado en operaciones encubiertas, golpes de estado y apoyo a regímenes aliados en América Latina, África, Asia y Oriente Medio.

Enumeremos sólo algunos de los casos más destacados. Durante la guerra de Vietnam (1955-1975), recordemos la Masacre de My Lai (1968), donde soldados estadounidenses mataron a más de 500 civiles desarmados, incluyendo mujeres, niños y ancianos. Este caso es uno de los más emblemáticos de violaciones a los derechos humanos cometidos por el ejército estadounidense. En este país, los norteamericanos usaron armas químicas, el llamado “agente naranja”, un herbicida tóxico, que causó graves daños ambientales y problemas de salud a la población vietnamita, incluyendo malformaciones congénitas y cáncer.

En la Guerra de Iraq (2003-2011), fotografías rebelaron los abusos en la prisión de Abu Ghraib, en 2004: maltrato, tortura y humillación de prisioneros iraquíes por parte de soldados estadounidenses. Los abusos incluían golpes, desnudez forzada y posiciones estresantes. Además, se estima que cientos de miles de civiles iraquíes murieron como consecuencia directa o indirecta de la invasión y la ocupación, incluyendo víctimas de bombardeos y operaciones militares. Lo mismo ocurrió en su intervención en Afganistán (2001-2021), numerosos informes documentan ataques aéreos que resultaron en la muerte de civiles, incluyendo familias enteras. Un caso notable fue el bombardeo de un hospital de Médicos Sin Fronteras en Kunduz en 2015.

En el contexto de su guerra contra el terrorismo, miles prisioneros fueron trasladados ilegalmente a países donde se practicaba la tortura, en un proceso conocido como "rendición extraordinaria”. Los ataques con drones en países como Pakistán, Yemen y Somalia han resultado en la muerte de civiles, incluyendo niños, y han sido criticados por la falta de transparencia y responsabilidad.

¿Y en América Latina? Estados Unidos respaldó regímenes militares en países como Chile, Argentina y Guatemala, que cometieron graves violaciones a los derechos humanos, incluyendo torturas, desapariciones forzadas y ejecuciones extrajudiciales. En países como Nicaragua y El Salvador, el ejército estadounidense apoyó a grupos paramilitares y fuerzas gubernamentales acusados de crímenes de guerra. Durante la invasión de Panamá, en 1989, se estima que murieron cientos de civiles en bombardeos y operaciones militares.

En Cuba mantienen la prisión de Guantánamo, que ha sido criticada por el trato inhumano a los detenidos, incluyendo tortura, aislamiento prolongado y falta de debido proceso. Muchos de los detenidos fueron capturados sin pruebas concretas y permanecieron encarcelados durante años sin cargos; se han documentado prácticas como el waterboarding (simulacro de ahogamiento), privación del sueño y exposición a temperaturas extremas.

Esta enumeración no es exhaustiva y deja fuera los cientos de operaciones encubiertas e indirectas; apuntemos que lo aquí afirmado es respaldado por organizaciones internacionales como Amnistía Internacional, Human Rights Watch y las Naciones Unidas, quienes han documentado y condenado muchas de estas violaciones. Sin embargo, en la mayoría de los casos, los responsables no han enfrentado consecuencias significativas.

¿Este balance coloca a la nación yanqui como una defensora incuestionable de los derechos humanos en el mundo? ¿Todo este accionar militar generó paz o sólo sirvió para salvaguardar o fomentar sus intereses políticos y económicos? ¿En México nos esperaría una suerte diferente?

Sabemos, por experiencia propia, que en nuestro país existe una impunidad pronunciada; las autoridades están rebasadas para atender muchos delitos y castigar violaciones a los derechos de las personas; ante el posible escenario de una presencia militar norteamericana en las calles de nuestros pueblos y barrios, ¿quién podría ponerle un alto a los posibles abusos y excesos de este ejército extranjero?, ¿transcurrirá nuestra vida de forma tranquila con tanquetas y elementos castrenses en carreteras, caminos aledaños a escuelas, iglesias, hospitales? ¿Qué pasaría si ejecutan ataques militares con abultados daños colaterales civiles o ataques fallidos por error o negligencia

Estos planteamientos no buscan concluir que es mejor dejar las cosas como están, en lo concerniente a la inseguridad emanada por la operación de los carteles. Pero tampoco apoyar las salidas mágicas: adjudicando el papel de héroe al país que ha fincado su poderío mediante el sometimiento, saqueo e intervención militar en varios países del mundo. Tiene razón la presidenta mexicana cuando estepa que el combate al narcotráfico también pasa por la mitigación masiva del consumo de estupefacientes en los EE. UU., pero le falta agregar como factor determinante, el combate a la impunidad, tanto de nuestro vecino del norte como en nuestro propio país; y que dicha impunidad de altísimo impacto supone una colusión estrecha entre los jefes de estas organizaciones criminales con figuras importantes de la política y de personajes de gran poder económico, tanto mexicanos como estadounidenses.

0 Comentarios:

Dejar un Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados *

TRABAJOS ESPECIALES

Ver más