MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Olintla, 35 años de lucha y unidad popular

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El 11 de diciembre de 1990, una gran fuerza popular demostró que, frente a las armas del cacicazgo, sólo el pueblo organizado es capaz de detenerlo. Para lograrlo fue necesaria la unidad, el trabajo colectivo y la luz del faro de los pobres de México: el Movimiento Antorchista Nacional.

Fue la unidad y fuerza del antorchismo nacional que, a través de un plantón y la manifestación pública, exigió justicia, la liberación de los encarcelados y el respeto a su derecho a la libre organización.

El abuso y el fuete sumieron al municipio de Olintla en la miseria; no había obras de beneficio social, porque las autoridades aseguraron que ahí no llegaban las participaciones. Las familias olintecas no sólo eran víctimas de las condiciones materiales que apenas les permitían llevar una tortilla a su estómago, sino de la discriminación y el abuso por el cobro excesivo de impuestos y multas:

Los jefes de familia eran sacados por la fuerza de sus viviendas, o bien para pagar la multa o para ser encarcelados por no participar en los trabajos forzados en beneficio del gobierno caciquil.

La situación se agravó en 1985, cuando la autoridad municipal cobró a los pobladores una obra de electrificación ejecutada por la federación y los obligó a trabajar en la obra bajo la excusa de faena.

El abuso y sometimiento del gobierno caciquil no podía seguir. “Decidimos luchar; luchamos solos, sin decirle a nadie, pero vimos que no podíamos resolver el problema del maltrato que sufríamos, porque nadie nos hacía caso”, fueron las palabras de Aureliano Gómez Sotero, líder de los olintecos y activista social, en una entrevista publicada en el medio digital contigopuebla.mx.

Fue entonces cuando se decidieron a buscar al Movimiento Antorchista, una organización que había llegado al municipio de Zacapoaxtla y de la que habían escuchado que sí apoyaba a los humildes.

En la primera reunión, los líderes antorchistas enfatizaron que la lucha no sólo debía darse para terminar con el abuso del cacicazgo, sino en busca de un municipio y una patria más justa para la clase trabajadora.

El pueblo totonaco se decidió y comenzaron los trabajos para cambiar el rumbo: solicitaron la intervención del gobierno estatal para destituir al presidente municipal, se impulsó el trabajo colectivo y, de esta manera, lograron que un auténtico representante del pueblo, don Aureliano Gómez Sotero, llegara a la presidencia.

La administración de don Aureliano realizó varios trabajos, principalmente de atención a las necesidades de servicios básicos y de comunicación, que eran urgentes por el atraso del municipio.

El desarrollo comenzaba a florecer y al cacicazgo no le gustó; bajo amenazas, una campaña de desprestigio y la fuerza de las armas, recuperó la administración municipal y se dispuso a correr a los antorchistas.

Al enterarse, los antorchistas de la Sierra Norte decidieron cobijar con su fuerza, respaldo y solidaridad a sus compañeros olintecos; para ello, llevarían a cabo un mitin de protesta en la cabecera municipal.

La mañana del martes 11 de diciembre de 1990, antorchistas de varios municipios, principalmente de Huitzilan, Jopala y las comunidades de Olintla, llegaron caminando por las principales entradas de Olintla, cuando el cacicazgo, con el apoyo de sus similares en la región, apuntó sus armas contra los humildes y las detonó.

Aquella mañana gris cayeron por las balas asesinas dos antorchistas del municipio de Jopala: Manuel Agustín Romero y Francisco García, así como Manuel Marceliano Sotero, de Zaragoza, comunidad de Olintla; hubo 20 lastimados de bala, más de 70 golpeados con palos y puños, entre ellos muchas mujeres y niños; otros tantos fueron encarcelados.

Sin embargo, el cacicazgo olvidó que Antorcha es unidad y una fuerza social importante que, para entonces, ya se encontraba en varios estados y municipios.

En su visita a Olintla, durante el evento de conmemoración de los 35 años de esta agresión, la Maestra Hersilia Córdova Morán, integrante de la Dirección Nacional del Movimiento Antorchista, recordó: “Cuando llegó la noticia, tuvimos que conectarnos los que éramos miembros del estatal y nos fuimos a plantón; amanecimos en palacio de gobierno y se hizo sentir nuestra voz y se hizo sentir nuestro coraje, nuestra inconformidad”.

Fue la unidad y fuerza del antorchismo nacional que, a través de un plantón y la manifestación pública, exigió justicia, la liberación de los encarcelados y el respeto a su derecho a la libre organización. Fue la unidad de los pueblos la que permitió a Olintla seguir dando la lucha frente a las agresiones del cacicazgo, las cuales no cesaron: en 1992 corrieron a un grupo de ejidatarios que simpatizaban con la organización; gracias a la gestión de Antorcha se fundó la colonia Libertad, donde les dieron un lugar donde vivir.

Antorcha se convirtió en la guía y fuerza del pueblo totonaco, logrando con su lucha importantes avances en las condiciones materiales y de infraestructura: pavimentaciones, servicios básicos, apoyos al campo y a la vivienda; se formaron dos colonias antorchistas, que son ejemplo por su desarrollo; se abrieron escuelas en la cabecera municipal, así como en dos de sus juntas auxiliares, Vicente Guerrero y Chipahuatlán, a las que asisten los hijos del pueblo trabajador y en las que reciben una formación integral.

Hoy más que nunca tienen vigencia las palabras que la Maestra Hersilia Córdova dirigió a los olintecos: “Luchemos y luchemos siempre con la idea de unirnos, de formar un frente y, en el momento preciso, alzarnos como el ave fénix y hacernos del poder político del país, para que al fin sea gobernado por una clase visionaria, por una clase revolucionaria, por una clase verdaderamente sensible a los problemas del pueblo trabajador; por un verdadero representante de los humildes de México”.

Así como las que dijo don Aureliano: “Los olintecos no dejaremos que nadie nos apague la llama que prendió para iluminarnos, porque Antorcha es la mejor opción para el país”.

En las circunstancias actuales, en las que el imperialismo norteamericano se siente dueño y amo de todo, acecha con la invasión y amenaza a los pueblos del mundo para seguirlos saqueando, este ejemplo, como el de otros lugares que han decidido romper las cadenas de la opresión, nos muestra que sólo la unidad de los pueblos es capaz de detener las armas y la voracidad de quienes por años se han dedicado a enriquecerse a costa de la explotación de los más humildes.

Compañeros de Olintla y de todo el país, hoy más que nunca es urgente la organización y unidad de todos los humildes, para dar la lucha por una patria y un mundo más justo. La realidad nos lo exige y nos ha demostrado que sólo unidos y en colectivo lo lograremos.

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