MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Tecomatlán, el cobijo más seguro de la patria

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• Más de 6 mil deportistas participaron en la XXII Espartaqueada en Puebla

Lo que digo para arrancar la opinión de hoy no es simple retórica comercial; es la pura verdad. Más de 6 mil reconocidos deportistas llegados a Tecomatlán de todo el país, entre ellos más de cien colimenses, todos amigos y simpatizantes del Movimiento Antorchista Nacional, lo constataron personalmente durante la segunda semana del mes de marzo pasado, cuando participaron en la XXII Espartaqueada Deportiva Nacional 2026.

Todos los deportistas que acudieron a la XXII Espartaqueada Deportiva demostraron con cada gota de sudor derramada que aún existe la esperanza y que la organización popular es parte de la solución de los males sociales que padecemos.

Durante los nueve días que duró la Espartaqueada, Tecomatlán se convirtió en un inmenso campamento de campamentos debidamente ordenados, casi al aire libre, donde durmieron, comieron y convivieron miles de deportistas de cinco categorías y siete disciplinas deportivas, en espera del momento indicado para su competición en las magníficas instalaciones construidas especialmente para el pleno ejercicio y ejecución del talento atlético de los deportistas populares.

Y, aunque los visitantes no recibimos todas las comodidades que los pobladores de Tecomatlán hubieran querido darnos, pues no reciben un presupuesto oficial federal destinado a tamaña hazaña deportiva en aras del rescate de los niños y la juventud, el evento fue todo un éxito, si tan sólo lo calificamos por el magnífico despliegue de atención y seguridad que los organizadores brindaron a los deportistas y sus familias, para dejar en las canchas, los campos, la pista y la alberca semiolímpica todo el esfuerzo de su talento en la competición fraterna con que nos regalaron.

Todos los deportistas que acudieron a la XXII Espartaqueada Deportiva de Antorcha, demostraron no sólo su brillante capacidad deportiva sino, con cada gota de sudor, que aún existe la esperanza; que la organización popular, el deporte y la cultura son parte infaltable en la solución de los males sociales que padecemos.

¡Adelante, jóvenes deportistas! Que la garra mostrada por ustedes en la cancha en busca de la victoria sea el ejemplo que aliente la organización de los mexicanos en su eterna batalla en aras del bienestar y la justicia social para todos.

Pero, ¿por qué llevar a cabo la hazaña en Tecomatlán? Ya lo dije: porque ahí se garantiza la seguridad del pueblo. Y porque los antorchistas de todo el país, y en especial los pobladores organizados en ese pequeño rinconcito de la Mixteca Baja poblana, orientados sabia y científicamente por un hombre humanista como pocos, el maestro Aquiles Córdova Morán, hemos trabajado arduamente durante más de medio siglo para crear ahí un ejemplo, un botón de muestra de lo que el Movimiento Antorchista se propone hacer en toda la patria cuando gobierne verdaderamente el pueblo organizado de toda nuestra nación.

Perseguimos un sueño, acaso digan los de poca fe. Tal vez. Pero como dijo ya un sabio de la revolución: “Es preciso soñar, pero con la condición de creer en nuestros sueños”. Y no olvidemos, además, que toda grandeza comenzó antes de la más ínfima partícula insignificante. México será como Tecomatlán un día. No hay duda.

¿Y qué decir de los deportistas del occidente del país, entre ellos los de Colima, que representaron tan dignamente a sus estatales en esta justa deportiva nacional, partiendo al encuentro casi literalmente entre balaceras, incendios y bloqueos carreteros con fuego por doquier? Por los tiempos tan violentos que vivimos, una expresión única los define: ¡deportistas valientes y ejemplares!

En aras del deporte nada los detuvo, nada. Su cita con su rival, fraterna y deportiva en la cancha o en la pista pudo más que todo; pudo más que el miedo. Vencieron desde que partieron al encuentro; derrotaron la amenaza de inseguridad carretera, superaron las horas inmensas del viaje tortuoso y resolvieron la falta de recursos económicos y la zozobra de dejar con miedo a los suyos. Todo lo vencieron.

Y la hazaña realizada por los deportistas no fue para menos. Doce días antes de emprender el viaje por carretera a Tecomatlán, con la captura y asesinato de un temido narcotraficante abatido entre Guadalajara y Colima, los gobiernos estatales de esta región habían ya renunciado a su obligación constitucional de garantizar la vida y la seguridad de sus gobernados.

¡Sálvese el que pueda! En realidad, fue ese el grito de alarma que dio el gobierno a partir del día 22 de febrero pasado, cuando recomendó a todos los ciudadanos “no salir a las calles ni carreteras, si no era eso absolutamente necesario”. Y el miedo nos venció.

Ni la pandemia en su peor momento pudo lograr lo que el miedo gubernamental logró. Y la desolación se apoderó de las calles y carreteras de Manzanillo a Guadalajara.

Aún no terminaban de recoger de las carreteras y calles las chatarras humeantes, ni las familias se atrevían a salir a hacer su vida normal, cuando los primeros contingentes de deportistas colimenses se pusieron en camino rumbo a Tecomatlán.

Aparte de los uniformes y su pertrecho, los deportistas también cargaban el miedo en sus maletas. Pero al llegar a su destino todo cambió. El Arco de Bienvenida de la Atenas de la Mixteca Baja fue la señal; sintieron entonces en el alma el amparo de Antorcha, la organización de los pobres de México.

Pero no hay nada que dure para siempre; la Espartaqueada Deportiva terminó y, con ella, el amparo y la seguridad que solo se da en Tecomatlán. Los deportistas volvieron a su tierra y, con ello, el temor por la inseguridad regresó.

Sin embargo, habrá otras Espartaqueadas en el futuro. Y porque lo vivieron, ahora los deportistas colimenses saben que convivir seguros y tranquilos es asombrosamente posible en este sufrido país consumido por la violencia, y que la garantía de todo esto la da la organización popular verdadera del pueblo más humilde.

Vuelvan a Tecomatlán, jóvenes deportistas. “Vuelvan dentro de dos años como las golondrinas, a piar en nuestras canchas”, diría Aquiles Córdova. Antorcha los espera con los brazos abiertos.

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