MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Llegó la hora del pueblo organizado

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  •  Los colimenses sufren constantes bloqueos en carreteras mientras la riqueza del puerto beneficia sólo a empresarios

La autopista que conecta a Manzanillo con el resto del país no es cualquier vía de comunicación; es la principal arteria por donde circulan, según se sabe, más de 33 millones de toneladas de mercancías, esto es, cerca del 58 % de todos los productos que transitan por el océano Pacífico, procedentes del continente asiático. 

La imponente riqueza que entra y sale por el puerto de Manzanillo la podemos ver a diario, principalmente en contenedores, que son enormes cajas metálicas de 20 (TEU) y 40 (FEU) pies de largo que, en lo que conocemos como transporte de carga pesada, invaden literalmente las principales carreteras de acceso.

Somos muchos los que decimos que ha llegado la hora del pueblo, pero para ello es necesaria la organización revolucionaria.

En portales digitales como los de Asipona-Manzanillo y Data México, se dice que en el puerto se registra un movimiento de cerca de cuatro millones de TEU por año, concentrando ahí la movilidad de cerca de la mitad (41 %) de todos los contenedores de México; en los cuales se mueve más de 5 mil 960 millones de dólares en carga comercial trimestralmente. Los destinos nacionales de toda esta mercancía son, principalmente, el centro y Bajío del país, cuya suma de entidades representa más del 67 % del PIB nacional.

Pero como en la realidad todo se comporta siempre en términos dialécticos, promover un bienestar para unos conduce a un malestar para otros, indefectiblemente. Y aquí, la fatalidad se cumple. Los gobiernos desempeñan su tarea de abrir mejores caminos a la mercancía en su paso; bien para los empresarios. Pero olvidan y abandonan a su suerte a los trabajadores; mal para el pueblo.

El modo de producción capitalista abre puertas para las mercancías en todo el mundo; y nada le importa si esas mercancías hacen bien o hacen mal a la humanidad. Por Manzanillo, junto y en el mismo lugar de las mercancías lícitas, entran al país las mercancías ilícitas, y como en las demás, quienes trafican y delinquen con estupefacientes, precursores químicos y demás, reclaman su derecho al negocio y lo defienden con violencia. Y en todo esto, quien debe pagar las consecuencias, siempre es el pueblo trabajador.

Los constantes e interminables bloqueos carreteros que sufrimos los colimenses casi a todas horas en los últimos tiempos, con las consecuencias que ya conocemos, son prueba tangible de lo que digo.

Los capitalistas reclaman paso a sus mercancías. Para sus mercancías lícitas bloquean el paso en la autopista con obras carreteras de todo tipo, y con los accidentes provocados involuntariamente por sus camiones de carga pesada. Para reclamar el paso a sus mercancías ilícitas, bloquean el paso con balaceras, ponchallantas y vehículos incendiados. Y esto no tiene para cuándo terminar.

Es cierto. Si se amplía el puerto al vaso II de la laguna de Cuyutlán, crecerá en la misma dimensión el trasiego de mercancías lícitas, pero también el paso de las mercancías ilícitas. Es posible que disminuyan los bloqueos por obras, pero no así los bloqueos por accidentes; además, los bloqueos carreteros violentos, motivados por el paso de estupefacientes de todo tipo, aumentarán.

Esto es lo que hemos visto hasta ahora. Bloqueos carreteros en el libramiento El Naranjo por los accesos al puerto; bloqueos con vehículos en llamas en la entrada a Manzanillo y los accesos libres de la zona alta del municipio; bloqueos por obras en el tramo de la autopista Manzanillo-Armería; bloqueos en el tramo de Tecomán por obras y vehículos incendiados a propósito; bloqueos por obras, violencia e incendios en la entrada a Caleras; bloqueos en la autopista por obras y accidentes en el tramo de la Salada hasta la salida a Los Asmoles. Y no podían faltar los bloqueos continuos en el tramo de autopista que pasa por la capital.

Visto hasta aquí el problema, pareciera que el pueblo trabajador está condenado de por vida a sufrir un suplicio parecido al del mito de Tántalo, el personaje aquel castigado por Zeus, confinado a vivir inmóvil en un lago, sumergido hasta el cuello en aguas cristalinas y rodeado de árboles frutales; sin embargo, cada vez que intentaba beber, el agua retrocedía, y cuando intentaba comer de los frutos colgantes, las ramas se elevaban.

Esto que parece una ley fatal e inamovible, en realidad no lo es. El pueblo sabe que tiene necesidad de disfrutar, cuando menos en la medida generadora de su trabajo, de la misma riqueza que produce con su sacrificio. Pero no sabe cómo reclamarlo.

Federico Engels escribió en su obra el Anti-Dühring lo siguiente: "Las fuerzas activas en la sociedad actúan absolutamente como las naturales, ciegas, violentas y destructoras hasta que las conocemos. De modo especial, las fuerzas de producción, en tanto nos negamos a entender su naturaleza y su carácter, actúan fuera de nosotros y contra nuestra voluntad, y terminan por dominarnos. Pero una vez que se haya comprendido su naturaleza, fácil es transformarlas de tiranos demoníacos en siervos voluntariosos. La necesidad es ciega únicamente en tanto no se le comprende”.

Y esto es absolutamente cierto. Debemos saber que parar el crecimiento del puerto marítimo de Manzanillo, y todas las consecuencias de los bloqueos carreteros violentos o no violentos que sufrimos por todos lados, no es posible por ahora. 

Pero lo que sí es perfectamente posible, es organizarnos en una sola fuerza, capaz de dosificar la entrega de nuestro trabajo a todas las empresas, y condicionarla al bienestar común de todos los trabajadores.

Que esto es posible en un futuro no lejano, lo demuestra el hecho científico que enseña que toda existencia de riqueza habida y por haber, sólo es posible con la explotación creadora del trabajo humano. Si los trabajadores paran la acción de su trabajo, paran la creación y el movimiento de la riqueza.

Somos muchos los que decimos que ha llegado la hora del pueblo. Pero, como dijeron ya otros humanistas en su tiempo: "No basta conocer para someter a las fuerzas sociales a la soberanía de la sociedad (del pueblo): para ello es necesario un acto social"; es decir, es necesaria la organización revolucionaria.

En esto debe consistir la aspiración a superar la sociedad actual, aspiración a una sociedad igualitaria de hombres y mujeres libres, o como se dice en el Manifiesto Comunista de mil 848, a una "asociación en la que el libre desarrollo de cada uno sea condición del libre desarrollo de todos".

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