Pese a encontrarse en el segundo año de su mandato, apenas uno de cada tres hidalguenses aprueban la gestión del gobernador Omar Fayad Meneses, informó la Revista 32, según el estudio de opinión de la consultadora Arias Consultores. Todos los rubros de confianza cayeron durante el último año a razón del 26%. De continuar con dicho comportamiento, apenas el 13% de los hidalguenses aprobará su gestión cuando deje el mando, proyectándose como el gobernador con el mayor rechazo tras su salida. A pesar de ser uno de los mandatarios que mayor recurso público destina a la publicidad oficial, éste no ha sido suficiente para comprar la aprobación de la población, pues el desplome de su preferencia se presenta en rubros como: Confianza en el gobernador, Confianza en inversión de los empresarios (considerando la millonaria inversión en el sector privado), Apoyo a personas de escasos recursos, Obra Pública y Turismo.
Ni los casi 55 millones ($54, 947,692) destinados a la Servicios de Comunicación Social y Publicidad, etiquetados en Presupuesto de Egresos del Estado de Hidalgo 2018, han sido, como se evidencia en los datos sobre la encuesta, suficientes para mejorar la opinión de la población hidalguense sobre el mandatario estatal. ¿Será porque la gente no ha encontrado en la gestión estatal el desarrollo que demandan las colonias y comunidades más pobres?
El hidalguense Omar Fayad Meneses, que obsesionado por la aceptación social, ha tenido que pagar para obtenerla, aunque ésta sea ilusoria. El estado de Hidalgo es de las entidades con mayor partida presupuestal destinada a Servicios de Comunicación Social y Publicidad, tan sólo en el ejercicio fiscal de este año, el presupuesto contempla 55 millones de pesos. La cifra es pública en la página de internet http://s-finanzas.hidalgo.gob.mx/?p=4706. Si dividimos la cantidad entre el año en que se empleará, resulta que diariamente se destinan $150, 541 pesos sólo en Comunicación Social y Publicidad, un derroche si se compara con lo que se destinó para este año a la Dirección General de Atención a Indígenas, que apenas supera los 230 mil pesos.

El sólo monto del presupuesto ($54, 947,692), si bien es cierto que resulta insuficiente para erradicar la pobreza, en una entidad posicionada en el séptimo sitio de entre los estados más pobres; en donde tres cuartas partes de su población la padece, ejercer ese recurso sí implicaría una inversión inicial para tratar de combatirla. Es evidente que el recurso que el Gobierno del estado de Hidalgo destina a "impresiones y publicaciones oficiales" no alcanzaría para eliminar la pobreza que viven los hidalguenses, pero sí son suficientes para empezar a introducir sistemas de agua potable, de drenaje y electrificaciones; o lo que se gastan en "servicios de creatividad, preproducción y producción de publicidad", no eliminarán la miseria de los campesinos de la región Huasteca o la de los indígenas de la zona Otomí–Tepehua, pero sí podrían invertirse para dotarles de proyectos productivos, o de acciones para el mejoramiento a la vivienda. Tampoco los miles de pesos reservados para la "difusión por radio, televisión y otros medios de mensajes comerciales para promover la venta de bienes o servicios" serían suficientes para comprar un futuro certero para miles de jóvenes hidalguenses, pero sí lo serían para garantizarles becas, escuelas, computadoras, unidades deportivas... Y así pudiera seguir la lista.
Lo anterior no es más que el reflejo de lo que siempre se ha dicho, los gobernantes no invierten en el desarrollo de su pueblo, no porque no tengan recursos, sino porque no tienen la voluntad de acercarles el progreso. Si la clase gobernante cumpliera con su trabajo, si dejara de simular que cumple y de verdad cumpliera, millones de pesos en recursos se traducirían en obras y servicios para los pobres. ¿No?
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