En el documento denominado “Estrategia de Seguridad Nacional” publicado por el gobierno de Estados Unidos (EE. UU.) el pasado mes de diciembre, se precisaron los planes del nuevo gobierno que encabeza Donald Trump en diferentes asuntos de política nacional e internacional. En el caso de la llegada e instalación de trabajadores extranjeros que ya tiene muchos años se publicó lo siguiente: “Queremos un mundo en el que la migración no sea simplemente ‘ordenada’, sino uno en el que los países soberanos colaboren para detener, en lugar de facilitar, los flujos de población desestabilizadores, y tengan un control total sobre a quién admiten y a quién no… la migración masiva ha agotado los recursos nacionales, aumentado la violencia y otros delitos, debilitado la cohesión social, distorsionado los mercados laborales y socavado la seguridad nacional. La era de la migración masiva debe terminar”.
La primera colonia permanente de ingleses llegados al territorio de lo que después sería EE. UU. se estableció en Jamestown, Virginia, entonces parte de las tierras que ocupaba una confederación india encabezada por un jefe que ha pasado a la historia con el nombre de Powhatan. El tiempo que convivieron en relativa paz esas comunidades fue breve. Pronto comenzaron los intentos de los colonos ingleses recién llegados por expulsar de sus tierras a los habitantes originales y, si se resistían, los mataban.
No obstante, los colonos ingleses necesitaban mano de obra. Toda sociedad dividida en clases sólo existe y sobrevive si hay una parte, la mayoritaria, que produce la riqueza y otra, la minoritaria, que se la apropia. Los ingleses recién llegados tuvieron graves dificultades para someter a los grupos nativos y más todavía para ponerlos a trabajar para ellos, por lo que, en el año de 1619, con la llegada de una veintena de esclavos africanos provenientes, según parece, de la región de Angola, dio inicio un periodo de atroz acumulación originaria con base en el robo de recursos naturales y el trabajo esclavo de seres humanos.
Fue hasta el 18 de diciembre de 1865 cuando el Secretario de Estado, William H. Seward, certificó oficialmente que la Decimotercera Enmienda había sido ratificada y era, por tanto, parte de la Constitución de los Estados Unidos la abolición de la esclavitud, aunque es conocido que la discriminación con el pretexto del color de la piel sigue viva en EE. UU. y es la base sobre la que se levanta una parte sustancial de la explotación de mano de obra dócil y barata.
Luego, entre otros más, seguirían los mexicanos. Muchos miles se quedaron a vivir al otro lado de la frontera después del despojo de inmensos territorios por la invasión norteamericana de 1846 a 1848 y, luego, en las décadas de 1870 y 1880, los patrones norteamericanos necesitaron masas de trabajadores mexicanos para las minas, la agricultura y las vías del tren que son, estas últimas, un síntoma inequívoco del desarrollo del mercado y, por tanto, de la economía capitalista.
En 1900 ya había unos 100 mil mexicanos viviendo en EE. UU. y la creciente demanda de mano de obra durante la Primera Guerra Mundial, un fabuloso negocio para los capitalistas de Europa y de EE. UU., elevó el flujo migratorio mexicano. Ya para 1930, la población de origen mexicano en EE. UU., superaba el millón y medio de personas. Aunque, entre los años de 1929 y 1936, como consecuencia de la Gran Depresión que afectó principalmente a EE. UU., se operaron duras repatriaciones masivas de trabajadores mexicanos y casi un millón de ellos fueron arrojados de la Unión Americana.
La Segunda Guerra Mundial y sus muy favorables consecuencias para los negocios de los capitalistas norteamericanos volvieron a elevar significativamente la demanda de fuerza de trabajo. Por medio de acuerdos entre los dos países se posibilitó, legal e ilegalmente, la entrada de hasta cinco millones de trabajadores. Cabe precisar que la entrada aparentemente furtiva, porque las personas que se internaban eran perfectamente visibles y localizables, de trabajadores mexicanos no era más que una fachada para administrar las fluctuantes necesidades de fuerza de trabajo.
Queda, pues, claro, que los flujos de trabajadores mexicanos, legales o ilegales, se explican por las necesidades del capital. Nada tienen, ni nunca han tenido, nada de consideradas y humanistas. Éste es, evidentemente, el caso de la presente campaña de deportaciones de indocumentados que ahora, además de los mexicanos, incluye a otros latinoamericanos y africanos. Aunque las opiniones pueden variar, pues los sucesos son relativamente recientes, EE. UU. ha entrado en la fase degenerativa o terminal de su capitalismo, lo cual no significa, de ninguna manera, que su fin sea inminente, pueden suceder todavía muchos y muy graves acontecimientos antes de su sustitución por otro modo de producción más justo y humano.
Esta fase tiene su causa en la forma ineludible de producir y obtener ganancias. El capitalista debe obligadamente vender las mercancías que produce, transformarlas en dinero, el equivalente universal, para separar y hacer suya la ganancia generada durante el proceso de producción. Sólo que, tomando en cuenta que muy raramente es el único productor de la mercancía en cuestión y existen otros que la producen y pugnan por ocupar un lugar en el mercado, así como el hecho de que los consumidores disponen de un ingreso real cada vez más limitado, no le queda otro camino que enfrentarlos haciendo más atractivo el precio de su mercancía y, para ello, debe disminuir constantemente su valor.
Esto le obliga a una mayor utilización de tecnologías intensivas y, consecuentemente, a una menor utilización de fuerza de trabajo, hecho ineludible que le va haciendo cada vez más difícil extraer la ganancia. Tendencia decreciente de la tasa media de ganancia, le llaman los teóricos y, mientras el propósito de la producción siga siendo la obtención de la máxima ganancia, nunca se descubrirá una forma de zafarse de ella.
“Menor utilización de fuerza de trabajo”, se acaba de decir. Y sí, es una realidad incuestionable. “Los anuncios de despidos en EE. UU. registraron la cifra más alta desde 2020, con un total de 1.17 millones de recortes en lo que va del año, tras un noviembre que sumó más de 70 mil bajas, según un informe de la consultora especializada en empleo Challenger, Gray & Christmas” (El Universal, cuatro de diciembre de 2025). La población sobrante o inútil (inútil en la concepción de los capitalistas porque no genera ganancia) está aumentando enormemente en EE. UU. y quedan incluidos en ello los trabajadores mexicanos: “En el marco del Día Internacional del Migrante, la Secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, informó que del 20 de enero al 17 de diciembre de este año… se han registrado 145 mil 537 repatriaciones de mexicanas y mexicanos desde Estados Unidos, quienes han sido atendidos a través del programa “México te Abraza” (El Universal, 18 de diciembre).
Creo que queda explicada la raíz económica del fenómeno en un mundo sometido a la explotación de la fuerza de trabajo. Pero todavía no lo que hace nuestro gobierno para ya no se diga, impedirla, sino solamente atenuarla. Indigna lo que anuncia y presume el Programa “México te Abraza” (no es guasa): “Se habilitaron 10 centros de atención en la frontera norte con capacidad para alojar simultáneamente hasta 25 mil personas; participan 34 dependencias del Gobierno Federal en coordinación con gobiernos estatales y municipales, así como con el sector privado; hasta junio de 2025, se brindaron 236 mil servicios y apoyos integrales a más de 24 mil personas repatriadas y se dispuso de autobuses (289 en total) para facilitar el traslado de los connacionales desde la frontera a sus lugares de origen”. Y ya.
Sólo con respecto al total de “repatriaciones” que reconoce la Secretaria de Gobernación, el apoyo es insignificante. Porque se trata de padres de familia o familias enteras que llegan (y van a seguir llegando) sin nada y que les urge una vivienda digna, servicio médico integral, escuela para los hijos y, sobre todo, un empleo digno con salario remunerativo. Ante tamaños apremios, la ayuda que se presume, más parece una burla. Nada se alista para nuestros hermanos que se están hundiendo en una desgracia en curso mientras el gobierno de la 4T gasta a toda prisa una fortuna para respaldar a los poderosos empresarios que organizan el Campeonato Mundial de Futbol. Organízate y Defiéndete.
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