• Más de 200 conflictos territoriales persisten entre comunidades de Oaxaca desde el siglo pasado
Dicen los que apenas conocen Oaxaca y sus habitantes que les resulta complicado comprenderlos. Tienen razón, nada se comprende en toda su amplitud a simple vista; para ello se requiere profundizar el conocimiento en la esencia del fenómeno social.
Siguiendo esta lógica, descubriremos que lo que geográficamente es una unidad, en realidad no lo es, pues Oaxaca está constituido por dieciséis grupos étnicos, incluido el mestizo.
Nadie nos puede decir que renunciemos a lo que somos, a nuestras raíces, a nuestra cosmovisión, pero es necesario unirnos para reorganizar la sociedad en una más justa, que no nos tenga en los últimos lugares de desarrollo.
Cada grupo está delimitado territorialmente, no conforme a la geografía oficial; tiene su propia lengua, gastronomía y cosmovisión y, las dos más importantes por su influencia, zapoteco y mixteco, datan de hace más de 2 mil 500 años, según el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
Como toda sociedad, los ciclos históricos en los que se movieron estas civilizaciones fueron de auge y declive; sin embargo, aun después de la conquista española y de los otros grandes acontecimientos violentos que sufrió el país, conservan sus territorios, sus lenguas, costumbres y tradiciones en diferentes grados.
A mediados del siglo XX, la regionalización de Oaxaca por el Estado mexicano, entre los años 1940 y 1970, como herramienta para diseñar “políticas públicas diferenciadas”, no respetó la estructura de las etnias y, por otro lado, los gobernantes desarrollaron una política de confrontación entre los pueblos.
Como consecuencia, hasta nuestros días, somos uno de los estados con más conflictos por límites territoriales: más de 200 (agosto, 2025; Oaxaca Hoy).
Estas acciones no contribuyeron a la unidad del estado. No obstante, la antigüedad de los pueblos les enseñó a convivir, por ejemplo, a través del arte: de sus bailes folclóricos, sus danzas, música, etcétera, convirtiendo a la entidad en una gama cultural envidiable que se aprecia en la fiesta de la Guelaguetza y, como dijo el ingeniero Aquiles Córdova Morán, “la esencia de la vida de los pueblos queda reflejada en el arte”; a través de este se puede identificar a los pueblos. Por eso, en esta fiesta cultural se puede apreciar y formar una idea sobre el alma de los pueblos a los cuales me refiero.

Pero, con toda esta riqueza cultural, Oaxaca junto con Chiapas y Guerrero sigue siendo uno de los estados más pobres del país y con más rezago educativo, alcanzando un promedio de apenas segundo año de secundaria, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
Como consecuencia de esta precariedad material y espiritual, los pueblos y grupos sociales se manifiestan exigiendo apoyo para sus comunidades, siendo nuestra entidad la que más movilizaciones presenta en el país.
Hasta ahora, las movilizaciones han sido espontáneas y en su mayoría de manera aislada por cada pueblo o grupo. Así han logrado resolver algunos problemas, pero al año siguiente surgen otros y otros.
Aunque es el gobierno el que se distingue claramente como responsable de estos males, es necesario profundizar en las causas de su actuar: ¿por qué no resuelve como prometen sus políticos en campaña? ¿Por qué no hace justicia social?
¿Por qué el gobierno no es neutral ante los conflictos de las comunidades? Esto no es así, ya que el Estado está al servicio de los poderosos de Oaxaca y del país; primero tiene que resolverles los asuntos y problemas a los ricos y después, medio atender las necesidades de los trabajadores.
El aparato de gobierno representa, pues, a las clases pudientes de la sociedad. Esta forma en que está organizada la sociedad económicamente es lo que se llama sistema capitalista de producción, un fenómeno de alcance mundial cuya transformación implica procesos estructurales a nivel nacional.

Es un problema complejo que no puede abordarse mediante manifestaciones aisladas. Oaxaca forma parte de un todo mayor: el país. Somos un eslabón de la cadena nacional y mundial, organizados bajo este sistema; sin embargo, existen ejemplos de países que no han erradicado el capitalismo, pero sí han disminuido la desigualdad que produce, actuando de manera nacional.
Por lo tanto, aquí se aplica el dicho popular que dice que del tamaño del sapo tiene que ser la pedrada; se requiere una organización nacional de los pueblos. Si seguimos cada quien por su lado, divididos y limitados al ámbito estatal, no resolveremos de fondo nuestras carencias.
Finalmente, he oído opiniones resaltando y enalteciendo la cultura y cualidades particulares de cada pueblo, soslayando su pobreza, infundiendo un orgullo exagerado; impidiendo con ello la unidad estatal y nacional.
Nadie nos puede decir que renunciemos a lo que somos, a nuestras raíces, a nuestra cosmovisión, pero es necesario unirnos para reorganizar la sociedad en una más justa, que no nos tenga en los últimos lugares de desarrollo.
Pienso también que no podemos oponernos del todo al desarrollo de la sociedad capitalista mexicana; en este sentido, los estados del norte del país van al frente de nuestra ruta, Oaxaca no seguirá un camino completamente diferente.
Sabiendo hacia dónde nos dirigen las leyes de la evolución de la sociedad, debemos organizarnos para planear una sociedad poderosa económicamente, pero con menos desigualdades que ahora.
No hay opción: bajo este modelo actual no hay salida para los trabajadores. El gobierno cada día tiene menos recursos económicos para atender los problemas de los pueblos; a su vez, estos se incrementan y se agravan, como la violencia, que tiene sumida en el miedo a la población.
El camino es la organización nacional con un plan de desarrollo claro, en donde participen todos los pueblos de Oaxaca y del país, aceptando nuestras diferencias, pero decididos a erradicar la causa profunda que tiene en la miseria a nuestra patria.
0 Comentarios:
Dejar un Comentario