MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Oaxaca, hervidero de extorsión a migrantes

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Quizá para la mayoría de los mexicanos, el problema de la migración hacia Estados Unidos es de poco interés, pues para nuestra realidad se ha vuelto algo cotidiano que los mexicanos migremos hacia ese país vecino.

Sin embargo, lo que no se puede ocultar porque es visible es que, de unos años para acá, ha aumentado la migración de nuestros vecinos de América central, Guatemala, Honduras y El Salvador, principalmente, y, por ende, son ellos los que aparecen como el centro de atención en los medios de información.

Así, vemos noticias sobre la intensidad de los cruces ilegales en nuestra frontera sur, la narración a detalle del viacrucis de los migrantes en nuestro país, la falta absoluta de protección y apoyo del Gobierno mexicano que los deja librados a su suerte y a merced de los grupos delincuenciales y, actualmente policiales que, con toda impunidad, los asaltan, roban, violan, extorsionan y asesinan.

Hasta ahora, podemos decir que, la atención de los medios se centra, pues, en las terribles dificultades que tienen que vencer en México para atravesar el territorio nacional y llegar a la frontera con los Estados Unidos.

Pero poco o nada ahondan en la repercusión política y social del movimiento migrante en las comunidades por donde pasan o se estacionan, un fenómeno que recién ahora empieza a hacerse visible pues, el problema con la llegada al poder de la Cuarta Transformación, es que en uno de sus primeros discursos pronunciado a fines de 2018, el presidente Andrés Manuel López Obrador -entonces presidente electo-, prometió enfáticamente que, en su gobierno se acabaría la diferencia, el abandono y el maltrato a los migrantes centroamericanos. Que se combatiría la delincuencia que los despoja y asesina y habría trabajo para todo el que quisiera asentarse en nuestro país, “quien lo solicite tendrá una visa de trabajo y contará con todo el apoyo de mi gobierno para rehacer su vida entre nosotros… La migración no se resuelve con el uso de la fuerza ni con deportaciones sino ofreciendo oportunidades aceptables a la gente”, dijo.

Promesas generosas, pero no factibles y de cierto riesgo; primero porque se ignoró el nivel de pobreza, desempleo y falta de servicios que padecen la gran mayoría de los trabajadores mexicanos, mayoría que se sentiría discriminada ante un mejor trato a los migrantes, mientras a ellos se les niegan los mismos derechos; segundo porque provocarían una enorme ola migratoria que el gobierno no podría controlar y tampoco satisfacer el volumen de demandas que inevitablemente generaría el tamaño de la masa de necesitados, y los escasos recursos del gobierno que se verían rápidamente rebasados, con lo que no se vió que incumplirían los ofrecimientos y se generaría desilusión, reclamo y un probable conflicto social.

Pues bien, tan pronto como López Obrador asumió el poder, nuestra frontera sur, antes relativamente tranquila, se convirtió en un hervidero de personas llegadas de varias partes de América y el Caribe que exigían, tenazmente, libre tránsito o una visa mexicana que les permitiera viajar hacia la frontera norte.

La migración descontrolada que entraba casi libremente por el sur de México generó de inmediato sobre la autoridad migratoria norteamericana una inusitada demanda de asilo por lo que el problema escaló rápidamente a grado tal que el presidente norteamericano exigió un cambio inmediato de nuestra política migratoria para frenar radicalmente el éxodo de centroamericanos so pena de que castigar a las exportaciones mexicanas a su país con un arancel general de 25 por ciento.

Por si fuera poco, para darnos cuenta del daño que nos amenazó, recordemos que del total de productos que México exporta, más del 80 por ciento tiene como destino Estados Unidos, por lo tanto, un sobreprecio del 25 por ciento sobre este inmenso arsenal de mercancías, sería la quiebra de miles de empresas y la economía del país entero se vería en crisis.

Entonces, no hubo más remedio que doblar las manos, y como no era de ser raro, el presidente hizo fiesta en la frontera norte para celebrar su triunfo diplomático, pero a continuación envió a 25 mil elementos de la Guardia Nacional a resguardar la frontera con Guatemala y a frenar por la fuerza, la ola migratoria que él mismo había provocado.

Así, de inmediato pudimos apreciar que la Guardia Nacional (GN) y el Ejército Mexicano comenzaron a cazar  literalmente, y a deportar  a los migrantes sin atender a sus motivos ni respetar sus derechos humanos y migratorios, que fue curiosamente lo que el presidente había prometido que no sucedería bajo su gobierno.

Así, en recientes días, presenciamos la aterradora muerte de 39 migrantes provenientes de Honduras, Guatemala y Venezuela que se encontraban detenidos en una estación migratoria del Gobierno mexicano, ubicada en Ciudad Juárez, de donde no escaparon con vida los migrantes encarcelados, esto luego de provocar un incendio al interior que los asfixió o calcinó.  

Como se ha dado a conocer en diversos medios de comunicación, los migrantes que fallecieron en esa cárcel migratoria no eran delincuentes, sino personas, como hay millones en el mundo, que buscaban llegar a Estados Unidos para trabajar en lo que encontraran y así mandar dinero a su familia empobrecida.

En Oaxaca, según el portal nvinoticias.com, “cada día llegan al Istmo de Tehuantepec y la Costa oaxaqueña, un promedio de 500 migrantes centroamericanos que buscan continuar su éxodo a la frontera con Estados Unidos, alrededor de 15 mil 200 persona al mes, lo que representa toda una tragedia humanitaria y de seguridad pública para el estado”.

Y por si fuera poco, como bien documentó El Universal de Oaxaca:“Un grupo de personas migrantes originarios de Guatemala y Honduras denunciaron ser víctimas de robo y agresiones por dos elementos de la Policía Estatal, corporación policíaca de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana de Oaxaca. Pablo Palacios, originario de Guatemala, relató a El Universal que llegaron a la ciudad de Oaxaca alrededor de las 11 de la noche de ayer y se refugiaron en una plazuela del Parque del Amor para descansar antes de continuar su viaje al norte del país, en su intento por cruzar hacia Estados Unidos. Primero, continúa, llegaron policías municipales quienes les pidieron permisos para estar en el país. Ellos se los mostraron y les dijeron que esos no servían, que iban a permitir que se quedaran en el parque, pero que no se hacían responsables si llegaban federales o policías estatales”. Es decir, del gobierno que dijo ya no habría más corrupción, en los hechos en la entidad oaxaqueña tortura a migrantes.

Así, las víctimas que huyeron de la muerte por hambre en sus países y encontraron la muerte en una infecta celda mexicana en la frontera con Estados Unidos, como es el caso más reciente ocurrido en nuestro país como consecuencia del terrible problema migratorio causado en todo el mundo por el capitalismo y un gobierno ruin como lo es la 4T.

Ante todo lo anterior, es hora ya de dejar las ilusiones y de ver la cara de la dura realidad de frente, es hora de entender que el gobierno actual no hará nada eficaz para poner remedio a la situación, pues como no queda duda, al presidente no le importan en absoluto los refugiados ni los mexicanos que huyen de la violencia y la pobreza.

Entonces, sólo el pueblo unido y organizado podrá hacer frente a esta y a todas las calamidades que azotan al país, que es de todos.

 

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