Lo que debería ser una enfermedad prácticamente erradicada gracias a la vacunación hoy vuelve a encender las alarmas en Chihuahua. En poco más de un año, el estado acumula 4 mil 504 casos de sarampión, una cifra que evidencia no sólo un problema epidemiológico, sino también el fracaso de la política federal de salud pública.

De acuerdo con el informe epidemiológico más reciente, los contagios se registraron entre el 1 de enero de 2025 y el 8 de febrero de 2026. La tendencia no se ha detenido: en lo que va de este año ya se han confirmado 21 nuevos casos.

El municipio de Cuauhtémoc encabeza la lista con mil 444 contagios, seguido por la capital, Chihuahua, con 856; Nuevo Casas Grandes con 207; Guachochi con 186 y Ojinaga con 182.
El resto se distribuye en Delicias, Camargo, Juárez, Ahumada y Guerrero, entre otros. Aunque hasta ahora no se reportan muertes en 2026, ya se registró una persona hospitalizada, lo que mantiene latente el riesgo de complicaciones graves.

Especialistas coinciden en que el sarampión es prevenible casi al 100% con esquemas completos de vacunación. Sin embargo, la reaparición de brotes masivos exhibe las grietas de un sistema de salud debilitado por recortes, desabasto de biológicos, fallas logísticas y una estrategia federal que ha priorizado discursos políticos por encima de la prevención.

La Secretaría de Salud insiste en que las vacunas son gratuitas y están disponibles en las unidades médicas, pero en la práctica muchas familias enfrentan falta de dosis, largas esperas o centros sin personal suficiente, lo que retrasa la inmunización o la vuelve inaccesible, especialmente en zonas rurales y marginadas.

Para Julián Soto, líder social y vecino de Cuauhtémoc, el repunte del sarampión es consecuencia directa de decisiones erráticas tomadas desde la Federación. “Desmantelaron programas, desaparecieron el Seguro Popular y prometieron un sistema mejor que el de países europeos, pero la realidad es que hoy faltan medicamentos, médicos y vacunas. Los que pagan el precio son los niños y los adultos mayores”, señaló.
Soto hizo un llamado a los responsables de la política pública a dejar la propaganda y atender la emergencia con seriedad. “La salud no puede tratarse como experimento ni como bandera política. Con la salud no se juega”, enfatizó.
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