MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Suicidio, trastornos mentales y desigualdad económica

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En los últimos tiempos se han incrementado los casos sobre los trastornos de la personalidad, como la ansiedad, la depresión, el estrés y otros males que aquejan a la población en general, pero en especial a la juventud mexicana y que desembocan en suicidios y asesinatos, tal es el caso de los suicidios que en días recientes han ocurrido en la región sur de Jalisco, en los municipios de Zapotitlán de Vadillo, Zapotiltic y Sayula.

De acuerdo con datos proporcionados por el Instituto Nacional de Geografía e Informática (Inegi), los fallecimientos por lesiones autoinfligidas son la cuarta causa de muerte en la población de 15 a 29 años, solo por debajo de las agresiones, accidentes y la covid-19. En hombres es la tercera causa, mientras que para las mujeres es la quinta.

Los problemas familiares y económicos llevan a jóvenes, entre 12 y 24 años de edad, a quitarse la vida; la población joven es la más vulnerable.

En México, actualmente, es la cuarta causa de muerte en jóvenes; y en 2029 se calcula que será la segunda en la mortalidad juvenil.

Otra de las urgencias psiquiátricas más frecuentes son los pacientes en estado de intoxicación por consumo de sustancias psicoactivas.

En el 50 por ciento de la población con intentos de suicidio se presentaron causas como trastornos psicóticos, ataque de pánico, ruptura de la pareja, la muerte de un ser querido, una enfermedad crónica terminal –como cáncer o insuficiencia renal (sobre todo pacientes que se dializan)– o la pérdida de estatus económico o del empleo.

Los males sociales como la inflación, el desempleo, los bajos salarios, la falta de educación, falta de vivienda digna, la inseguridad, la drogadicción y el alcoholismo y la desigualdad social en general, son factores concomitantes que influyen en la salud mental de las personas, de los jóvenes en particular.

Estos males son la causa común que subyace en todos esos trastornos mentales de la población, bien que sea sólo una manifestación parcial de esos problemas o sea una concurrencia de uno o varios males como los señalados anteriormente, lo más grave es que en nuestro país no se instrumentan políticas públicas que vayan a erradicar esos males o, cuando menos, que disminuyan su incidencia.

En 2020, el gobierno de la 4T eliminó el Seguro Popular, dejando a la población abandonada a su suerte frente a la contingencia sanitaria de la covid-19, sin medicamentos contra el cáncer ni otras enfermedades crónico-degenerativas, como diabetes o hipertensión arterial, instituyó en su lugar el Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi), pero sin los recursos necesarios pues siguen faltando médicos y medicamentos, clínicas y hospitales. 

Evidentemente, con un sistema de salud como el que tenemos en México, que no le supo hacer frente a la pandemia de la covid-19, tampoco se le puede hacer frente a la salud mental de la población.

Dado que el problema de fondo de los trastornos mentales es el entorno socioeconómico de la población, la política social que tendría que implementar el gobierno federal tiene que ver con la eliminación de los males sociales que nos aquejan, tendría que ir al fondo de su política económica y a estas alturas no sólo no se ve para cuando vaya a rectificar el rumbo, sino que, todo parece indicar que los males sociales se profundizan y agravan, siendo la población trabajadora la principal víctima.

Los datos que nos proporcionan las instituciones oficiales no dejan dudas; por ejemplo, la inflación general anual se ubicó en el 7.76%; el Índice Nacional de Precios al Consumidor subió el 0.30%; el desempleo en el grupo de los 25 a 44 años concentró el 45.6% de la población desocupada, siendo la población “ocupada en la informalidad laboral”, o sea los desempleados 31.8 millones de personas, a enero de 2023 la tasa de desempleo fue del 3% con esas especificaciones.

Respecto del problema de la inseguridad la percepción de los mexicanos descendió a 64.2% en el cierre de 2022, informó el Inegi, esto significa que casi dos tercios de la población de 18 años y más consideró inseguro vivir en su ciudad, según la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU).

Basta con mencionar sólo algunos ejemplos de los males sociales que aquejan a los mexicanos para darnos cuenta de la terrible realidad que viven los jóvenes y la población en general, que ahora ya no es un fenómeno exclusivo de las grandes ciudades como México o Guadalajara, sucede hasta en las comunidades y colonias más apartadas.

Es una manifestación más de la decadencia del sistema capitalista en el que vivimos y de la ineptitud del gobierno de la 4T para atacar estos problemas sociales. A la población trabajadora sólo le queda la lucha y la organización para enfrentar esos terribles males.

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