Cuando se tratan los temas sobre el desarrollo de nuestro país, la mayor parte se enfoca a las cuestiones productivas, como la economía, principalmente ramos como servicios, industria, comercio y sector energético, por mencionar algunos. Y muchas referencias hacen gran énfasis en la situación del campo en nuestro país. Desafortunadamente, poco se habla de la ciencia en México y se limita principalmente a la poca inversión que el gobierno hace en este rubro, la cual está por debajo de la media señalada por el Banco Mundial, pues, de acuerdo con este organismo, el gasto en inversión promedio del Producto Interno Bruto (PIB), se ubicó en 2.23% en 2016; para ese año, nuestro país solo invirtió un 0.49%, a pesar de la importancia que tienen la ciencia y la tecnología para promover el bienestar social de un país.
Durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, y de acuerdo con datos del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), el gobierno federal invirtió alrededor de 497 mil 986 millones de pesos, lo que representó un 0.43% del PIB, muy alejado del 1% que el exmandatario prometió pero que a pesar de todo, superó por mucho a sus antecesores, Vicente Fox y Felipe Calderón, quienes destinaron a la ciencia y la tecnología un 0.33 y 0.37% del PIB, respectivamente.
A poco más de medio año de iniciada la administración de Andrés Manuel López Obrador, resalta que, por ejemplo, en el Plan de Desarrollo 2019-2024, dado a conocer el pasado 30 de abril, el tema de la Ciencia y la Tecnología haya ocupado tan solo un párrafo de cinco líneas en las cuales no se detalla un plan, como tal, para estos tópicos, encontrándose carente de proyección y sin ofrecer alguna cifra de crecimiento o de inversión del PIB.
Habría que añadir los extraños episodios que ha tenido el actual gobierno con el Conacyt, recordando el recorte presupuestario que se le había dado, (que luego fue corregido por el mandatario), la colocación de personas que no cumplían con los perfiles; como la designación de la subdirectora en la Comisión Intersecretarial de Bioseguridad y en la subdirección de Comunicación, por mencionar los más sonados.
Tan solo cuatro días después de la presentación del Plan Nacional de Desarrollo, y en el marco de esta incertidumbre, se dio la convergencia de la llamada ‘Marcha por la Ciencia’, que convocó varias ciudades del mundo, entre ellas a la de México, donde la comunidad científica del país pudo expresarse en torno a las actuales políticas en estos temas, exigiendo que se cumpla lo establecido en la ley para invertir el 1% del PIB en ciencia y desarrollo tecnológico.
A decir de los mismos manifestantes, el reto es grande, pues señalaron que existe un grave problema en materia de educación: 5.4 millones de analfabetas, 10.1 millones de personas sin primaria concluida, 16.4 millones con secundaria inconclusa y 60% de los estudiantes que egresan de las instituciones de educación media tienen deficiencias en lectura y redacción.

Antorcha marca la diferencia
Si bien con todo lo presentado hasta aquí podría parecer desalentador, hay pequeñas acciones que marcan una diferencia que podrían no ser tangibles a nivel nacional, pero sí siembran la esperanza para que, a pesar de la situación, la actividad científica prosiga a pesar de y sobre todo. ¿Cómo? A través de acercar estos temas a los jóvenes, incentivarlos a estudiarlos y formarse académicamente para que enfoquen su carrera profesional hacia estas disciplinas del conocimiento, y concientizarlos de cómo sirven al progreso social y económico de nuestro país.
Un ejemplo se encuentra en Chimalhuacán, uno de los bastiones del Movimiento Antorchista en el Estado de México, y tal vez del país, que ha sido gobernado por la organización desde el año 2000, donde recientemente se construyó un planetario, acercando así a niños, jóvenes y adultos temas relacionados con la astronomía, y que solo podrían hallarse en los recintos que se encuentran principalmente en las zonas centro y sur de la ciudad, además del que se ubica en Zacatenco, perteneciente al norte de la Ciudad de México.
Así, miles de habitantes que se encuentran en la zona oriente de la Megalópolis del Valle de México, tienen un lugar para apreciar las maravillas del cosmos sin la necesidad de trasladarse por horas y sin gastar mucho dinero. Otro ejemplo de estas acciones está en Nicolás Romero, también en el Estado de México, donde a finales de abril se inició una serie de conferencias con expertos en diversas ramas de la física y la química, las cuales fueron enfocadas a alumnos y docentes de las escuelas adheridas al Movimiento Antorchista del noroeste del Estado de México, así como al público en general, donde se han desentrañado misterios de nuestro mundo y del universo, generando así conciencia de lo que existe a niveles micro y macro, creando así emoción por la ciencia y las novedades tecnológicas que repercuten en nuestro entorno que, aunado a la conciencia social, ayudan a la formación de profesionistas que se involucrarán en el futuro por la creación de un mejor mundo para todos.
Hasta aquí hay dos pequeños esfuerzos por mantener viva la llama del pensamiento reflexivo y la creatividad, pero si buscamos más a fondo cómo el Movimiento Antorchista ha acercado los temas de la ciencia y la tecnología en otros lugares, en otros estados, encontraremos que ese esfuerzo está presente en otros lados, está unido y en constante evolución, pues dentro de su plan para un mejor país, ambas están contempladas como un elemento de vital importancia para el bienestar del pueblo.
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