Con sus respetables excepciones, casi todos los medios de comunicación existentes en México y en el mundo ostentan ser representantes de la más absoluta independencia económica con respecto al poder del gobierno, por lo que aseguran a sus lectores que manejan la información con libertad y autonomía frente a ese gran poder, el cual todo lo ve y aplasta cuando así lo cree conveniente, pero al que no le tienen miedo con tal de dar información veraz y objetiva.
El caso Teuchitlán ha provocado que cada día se haga más fuerte el rumor de que las campañas electorales de Morena, incluyendo las de López Obrador y Claudia Sheinbaum, fueron patrocinadas por organizaciones delincuenciales a las que conocemos como “narco”.
Sí, invariablemente, todos los medios dicen lo mismo; pero, lamentablemente, no todos son congruentes con ello y, por la necesidad que tienen de sobrevivir, sobre todo los medios impresos, pues para publicar un día sí y otro también deben pagar reporteros, materias primas, máquinas, repartidores, etcétera, venden espacios en sus medios de comunicación.
Los medios digitales tienen la gran ventaja de propagar la información casi en el momento en que los acontecimientos de interés público están sucediendo, pero para que salgan a la luz tal como quieren los protagonistas, generalmente grupos de poder y de gobierno, estos también deben pagar, no solo para ocupar espacios en las redes sociales y las novísimas plataformas, sino para que sean publicados tal y como a sus intereses conviene.
Sin importar que se distorsione la información a fin de que no lastimen su imagen e intereses, también tienen que invertir grandes cantidades de dinero para que esos nuevos medios de comunicación y los tradicionales (impresos, digitales, radio y televisión) aborden el asunto como a ellos les conviene.
Para que esas publicaciones tergiversadas conecten con los consumidores de noticias y, por supuesto, tengan éxito, los medios de comunicación saben que hay una serie de técnicas y estrategias que les ayudan a lograrlo y, como se dice en redes sociales, a “hacer viral” el acontecimiento, pero con el matiz comunicacional que a ellos les conviene.
Entre ellas se encuentra la “estrategia de la distracción” de los acontecimientos; esta es la estrategia más usada por medios de comunicación, que son los transmisores de los mensajes que construyen la conciencia colectiva porque: “El propósito de los medios masivos… no es tanto informar y reportar lo que sucede, sino más bien dar forma a la opinión pública de acuerdo con las agendas del poder corporativo dominante” (Noam Chomsky, lingüista y filósofo), quien siempre estuvo en contra de la manipulación mediática porque aseguraba que esta “destruye los cerebros”.
Como ejemplo de la estrategia de distracción, tenemos el reciente caso del campo de exterminio denunciado el pasado miércoles cinco de marzo por el Colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco, ubicado en el rancho Izaguirre, localizado en Teuchitlán, Jalisco, presuntamente usado por el Cártel Jalisco Nueva Generación como centro de adiestramiento, confinamiento y exterminio de cuerpos.
Desde entonces han circulado por los medios de comunicación fotografías de las prendas de vestir, calzado, mochilas y distintos objetos personales pertenecientes a las víctimas. No obstante el impacto que han causado a escala mundial, la respuesta gubernamental, tanto federal como estatal y municipal, ha sido tardía.
Es más, para no llegar al fondo del asunto, el gobierno federal utilizó la estrategia de distracción al permitir la entrada al rancho Izaguirre, donde presuntamente se ubicaba el campo de exterminio, a los colectivos de madres buscadoras de hijos desaparecidos y a periodistas, pero todos ellos lo único que vieron fueron terrenos limpios, pues las autoridades ya se habían encargado, igual que vemos en las películas de Hollywood, de limpiar el área a fin de que nadie encontrara ninguna pista, ningún indicio de los horrores que ahí vivieron cientos o miles de mexicanos, no sabemos si retenidos en contra de su voluntad o voluntariamente.
¿Por qué hizo eso el gobierno? ¿A quién o a quiénes protegen los gobiernos federal, estatal y municipal? La presidenta Sheinbaum exigió a los reporteros que dijeran lo que habían visto en el rancho Izaguirre cuando los dejaron entrar, pero ¿qué otra cosa podrán decir si no que el tal rancho ya estaba “limpio”?
Ahorita todo se resume a especulaciones que tienen el objetivo de distraer no sólo a las buscadoras y periodistas, sino a todo mexicano interesado, para que nadie dé con los culpables de las atrocidades que sucedieron en ese campo de exterminio. Lo que equivale a decir que los gobiernos de todos los niveles los están protegiendo.
El caso del campo de exterminio de Teuchitlán, Jalisco, ha provocado que cada día se haga más fuerte el rumor de que las campañas electorales de Morena, incluyendo las de López Obrador y Claudia Sheinbaum, fueron patrocinadas por organizaciones delincuenciales a las que conocemos como “narco”.
Si a muchos mexicanos bien nacidos les surgen esos pensamientos, el de que las campañas morenistas fueron patrocinadas por el narco y que la “limpieza” del rancho Izaguirre es una estrategia de distracción para que nadie llegue a los verdaderos culpables, ¿no creen que esos pensamientos también llegan a las mentes de directores y reporteros de los medios de comunicación? ¡Claro que sí!
Nada más que tienen que seguir el juego de la distracción: dar cobertura al “rancho limpio” y ofrecer testimonios de inconformidad de madres buscadoras de sus hijos desaparecidos porque así se los impone el juego del poder y la distracción mediática.
Aunque Chomsky siempre estuvo en contra de que los medios de comunicación utilizaran las diez estrategias de manipulación mediática que en 2002 sistematizó y publicó el francés Sylvain Timsit, prácticamente no pudo hacer nada más que la denuncia, porque no tenía un grupo de comunicadores fuerte y organizado que hiciera conciencia al gran público lector de esas nefastas estrategias, entre las que también se encuentran: crear problemas para luego ofrecer soluciones; la gradualidad, que consiste en presentar un problema a cuentagotas, incluso por años, para que al final la gente acepte medidas gubernamentales que evidentemente perjudican a la mayoría, como el del precio de la gasolina; el diferir con una medida gubernamental, que dicen es “dolorosa pero necesaria” (¡recordemos a AMLO!), y utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión.
Chomsky no pudo más que denunciar en libros y conferencias esas estrategias porque, repito, decía que “destruían los cerebros”, pero si él y sus seguidores no lo han podido hacer, la revista Buzos de la Noticia sí está tratando de hacerlo desde hace 25 años, pues lo que ahí publican no está ligado a ningún grupo de poder político ni económico y, por tanto, durante 25 años se han mantenido independientes, libres y autónomos.
Suscribo lo que un compañero periodista escribió recientemente:
“La revista Buzos vio la luz en el año 2000 en el estado de Puebla a iniciativa de un grupo de recién egresados de varias universidades, con la inquietud de ejercer un periodismo ciudadano, sin ataduras económicas al poder económico y político. A partir de 2003, el semanario pasó a ser un medio nacional y desde esa fecha no ha dejado de informar a los mexicanos. El principal logro de este medio se concreta cuando cada suscriptor y lector tiene en sus manos la revista”.
Desde estas páginas felicito al director de Buzos de la Noticia, Pedro Zapata Baqueiro, y a todo su grupo de colaboradores por haber llegado a los 25 años siendo independientes, libres y autónomos, lo que es muy importante para que sigan ofreciendo información y análisis imparciales, equitativos y siempre al servicio de las mayorías.
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