Pero de lo que se trata, precisamente, es de
no considerar superado para la clase, superado
para las masas, lo que está para nosotros: VUIL
A estas alturas de la crisis económica, sanitaria y social agravada por el coronavirus SARS-CoV-2, ya quedó suficientemente claro que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador no va a implementar las medidas que aconseja la experiencia mundial para enfrentar la pandemia, atenuarla y controlarla.Todos los discursos que mañana y noche nos recetan a diario el presidente AMLO y su equipo mediático van en el sentido de desestimar verbalmente los efectos reales de la pandemia, dando a conocer datos menores de contagiados y de muertos.
Para desorientar a la opinión pública han creado un verdadero teatro del absurdo, donde las tramas que arman se caracterizan por carecer de significado, con diálogos repetitivos y faltos de secuencia dramática que a menudo crean una atmósfera delirante.La incoherencia, el disparate y lo ilógico de sus argumentos son rasgos muy representativos de estas obras montadas todos los días por el director de escena llamado Andrés Manuel López Obrador.Si Samuel Beckett, Arthur Adamov, Eugène Ionesco, y Jean Genet vivieran, enrojecerían de envidia por las puestas en escena que se representan mañana y noche y que generan miles de comentarios en radio, televisión y redes, por los más connotados analistas, articulistas, caricaturistas y público en general.Todos tratando de desentrañar los informes irracionales y truculentos del director-presidente Andrés Manuel López Obrador y su primer actor Hugo López-Gatell.
Pero es necesario encontrar la explicación de por qué el equipo de la 4T intenta encubrir la realidad por todos los medios a su alcance, ocultando la situación real de la pandemia y minimizando y soslayando los efectos de la misma.
Desde mi modesto punto de vista, el presidente y su equipo han centrado su estrategia en atraer la atención de los medios de comunicación sobre uno de los efectos derivado de la pandemia: el número de contagiados y de muertos ocasionados por el coronavirus.En este aspecto se da el forcejeo cada día y cada noche a la hora de informar sobre los avances de la pandemia: por ejemplo, el vocero López-Gatel un día da unos datos, otro día propone un método para detectar el nivel del contagio, al siguiente día echa abajo ese método y dice que en realidad no hay método, para en seguida sostener que la gráfica que expresa la estadística ascendente del contagio ya se aplanó, cuando todo mundo ve que en realidad esa línea es ascendente y por ningún lado se le ve forma de curva porque no ha llegado a su punto máximo, etc.De tal manera que el número de contagiados y de muertos sólo AMLO y López-Gatell lo saben o no lo saben y deliran sobre las cifras.El caso es que la intención del equipo de AMLO es transmitir la sensación de que la pandemia está controlada, está "domada", y ya se ve la luz al final del túnel, lo que es totalmente falso.
Pero de lo que no se habla en las mañaneras y en las nocturnas es de la situación de desastre que está viviendo el país, agravada por la paralización de la planta productiva en todas sus manifestaciones, que de la noche a la mañana arrojó al desempleo a 700 mil trabajadores formales y a 31.3 millones de empleados informales.Sumadas ambas cifras nos da la espeluznante cantidad de 32 millones de personas arrojadas al desempleo por efecto del coronavirus.Y estos 32 millones de personas representan familias que abarcan a millones de niños, mujeres, ancianos, etc., que al carecer de un salario no van a poder adquirir los alimentos necesarios para su manutención, siendo condenados al hambre más atroz y a la muerte por inanición.
De este problema monumental, como el Popocatépetl, no se dice absolutamente nada.Se soslaya como si no existiera a pesar de que a nivel nacional el pueblo se ha manifestado de manera verbal, a través de las redes, por medio de testimonios dados a conocer por las cadenas de noticias en radio, prensa escrita y televisión, y con trapos blancos en sus miserables viviendas con leyendas como "EN CASA Y SIN COMIDA", etc.El fenómeno del hambre que se extiende como una plaga no se puede ocultar.Y ¿cuál es la respuesta del presidente Andrés Manuel López Obrador que abanderó como lema de campaña la consigna "primero los pobres"? Nada, no hay respuesta.
Los tres programas de transferencia directa de recursos propuestos para atacar la crisis económica generada por el coronavirus van destinados a un padrón de beneficiarios que fue elaborado mucho tiempo antes de decretarse la pandemia.Como declaró la Oxfam: "Los tres programas de AMLO para la crisis por la covid-19 no van a quienes perdieron sus empleos".Insisto, pues, en que, al día de hoy, además de los millones de ciudadanos mexicanos que de por sí vivían en pobreza moderada y pobreza extrema, deben sumarse 32 millones de mexicanos que perdieron sus empleos y que están sufriendo hambre al no contar con un salario y no recibir apoyo del Estado.El hambre que ya se plantó en suelo mexicano va a adquirir connotaciones apocalípticas.
No tiene caso discutir el costo económico de lo que implica mantener al pueblo de México durante los 3, 4, 5 o 6 meses que contemple la reclusión forzosa; basta decir que la riqueza, producida por este pueblo hoy desempleado, y acumulada por la burguesía mexicana y el Estado de la 4T que preside AMLO, es suficiente para dar de comer a los 90 millones de pobres que hoy se mueren de hambre.Y es obligación del Estado mexicano presidido por AMLO, abrir los graneros de la riqueza nacional para atacar y vencer la hambruna que se está cebando sobre las masas empobrecidas.
Sin embargo, no pecaremos de ingenuidad.Sabemos que esto no va a suceder.Ya Andrés Manuel López Obrador dio la orden de justificar la suspensión de la cuarentena nacional, para que reinicien actividades las empresas de las cadenas de suministro que proveen a las industrias aeroespacial y militar norteamericanas, sin que le preocupe en lo más mínimo el aumento en el número de contagiados y de muertos por el coronavirus.Las ganancias del capital norteamericano tienen preferencia.
Es hora de que el pueblo unido y organizado tome en sus manos la solución del problema, desarrollando un movimiento nacional que obligue al presidente AMLO y a su gobierno a implementar un programa alimentario que ataque la hambruna que nos amenaza.Todavía es tiempo de que el problema se resuelva de forma civilizada.Después, será demasiado tarde.

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