Y ese es realmente el problema. Eran malos los de antes, antes; y los nuevos resultaron peores; ahora sería también un retroceso volver a lo peor de antes. Veamos: en realidad son dos alas de la misma clase social dominante las que se están disputando el poder porque las masas aún no tienen suficientemente clara la situación, y menos la organización que necesitan para poder aplicar el remedio que se necesita para acabar de plano con los males que le aquejan a la sociedad. Y esa clase dominante, lo queramos o no, lo sepamos o no, es la de los patrones, o para decirlo en términos de la naciente sociedad capitalista de hace siglos: los burgueses, que eran los comerciantes y nacientes manufactureros habitantes de los burgos.
La organización o aparato superestructural de la sociedad no es inocuo o superfluo para las condiciones de vida material de la sociedad en su conjunto; por el contrario, también juega su papel decisivo, como todo mundo sabe.
Claro que para seguir ejerciendo su poder económico como si nada pasara, sin alteraciones, a pesar de la penosa vida que llevamos la inmensa mayoría de los mexicanos que somos los pobres y trabajadores, necesitan traducir ese poder económico en poder político; dando así por resultado un aparato jurídico político, conocido como Estado, el cual se encarga a su vez de la dominación también ideológica de toda la sociedad en provecho de la clase dominante; esto es, utilizando tanto las normas jurídicas como el poder de tomar decisiones sobre cómo debe organizarse políticamente una sociedad determinada. Es así como las ideas de la más diversa índole tienen fundamentalmente por origen el hecho cierto de que la sociedad, para poder producir todos los satisfactores materiales y espirituales para su existencia, al organizarse para realizar esa tarea esencial, establece determinadas y ciertas relaciones sociales, llamadas de producción, que luego se ven reflejadas en todo lo que es el aparato superestructural de la sociedad, que consiste, precisamente, en la serie o sistema de todos los demás tipos de relaciones humanas establecidas entre los hombres en una sociedad específica.

Estas relaciones primordiales llamadas sociales de producción, que determinan a todas las demás relaciones humanas del tipo que sean y de la más diversa índole, desde las familiares, políticas y jurídicas, etcétera, entre otras, no son completamente autónomas; también son susceptibles a la influencia de aquellas otras. Es decir, que la organización o aparato superestructural de la sociedad no es inocuo o superfluo para las condiciones de vida material de la sociedad en su conjunto; por el contrario, también juega su papel decisivo, como todo mundo sabe. Este aparato sirve precisamente para darle estabilidad y permanencia al sistema de relaciones sociales imperante en un determinado momento; por eso a lo que refiere eso de que lo fundamental son las relaciones económicas, y más concretamente de la producción, es que, llegado un punto de quiebre entre el desarrollo de las fuerzas productivas y éstas, la fuerza e influencia ejercidas por las relaciones superestructurales no tienen la capacidad suficiente para evitar el cambio de las relaciones sociales de producción, por más que lo intenten y se interpongan, cuando éstas se han convertido en un freno objetivo para el continuo desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad, y que, por el contrario, con el cambio de esa estructura social, es decir, de las relaciones sociales de producción, viene aparejado el cambio completo del aparato jurídico político e ideológico de la sociedad entera en cuestión.

Esta larga explicación viene a cuento, porque lo que vivimos hoy los mexicanos es para mucha gente desconcertante y, sobre todo, para las masas, que pudieran confundirse ante los diversos fenómenos sociales complejos y las más diversas explicaciones entre las que no pocas veces menudean las mentiras, medias verdades y, a veces, hasta los planteamientos más descabellados que se dan de topes con la realidad a poco que se les ponga atención.

Por eso creo que una buena forma de salir de dudas es preguntarse a quién o a qué intereses sirve tanto el fenómeno que se presenta en los hechos como a quién o a qué intereses representa cada una de las opiniones que escuchamos o leemos, en concreto; pero esto, enfocado de manera específica e inequívoca en relación con los intereses de clase, que es lo que en realidad nos hace al caso, como dijera Cervantes, porque eso es lo que nos toca en la realidad concreta a cada uno de los mexicanos, porque eso trata de qué va a pasar con la vida real de cada uno de nosotros, si vamos a vivir mejor, igual o peor, y no con los gustos o preferencias subjetivos de los opinadores. Y, siendo congruentes con lo dicho, creo que en la situación actual en nada mejoraríamos volviendo a lo de antes porque de allá venimos, pero también creo que estamos muy mal. Por tanto, la verdadera solución está hacia adelante, construyendo una organización del pueblo pero de nuevo tipo, que al tiempo que lo una y estructure le dé la conciencia política necesaria para que sea él en los hechos realmente quien lleve las riendas del poder jurídico político e ideológico de la nación. Mientras tanto, sólo será una lucha por el poder entre los mismos poderosos de lo que poco, muy poco pueden esperar las masas.
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