MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

No al desalojo e intimidación de estudiantes humildes

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Dentro de una sana convivencia democrática, quienes llegan al poder municipal, legislativo o ejecutivo, han de saber que, al aceptar sus cargos, la tarea principal que tienen es la de servir a los demás ciudadanos, tomados en conjunto como comunidad social y política. En otras palabras, los funcionarios públicos no son ni más ni menos que servidores del pueblo, y no, como suele ocurrir en la práctica, que el pueblo está al servicio y beneficio de los políticos. Aceptar esto último, o cerrar los ojos frente al abuso de poder de los gobernantes, constituye la primera semilla de la temida corrupción política.

Espíritu de la ley. Montesquieu, eminente pensador político del siglo XVIII, en su obra El espíritu de las leyes , nos ha dejado estas sabias reflexiones: "Los políticos griegos, que vivieron bajo el gobierno popular, reconocían la virtud política como única fuerza para mantenerlo... por eso antaño los bienes particulares constituían el tesoro público en tanto que hoy el tesoro público se ha convertido en patrimonio particular y la república es tan solo un despojo, porque su fuerza queda reducida al poder de unos cuantos ciudadanos...".

El artículo 39 de nuestra Constitución se puede leer: "La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno".

La soberanía recae en los ciudadanos, la máxima autoridad de un país es el pueblo. Si no es así, entonces no estamos hablando de una democracia. La autoridad de los gobernantes es siempre transitoria. No hay un jefe máximo en un país democrático, ni nadie con el suficiente poder como para, por sí mismo, cambiar la Constitución del Estado. El presidente no es ni puede ser un jefe supremo, tampoco los presidentes municipales y mucho menos los cuerpos armados.

Pues bien, todo esto parece no entenderlo muchos políticos que hoy ostentan el poder, desde la presidencia de la República, hasta los presidentes municipales. En ocasiones, los excesos o abusos que cometen, no se explican por simple malicia, sino que suelen ser por pura y llana ignorancia, lo que puede resultar mucho más peligroso.

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Es el caso del ayuntamiento morenista de Othón P. Blanco del bello estado de Quintana Roo, que encabeza Otoniel Segovia Martínez, quien, lejos de cumplir el mandato que se le ha conferido como autoridad municipal y, buscar la mejoría del municipio a través de gestiones de nuevas obras y servicios, solo busca perjudicar al pueblo, sobre todo, a la gente más humilde.

Digo esto porque, desde hace 8 meses, que inició la administración de este ayuntamiento –que dicho sea de paso ha tenido hasta hoy 3 presidentes municipales– los dos últimos presidentes municipales han mostrado su ferocidad con la gente humilde y trabajadora. Tanto José Luis Murrieta Bautista como Otoniel Segovia Martínez (que por cierto están emparentados, yerno y suegro respectivamente), son miembros de la cuarta transformación, cuyo lema es lema "por el bien de todos, primero los pobres".

Esta administración ha arremetido contra los vendedores ambulantes incrementándole un 53% (80 pesos) el concepto de cobro de derechos por ambulantaje en vía pública, que pasa de 150 a 230 pesos mensuales, perjudicando a estas familias en sus ingresos y por lo tanto, en sus precarias condiciones de vida. También, arremete contra jóvenes limpiaparabrisas, malabaristas y franeleros que laboran en cruces principales de la capital del estado, quienes se ganan la vida a diario bajo el riesgo del tráfico vehicular y los intensos rayos del sol.

Sin embargo el atropello más grande es el acoso hacia los humildes estudiantes moradores del albergue estudiantil "Felipe Carrillo Puerto A.C" a quienes mediante actos intimidatorios e injustos, pretende despojarlos del edificio en el que viven. Hay que aclarar que este albergue se construyó en la administración pasada con recursos federales, proveniente del Presupuesto de Egreso de la Federación (PEF) ramo 23, del Fondo Fortalecimiento Financiero (FORTAFIN). Ante la petición de estudiantes pobres del estado, los recursos económicos fueron gestionados en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) por el entonces diputado federal antorchista, Juan Manuel Celis Aguirre, y fueron etiquetados ex profeso para el Albergue Cultural.

Hay documentos que demuestran que el recurso se entregó a la Secretaría de Finanzas y Planeación del estado y ésta a su vez, al municipio, mediante el oficio SEFIPLAN-DPP-CEE-0124 de fecha 7 de diciembre de 2016. Dicho edificio, debe ser utilizado para el objeto que fue proyectado, es decir, para albergue de estudiantes de escasos recursos económicos de diferentes grados escolares y que, en su tiempo libre, se les enseñe actividades culturales y deportivas, como reza en el proyecto ejecutivo. Pero ahora resulta que el ayuntamiento de Othón lo quiere convertir en oficinas administrativas.

Si el Señor Presidente Otoniel Segovia Martínez, quiere tener más infraestructura para sus oficinas, que las busque por otro lado, que se ponga a gestionar con el gobierno estatal, federal o con los diputados federales, que por cierto, Morena tiene muchos en el Congreso de la Unión. Otoniel Segovia Martínez tiene que demostrarle al pueblo que Morena sabe gobernar y que es eficiente, que no habrá un hueco para tapar otro.

En mi calidad de dirigente estatal del Movimiento Antorchista de Quintana Roo, hago extenso el apoyo de nuestra organización, a través de su ala magisterial, a los jóvenes estudiantes del albergue estudiantil "Felipe Carrillo Puerto". Estoy seguro que también tendrán la solidaridad de todos los antorchistas del país y de otras organizaciones. Lo que pretenden hacer con estos jóvenes humildes, que solo buscan prepararse y salir adelante, es un atropello, es un abuso de autoridad que solo se le puede ocurrir a gente sin escrúpulos y sin tacto político.

Adelante jóvenes, sigan estudiando, sigan preparándose académicamente, sigan cantando, bailando y declamando; luchen por su derecho a la educación y a tener una vida digna, el pueblo pobre y organizado les protegerá.

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