MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Lectura y educación

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Según el último Censo de Población y Vivienda del Inegi, de 2020, en México hay cuatro millones 456 mil 431 personas que no saben leer ni escribir, lo que representa una disminución considerable respecto a los censos de 2010 y 2000. La tasa de analfabetismo actual es del 4.7 por ciento, menor que la de 2010 y del año 2000. La mayoría de los analfabetos son mujeres. En 2015, el 5 por ciento de la población de 15 años y más era analfabeta. Además, cerca de 5 millones de personas son analfabetas funcionales.

Sin embargo, no ha habido mejoría con esta disminución, por el contrario, la situación es cada vez peor. En 2022, según el mismo Inegi, sólo practican la lectura siete de cada 10 mexicanos que saben leer. Índice que va disminuyendo, pues en 2016 eran 8 de cada 10 los que lo hacían. Pero, precisemos, sólo el 28 por ciento de la población que sabe leer, lee libros por decisión propia. Además, la lectura de otros materiales, como los que presenta la internet, en los últimos seis años pasó de un 45 por ciento a un 57 por ciento, misma que realizan principalmente los jóvenes. El problema es más grave, pues sólo tres de cada 10 lectores entienden todo lo que leen. Por último, los sectores que menos leen son los que tienen menor grado de educación, es decir las capas más más pobres del pueblo.

Difícilmente encontraríamos a alguien que diga que no es importante la educación de los individuos que componen una nación; o una persona que llegara a negar la importancia de la lectura para que una sociedad pueda considerarse educada.

El problema comienza cuando se discute el significado de educar, pues este concepto está ligado profundamente a los intereses de las diferentes clases sociales. Aníbal Ponce, estudió y mostró que los intereses de las clases que tienen el poder político y económico, son los que prevalecen a la hora de definir las políticas educativas tanto la que reciben los hijos de las clases dominantes, como aquélla que se destina a los hijos de las clases populares.

Así, pues, las estadísticas que se mencionan al inicio de este trabajo, si bien son lamentables, también son previsibles, toda vez que los gobiernos que hemos tenido en México sólo han representado a los dueños de las grandes empresas, a los millonarios que se apropian de la riqueza que generan los trabajadores, dejando que el pueblo pobre se hunda cada vez más en la pobreza y la miseria de todo tipo, entre la que se encuentra la pobreza educativa.

En el Movimiento Antorchista nos hemos propuesto educar y organizar a los pobres de México, para que conquisten el poder político y podamos tener un gobierno que trabaje en bien de toda la nación, pero especialmente en favor de los más pobres de nuestro país.

Educar y organizar, sí, pero educar a las capas más pobres significa algo muy preciso, es llevarlos a la comprensión del lugar que ocupan en esta sociedad, misma que deben conocer en su estructura, en cómo está diseñada esta estructura social, para que conozcan la importancia de su papel como productores directos de la riqueza social y de los derechos que tienen por ser los que sostienen sobre sus hombros a toda la sociedad.

¿Cómo lograrlo? Una parte, sólo una parte, es cierto, pero muy importante para esta educación es la lectura. La lectura es el instrumento que permite acceder al tesoro de conocimientos que la humanidad ha acumulado en el transcurso de su historia, como dijera el gran Lenin. A través de la lectura se puede conocer lo que sucede en todo el mundo, en México y en el lugar en el que vive. Se puede conocer la historia de los movimientos sociales, de cómo los pueblos han luchado para acceder a una vida mejor. A comprender cómo ha cambiado el mundo y entender así hacia dónde se dirige la humanidad en general, y nuestra patria en particular.

A través de la lectura se alcanza a disponer de elementos para discernir y proceder libremente: yo veo que esto me conviene o no, porque ya tengo el conocimiento para escoger. Que comprenda así que la pobreza y la ignorancia son enemigas de la libertad.

Se le ha quitado al pueblo la lectura, debemos devolvérsela como parte de su propia liberación. A través de la lectura, podrá dialogar con los grandes genios de la humanidad y se contagiará de las ansias de superación para todos los seres humanos, para que aprenda a imaginar a las sociedades futuras libres de la explotación y de la opresión. Pero sobre todo para que trabaje convencido de que debe conquistar el poder político de nuestro México. Sólo así se logrará que los ricos no se apropien de toda la riqueza y pueda lograrse una sociedad más equitativa, más justa y más humana.

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