Lo afirmaron el presidente y la revista Forbes: México es feliz, feliz, feliz. Y en 2019 medios de comunicación difundieron que nuestro país es el segundo país más feliz del mundo, de acuerdo con el Índice de Felicidad del Mundo. Luego, en 2021, pasó a ocupar el lugar 46 en el ranking. En este año, un informe de las Naciones Unidas expuso que la gente mexicana, en promedio, califica con un 8.4 el sentimiento de satisfacción con su vida, en un rango del 0 al 10, donde 0 es “totalmente insatisfecho” y 10 es “totalmente satisfecho”. El sentimiento de satisfacción no siempre significa que haya, de hecho, un bienestar pleno en la vida de la gente que fue encuestada, sino que muchas veces se trata de una conformidad provocada por la fuerza de la costumbre, que, incluso, genera vías de satisfacción en medio de la miseria o pobreza.
?Los estudios acerca de las emociones explican que hay una a la que se le denomina goce. El goce es un sentimiento de satisfacción cuando hay dolor. De manera que una persona que vive marginada, con poco acceso a los servicios básicos, que padece sufrimiento en diversas índoles, puede sentir que goza la vida.
?Allí donde hay desgracia la gente encuentra satisfacción, por eso no es raro escuchar que la población mexicana, que tiene casi 56 millones de pobres y casi 11 millones de personas en pobreza extrema, es feliz o manifiesta sentirse cómoda. En realidad, más del 50% de la población en México no tiene bienestar general en su vida. El bienestar es el factor principal de la satisfacción o felicidad entendida bajo los parámetros de las encuestas: empleo, educación, confianza en las instituciones, seguridad, vivienda propia, percepción de la corrupción, ingresos económicos y estrés.
?Es verdad que la mente humana es compleja y puede construir irracionalidades como satisfacción a través de la desgracia. Pero también es verdad que el carácter, constituido por emociones o reacciones a lo que nos afecta, es un constructo histórico; es decir, que se ha aprendido y transformado a lo largo del tiempo, no surge de la nada. El modelo económico que rige hoy ha estado acompañado por una imposición velada de aceptación de una vida injusta. La gente carece lo elemental para vivir dignamente, pero se satisface en ese sitio que le ha sido impuesto.
Pese a que el capitalismo ha roto todo límite de justicia, libertad y dignidad, la gente manifiesta sentirse feliz, en muchos casos no hay anhelo de vivir de otro modo, o bien, hay resignación con el modo de vida. Han disminuido notablemente las posibilidades de que las mayorías se enfrenten sistemáticamente contra las injusticias. Por eso, Jacques Lacan, psicoanalista francés, afirmó que activistas y líderes sociales tienen sobre sus hombros una tarea gigantesca: levantar a un pueblo que goza con una vida lamentable.
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