“…Vamos a destinar mayor inversión pública para producir con urgencia más petróleo, gas y energía eléctrica y así enfrentar la crisis que dejaron los políticos neoliberales y los responsables de la llamada reforma energética. Llamo a los técnicos y obreros petroleros, en activo o jubilados, para actuar con patriotismo como se hizo en los tiempos del general Lázaro Cárdenas, y a que volvamos a rescatar la industria petrolera nacional…” fueron las palabras que pronunciaba López Obrador aquel 1 de diciembre de 2018 en el Zócalo de la Ciudad de México, en su toma de posesión como presidente de la república.
La expropiación petrolera, un acto histórico que marcó la lucha por la soberanía energética, hoy parece ser un vacío de promesas incumplidas y un sector petrolero en su peor crisis, 87 años después.
Hoy, sin embargo, ya iniciado el segundo sexenio de gobierno de la 4T, y a 87 años de la expropiación petrolera, Pemex, la empresa paraestatal de los hidrocarburos, atraviesa por uno de sus peores momentos en toda su historia; y de aquel airado discurso frente a Palacio Nacional, no queda nada.
Como sabemos, fue el 18 de marzo de 1938 cuando el presidente Cárdenas expidió el decreto de la Expropiación Petrolera, el cual consistió en la apropiación legal del petróleo que explotaban diecisiete compañías extranjeras para convertirlas en “propiedad de los mexicanos”. Ciertamente, AMLO tenía razón en el diagnóstico que hizo de la situación que prevalecía en la empresa petrolera y en su intención de rescatarla; sabía que estaba recibiendo a una institución saqueada y en estado crítico, pero en vez de cumplir su compromiso y su palabra, la dejó peor que como la recibió.
El 27 de enero de este año, El CEO publicaba: “El sexenio de Andrés Manuel López Obrador no sólo incumplió con su promesa de que Petróleos Mexicanos (Pemex) lograría una producción de 2.5 millones de barriles diarios de crudo, sino que terminó con los peores niveles de extracción de petróleo en lo que va del siglo”.
El portal hablaba de una caída de 18 % con respecto a 2018, al pasar de una producción de 1.8 millones de barriles diarios de crudo, a 1.48 millones de barriles diarios al cierre de 2024; cifra que se encuentra muy por debajo de 1990, cuando la producción diaria rondaba los 2.5 millones, o de 2004, cuando se alcanzaron picos de hasta 3.38 millones de barriles diarios.
El diario Tabasco Hoy, en su edición del 6 de enero de 2024, así como otros medios, en diferentes fechas, han señalado que la deuda de la paraestatal asciende a 403 mil millones de pesos con un sinnúmero de proveedores de todo el país, la mayoría de ellos en Tabasco y Campeche; ha tenido pérdidas históricas de hasta 161 mil 455 millones de pesos por un supuesto incremento en costos y gastos administrativos (Forbes, octubre 2024), además de pérdidas por más de 401 millones de pesos a causa de los robos en altamar, que presentaron un repunte a partir de 2022 (Heraldo de Tabasco, 18 febrero de 2025).
La corrupción, eje de la política obradorista, también manchó la imagen de la petrolera: faltantes por más de 805 mil millones de pesos fueron detectados por la Auditoría Superior de la Federación en noviembre del año pasado.
Por si alguien pensara que la compra de Deer Park fue o es una muestra de fortaleza y éxito en los compromisos cuatroteístas, resulta que la petrolera nacional, en su último reporte de septiembre de 2024, señaló que por esas fechas aún se importaba el 56 % de la gasolina que se consume en México, es decir, 368 mil barriles diarios de gasolina de los 648 mil barriles que se consumen diariamente en el país, y producía 271 mil barriles diarios de petróleo crudo menos que en 2018.
Pero por si esto no fuera suficiente, recordemos otra aseveración del ex presidente el día de su asunción al gobierno de la república: “Se rehabilitarán las seis refinerías existentes y se iniciará, en unos días más, la construcción de una nueva refinería en Dos Bocas, Paraíso, Tabasco, para lograr que en tres años se produzca en México toda la gasolina que consumimos”.
Pues resulta que pasaron los tres años y otros tres más, y terminó el sexenio sin refinar un sólo barril de petróleo. Fue hasta el pasado 9 de enero de este año que el periódico El Universal dio a conocer que la mencionada refinería Dos Bocas operaba apenas a 9 % de su capacidad.
Lo que sí empezó a producir sin pérdida de tiempo fueron los contaminantes como el metano y el benceno que se emiten por la quema de gas fósil.
Por todo lo hasta aquí dicho, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que, en su compromiso de rescate energético, en su palabra empeñada para lograr la llamada “Soberanía energética”, así como en otros muchos compromisos, AMLO le falló a sus paisanos tabasqueños; que, pese a que decía que “extraer petróleo es lo mismo que sacar agua de un pozo, extraer petróleo no tiene ninguna ciencia”, la 4T le falló a todo México.
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