El próximo 8 de febrero se realizará la VI Jornada Nacional de Oratoria que organiza el Movimiento Antorchista. No es una jornada cultural más; tampoco nos reuniremos para aplaudir la estética de una voz bonita ni la elegancia de un gesto ensayado; lo que se va a presenciar ese día es afilar una de las armas más poderosas y necesarias para la defensa de nuestro pueblo.
La palabra justa tiene el poder de tumbar mentiras y, lo más importante, de unir voluntades dispersas.
En México, la pobreza no es una casualidad; es un diseño calculado del sistema económico capitalista, pues atreverse a hablar con claridad, con verdad y con dirección revolucionaria es, en sí mismo, un acto de alta subversión.
Estamos en una época donde el sistema ha secuestrado el lenguaje, ha convertido la palabra en una mercancía barata, que se utiliza sólo para tiempos electorales.
Asimismo, vemos a diario cómo los políticos de todos los colores utilizan discursos diseñados para no decir nada: nos dicen que existe una “transformación” mientras se roban los recursos del país como si nada; nos prometen una “justicia” que solo sirve para proteger al gran capital; se llenan la boca hablando de “pueblo”, pero no hacen nada para mejorar las condiciones, todo se queda en palabras al aire.

La oratoria que ellos utilizan es un veneno, es un ejercicio de hipocresía diseñado con un solo fin: “adormecer conciencias”. Buscan que el ciudadano acepte su miseria como algo natural, que agradezca las migajas y que pierda la capacidad crítica.
Contra esa farsa, Antorcha levanta la oratoria del pueblo; las diferentes jornadas culturales, en especial la jornada de oratoria, no buscan al charlatán elegante ni al demagogo que persigue el aplauso fácil: buscamos la voz ronca pero firme del obrero que sabe explicar, con precisión, cómo le roban la vida en la fábrica por un salario de hambre; buscamos al campesino que, con las manos curtidas, denuncia el abandono criminal del campo mexicano; al estudiante que desnuda las mentiras de una educación elitista que le cierra las puertas.

En la VI Jornada de Oratoria se forja el carácter y la conciencia de clase; se trata de aprender a señalar al verdadero enemigo. He visto cómo una explicación certera, fundamentada en el estudio y la realidad, puede encender la chispa en los ojos de la gente; la palabra justa tiene el poder de tumbar mentiras y, lo más importante, de unir voluntades dispersas. Un pueblo que sabe nombrar sus cadenas y entiende quién las forjó está a un solo paso de romperlas.
No necesitamos mesías que piensen por nosotros; necesitamos personas conscientes, hombres y mujeres que, desde sus colonias, escuelas y centros de trabajo, sean capaces de analizar la coyuntura, explicarla a sus compañeros y convocar a la acción.

Debemos tener claro que el cambio verdadero, para una sociedad sin miseria donde el fruto del trabajo beneficie a quien lo produce, no llegará por la “buena voluntad” de los de arriba; se conquistará únicamente con la organización y la lucha inteligente del pueblo, y en esa batalla histórica la palabra es nuestra primera trinchera, nuestro primer frente de combate; es el instrumento vital para dejar de ser una masa manipulable y convertirnos en un pueblo invencible.
Por eso la invitación a la VI Jornada de Oratoria va más allá de la asistencia; es una convocatoria a apropiarse de esta herramienta, a estudiar, leer, analizar y, sobre todo, a hablar. No quedarse callados, hablar en las asambleas, para que cada palabra pronunciada sea firme y contribuya a la construcción de una fuerza social que, tarde o temprano, hará trizas este sistema injusto.
0 Comentarios:
Dejar un Comentario