MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Qué beneficio trae a los mexicanos la revocación de mandato, ninguno

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Históricamente, la revocación de mandato es una herramienta ciudadana que viene desde la democracia ateniense para destituir, en ocasiones, a los malos gobernantes, cuando así convenía a sus intereses a las clases dueñas del poder político y económico, pero con la llegada de la democracia representativa esta figura desapareció.

En estos días, de lo que se habla, es del proceso de revocación de mandato, impulsado por el propio presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), aprobado y elevado a ley en el año 2019, ejercicio anunciado con bombo y platillo por todos los medios habidos y por haber, para realizarse el próximo 10 de abril. 

A punto de llegarse la fecha, muchos nos preguntamos ahora ¿cuál es el verdadero propósito de este capricho de ejercicio democrático del señor presidente? Y es que le generará una erogación de 1,692 millones al erario, polarizando la opinión entre la ciudadanía de todos los estratos sociales. 

No es para menos, primero, por tanta ocurrencia y traspiés gubernamentales; segundo, por lo clientelar de los programas asistenciales de transferencia monetaria directa y, tercero, por las grandes obras de relumbrón que poco beneficiarán a la mayoría de los mexicanos. Todo esto ha generado que el horno no esté para bollos. 

La Constitución de los Estados Unidos mexicanos establece que el presidente debe permanecer en su cargo 6 años, ni más ni menos porque fue electo por el voto popular de la ciudadanía.

Con la reforma constitucional de 2019, fue aprobada la Ley Federal de la Revocación de Mandato. Para realizarse este ejercicio fue necesaria la petición expresa al INE de parte de los ciudadanos, y para ello tuvieron que reunirse 2.7 millones de firmas de la lista nominal de electores, como respaldo de la solicitud. 

Al cumplirse con los requisitos, la revocación debe ser ejecutada por el INE, por mandato de ley, con fecha del 10 de abril, en la que los mexicanos irán a las urnas para decidir si AMLO sigue en el poder o se ve obligado a dejarlo. 

Para que el proceso sea válido, deben votar más del 40 por ciento de los electores inscritos en la lista nominal; es decir, el equivalente a 38 millones de votos. Si no se alcanza ese porcentaje, la consulta se convertirá en un capricho más de los que hoy ostentan el poder, y como no les cuesta nada, porque se paga con el dinero de todos los mexicanos, entonces que sigan los juegos democráticos. 

El argumento a medias de la 4T es que en lo sucesivo la revocación se aplicará a todos los gobernantes con la finalidad de que la ciudadanía votante pueda destituirlos por ineptos, corruptos o incapaces de gobernar manera pacífica. Por ahora están en juego los intereses de la 4T, proyecto fracasado que lleva tres años en el poder. 

Está claro que el presidente quiere medir, a la mitad de su sexenio, la aceptación o rechazo de su política gubernamental basada en ocurrencias e improvisaciones populistas; también podrá medir el nivel de decepción, hartazgo y molestia por su errónea forma de gobernar, independientemente de los resultados, se impondrá la línea del poder oficial. 

La pregunta expresa que aparecerá en la papeleta será “¿Estás de acuerdo en que el presidente AMLO se le revoque el mandato por perdida de la confianza o que continúe hasta el final del sexenio? SI o NO”. Desde ahora está claro quiénes dirán que sí y quiénes no.

No necesitamos ser magos para descubrir este ejercicio clientelar, estamos seguros de que solo saldrá a votar la gente que tiene algún beneficio de algún programa social por miedo a perderlo, se demostrará el próximo 10 de abril la fuerza de los programas sociales en las urnas.

La burocracia gubernamental y sus militantes partidarios, por medio de los programas sociales que manejan, intentarán influir para que los posibles votantes voten a su favor, para mostrar al mundo el respaldo que el pueblo mexicano le tiene a AMLO. 

El día de la revocación veremos si se imponen los votos del descontento y el hartazgo, y gana el sí de la revocación, donde tendrá que volverse a invertir un monto importante de recurso público al INE para elegir a un nuevo presidente para los próximos tres años, o gana el voto clientelar, el voto de los programas sociales de transferencias monetarias directas, reafirmando el mandato presidencial por los tres años restantes y tendremos que seguir soportando, aguantando y pagando las grandes y graves consecuencias de las ocurrencias gubernamentales.

Cualquiera que sea el resultado del próximo 10 de abril no tenemos nada que celebrar, sea cual sea el desenlace, al final seguiremos pagando las consecuencias de un mal gobierno o pagar con nuestros impuestos unas nuevas elecciones millonarias. Mientras millones que sigan viviendo en la pobreza y marginación, porque en México son prioridad las funciones de circos democráticos antes que cubrir y resolver las necesidades sociales del pueblo humilde y abandonado en décadas. 

La postura de muchos de sus seguidores, cuando criticamos al actual gobierno de la 4T, se justifica con comentarios como “los prianistas robaron más, son unos fifís, los anteriores fueron unos corruptos, porque antes no se denunciaba”, etcétera. No se trata de juzgar si los gobiernos anteriores fueron más corruptos o robaron más, seguramente sí lo fueron, por eso los votantes los echaron del poder y en ese hartazgo votaron sin mucho pensarlo por quienes están en el poder; por ello, están obligados a dar resultados contantes y sonantes, palpables y benéficos para los ciudadanos, a riesgo de ser criticados si no hacen su trabajo, les guste o no, ese es el ejercicio de la libertad de expresión, que no se les olvide que ustedes lo hacían.

En mi opinión, más que la revocación, el gobierno debería estar más preocupado y ocupado por atender los graves problemas sociales que nos carcomen y lastiman a lo largo y ancho del territorio nacional, como la inseguridad, los asesinatos de periodistas, el alza de los precios de la canasta básica y los servicios, los problemas de infraestructura educativa, la deserción y el gran rezago educativo, los deficientes servicios de salud, la carencia de vivienda, la carencia de servicios e infraestructura básica de las miles de comunidades marginadas tanto urbanas como rurales. En estos y otros temas debería estar ocupado de tiempo completo la burocracia y los militantes del partido en el poder, y dejar a un lado estos montajes políticos, que desgastan inútilmente al sistema político actual. 

Por ello, los mexicanos con una dosis de inteligencia, antes que dejarnos atrapar por una farsa de la 4T, debemos reflexionar, analizar y opinar. 

La revocación no nos beneficia en nada, esto no es lo que necesita el pueblo, lo que realmente necesita, son acciones concretas con resultados palpables que resuelvan de manera pronta y eficiente todos los problemas sociales, desgraciadamente eso no está en la agenda de la 4T, en estos tres años de gobierno no hay respuestas claras a los problemas de la gente. Por ello, no hay más opción para el pueblo que seguirse educando, organizando y luchando hasta vencer a ese gran enemigo que es la pobreza. 

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