Es cierto que la crisis económica que se vive en México no es nueva; la crisis del empleo, como parte de esta, tampoco. A pesar de que las cifras de desempleados que da el gobierno parecen siempre bajas, de menos del cinco por ciento de la población en edad de trabajar, se ha demostrado, por muchos estudiosos del tema, que la clave para presentar al público una tasa de desempleo baja no es la aplicación de medidas económicas generadoras de empleo, sino el maquillaje oficial que las oficinas que miden este tipo de indicadores hacen de las cifras.

Uno de los datos que más claramente habla de la cantidad de gente que no tiene un buen empleo sino uno pobre y mal pagado es el del empleo informal; actualmente en México hay 32.9 millones de trabajadores informales, que son los que no tienen acceso a seguridad social ni a las prestaciones de ley y representa la mayoría de la población en edad de trabajar.
En los últimos meses se agudiza esta tendencia: los empleos que se pierden son más que los que se generan. Cada vez más, la gente que encuentra un empleo para ganarse la vida, lo consigue de mala calidad, sin prestaciones ni contrato que le garantice ingresos durante un período; alcanza un empleo informal, pues. No se están generando empleos formales; antes bien, se están perdiendo, y los pocos trabajos nuevos que hubo, fueron informales. Según datos del INEGI, de enero a marzo de 2026 en el país hubo una pérdida neta de empleos de 227 mil 155 (excelsior.com.mx, 27 de abril de 2026). ¿Estos datos reflejan que de la gente que queda desempleada alguna se pone a vender cualquier cosa en las calles para tener qué comer?
Los problemas del pueblo seguirán agravándose mientras no exista un proyecto de nación que priorice la generación de empleos dignos y la mejora de las condiciones de vida de las grandes mayorías.
En Sinaloa estos fenómenos nacionales también están presentes, solo que agravados por la crisis de violencia desbordada que hoy se vive: desde el año 2023 un total de 4 mil 527 empresas formales han bajado la cortina; tan solo en el último año, 934 empresas registradas ante el IMSS dejaron de funcionar en Culiacán (revistaespejo.com, 4 de mayo de 2026). Esto acarrea una gran pérdida de empleos formales. Alguna de esta gente se está yendo al sector informal, a ganarse la vida en la calle vendiendo lo que puede ante el empobrecimiento que está sufriendo. ¿Y quienes no pueden colocarse en un lugar donde ganen mínimamente para subsistir? ¿No serán candidatos a engrosar las filas del crimen, sobre todo tratándose de jóvenes?

Y la cosa pinta aun peor: ante la situación que se vive actualmente, el índice de competitividad de Culiacán, que mide la capacidad de una ciudad para atraer inversiones, “generar empleo y retener talento” se encuentra entre los últimos del país; solo Tijuana y Cuernavaca tienen peor calificación que la capital sinaloense; esto, entre 21 ciudades con más de un millón de habitantes de México, según el Instituto Mexicano para la Competitividad (revistaespejo.com, 3 de junio de 2026) lo cual, significa que es poco probable que capitales de otros lados vengan a invertirse a alguna actividad productiva, ocasionando en alguna medida la reactivación económica. La falta de empleo formal, pues, seguirá y, como consecuencia de ello, el aumento de tianguistas, vendedores de bazar, y de cualquier forma de “autoempleo” que le dé de malcomer a los sinaloenses.
Una serie de factores entre los cuales está el aumento del costo de vida vienen a colmar de problemas al pueblo. El aumento de los precios de los alimentos, que tan solo el mes de mayo de 2026 se elevaron 8 por ciento según la ANPEC (revistaespejo.com, 19 de mayo de 2026), el del costo de la renta, el transporte (que acaba de subir de precio en Sinaloa), el precio de la luz que ha provocado justificadas protestas de muchos sinaloenses, etcétera. Esto y más se va sumando. Y lo peor que puede hacer el gobierno es echarle gasolina al fuego de la necesidad de la gente negándole las soluciones a los problemas más urgentes que manifiesta. El cóctel explosivo que hoy tenemos no debe dejar lugar a dudas de que se requiere más que nunca por parte de los gobiernos de distinto nivel, sensibilidad y atención al pueblo y no oídos sordos.

Pero no nos engañemos, ninguno de los asuntos aquí mencionados, ni los que quedaron fuera, se van a acabar con los que ahora tienen el poder; ya se hubiera visto que empiezan a resolverse, pero no han hecho más que complicarse y multiplicarse. Tampoco la salida está en volver a los viejos partidos gobernantes, que se la pasan criticando solo porque quieren volver al poder sin proponer nada nuevo. La salida está en que el pueblo se una en torno a un nuevo proyecto de nación que ponga como primera prioridad la generación de empleo bien remunerado para todos y la elevación de los niveles de vida de las grandes mayorías. El pueblo debe estar alerta para escuchar, aprender ideas nuevas y encontrar un proyecto serio, que quiera y pueda componer el ruinoso funcionamiento económico de hoy por uno novedoso, funcional, noble para todos. Y ya que lo detecte, debe organizarse en torno a él y luchar porque se aplique desde el poder. Nadie se lo va a dar de gratis.
0 Comentarios:
Dejar un Comentario