MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Crisis de salud en Guerrero se agrava con IMSS-Bienestar

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  • Jugar con la salud no es una estrategia política, es una condena social: Dimas Romero, dirigente del Movimiento Antorchista en el estado 

Chilpancingo, Gro. Tras más de siete años del inicio de un gobierno que se autoproclamó como la 4T, con la salud como bandera, el sistema no sólo no se asemeja al modelo danés que se evocó, sino que su deterioro ha sumido a la salud en una de sus crisis más profundas en décadas.

“La 4T prometió una transformación en salud. Hoy, la transformación visible es la de un sistema público convertido en un laberinto de obstáculos, donde la aceptación de los pacientes y el personal médico es el único dique contra el colapso total. 

Jugar con la salud no es una estrategia política; es una condena social. La vida de los mexicanos, especialmente la de los más vulnerables en estados como Guerrero, no puede seguir pendiente de un dictamen que nunca llega o de un presupuesto que siempre disminuye”, reprochó Dimas Romero González, dirigente del Movimiento Antorchista en Guerrero.

“Aquí la crisis deja de ser una estadística para convertirse en una experiencia cotidiana de riesgo vital; la crisis es sistemática y aguda”, destacó el líder.

La transición al modelo IMSS-Bienestar, dijo, lejos de unificar y fortalecer, ha paralizado la operación con problemas de gestión, compras consolidadas fallidas y un déficit crítico de personal. 

Reportes señalan que el desabasto de medicamentos y de insumos esenciales en hospitales supera el 65 %; esta escasez tiene rostros concretos: bebés fallecidos en Ometepec por falta de medicamentos especializados, cirugías canceladas porque los pacientes deben comprar desde guantes hasta suturas y laboratorios inoperantes por falta de agua o reactivos, por mencionar algunos.

La infraestructura es el otro pilar derrumbado. Clínicas como la de Tunzingo, Acapulco, operan entre puertas desvencijadas, sanitarios inservibles y medicamentos vencidos, a la espera de una reconstrucción que autoridades sólo “revisan” en papeles.

Pero el símbolo más dramático de la incuria se encuentra en Chilpancingo. La clínica-hospital del Issste en la capital del estado es un monumento al riesgo inminente. Dañada desde 2021 por fenómenos meteorológicos y agravada por el sismo del 2 de enero de 2026, su estructura evidencia un colapso anunciado.

La situación en Guerrero es la confluencia de varios factores, explicó Romero: “El abandono histórico se encontró con una centralización precipitada y mal planificada bajo el paraguas del IMSS-Bienestar, que no logró resolver y sí agravó los problemas de abasto y contratación. A esto se sumó la catástrofe de ‘Otis’, que no sólo destruyó infraestructura, sino que creó un caldo de cultivo para brotes de dengue, enfermedades gastrointestinales y otras afecciones, en un momento donde el sistema estaba –y sigue– de rodillas”.

Este subfinanciamiento crónico se ha agudizado con recortes presupuestales concretos, uno tras otro: En 2025, el sector salud sufrió una reducción del 12.2 % respecto al año anterior.

Las consecuencias son palpables: según la Enigh 2022, 50.4 millones de mexicanos carecían de acceso a servicios de salud institucionales, un aumento alarmante que refleja el vacío dejado por la desaparición del Seguro Popular y el fracaso operativo de su reemplazo, el Insabi, ahora IMSS-Bienestar.

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