MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

La infraestructura educativa: su relación con la necesidad

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Desde que el ser humano es ser humano ha dependido de la transformación de su entorno para avanzar a estadios cada vez más sofisticados que le permitan saciar sus necesidades y, con ello, reproducirse y sobrevivir al escarnio del tiempo, tratando (cuando menos así parece) de mejorar sus condiciones respecto a la naturaleza.

Filósofos imprescindibles para el pensamiento humano se han preguntado cuál es la relación entre la naturaleza y los seres humanos, Hegel, sin duda uno de los pensadores con mayor impacto, a grado tal que en la actualidad sigue generando diálogos con nuestros intelectuales y, además, cuyo modelo de Estado es capaz de poner en aprietos al neoliberalismo, llega a la conclusión de que naturaleza y razón están separados, el ser humano avanza en la historia abandonando su estado natural y dirigiéndose hacia la “civilidad”, con ello, se puede entender (en el nivel más elemental) que el ser humano se disocia de la naturaleza para conseguir un fin primigenio: la supervivencia. Pero dicho fin no es el único, pues las necesidades del humano se extienden a la conciencia y el espíritu, y dichas necesidades sólo pueden ser satisfechas por el avance de la razón.

Llegados a este punto debemos contraponer al que una vez fuera su alumno, pensador crucial para entender las ideas políticas del último siglo y medio: Marx. Existe una diferencia más o menos sustancial entre los filósofos mencionados, sostengo que es “más o menos sustancial” porque Hegel de ninguna manera se inclina hacia un idealismo ingenuo, sino queplantea que existen relaciones entre sujetos concretos (dadas en lo real y no en lo conceptual), y son estas relaciones las únicas capaces de satisfacer las necesidades primarias de los sujetos de una comunidad, pero la cobertura de dichas necesidades primarias no basta para el avance de la razón y, por lo tanto, no basta para sofisticar a las sociedades, se tiene que desarrollar, forzosamente, la reflexión y autorreflexión de los sujetos (esto supone completamente el desarrollo educativo, conceptual y abstracto de los mismos), dicho avance en la historia tiene como motor la búsqueda de la libertad. Por su parte, Marx no supone que “el motor” de la historia sea la libertad, sino, la lucha de clases, su modelo de Estado se establecerá como el de un aparato represor de a clase dominante hacia la dominada, pero visibiliza (conceptualmente, pues estas relaciones en el capitalismo son invisibilizadas) las relaciones sociales de producción para la reproducción de la humanidad así como la toma de conciencia de una parte de la sociedad (conciencia diferenciada de la de Hegel por su particularidad de clase). Como puede observarse, en puntos muy sutiles existe un terreno común entre los autores, quizás el más importante sea la relación que ambos establecen entre las necesidades básicas cubiertas para posibilitar el avance de la sociedad en otros aspectos.

He deseado destacar estos puntos porque dos pensadores, conocidos en la divulgación como “opuestos”, no terminan de coincidir con nuestra época; en los aciagos días que nos toca atravesar, la sociedad, si bien conserva lo esencial de lo señalado por ambos filósofos, ha cambiado sus dinámicas, centrando la preocupación en asuntos que no logran formar parte de las necesidades esenciales, llevando su propia reflexión a un desfase entre lo que sus necesidades fundamentales solicitan y lo quesus espíritus reclaman, o sea, según Marx, la sociedad hace reclamos fundándose en una falsa conciencia, o sea, en su ideología (aunque bien se podría mencionar a Horkhaimer, quien señalará la ideología seconforma por partes falsas y por partes verdaderas, no obstante, el desfase entre un segmento y otro seguiría aconteciendo).

A estas alturas cualquiera que lea estas líneas estaría en todo el derecho de preguntarse qué tiene que ver esto con la educación, y bueno, estas ideas se plantan ante nosotros porque la educación masificada, universal y pública está en crisis, por un lado los planes de estudio son cada vez más deficientes, pero, peor aún, las condiciones fundamentales para poder enseñar (sea cual sea el plan de estudios) no se encuentran dadas; escuelas en condiciones deplorables, sin servicios indispensables como agua corriente o luz, sin salones suficientes para poder impartir dentro de éstas no sólo las asignaturas básicas, sino mayor número de disciplinas para preparar a nuestros niños. ¿Es conveniente para nuestros niños y jóvenes una educación precaria? ¿Por qué tendríamos que conformarnos con eso, por ser pobres? Hoy más que nunca debemos atender la demanda infraestructural de las escuelas públicas, pues sin condiciones básicas que sostengan y brinden los espacios para enseñar y aprender será imposible el avance de cualquier sociedad hacia una mayor civilidad y mejores condiciones, que, dicho sea de paso, parece ser una crisis no sólo mexicana, sino mundial.

La dinámica del capitalismo y del mercado parece reclamar la desaparición cada vez mayor de la instrucción universal, la desaparición de humanidades y ciencias sociales, así como el recorte a becas, responden a las dinámicas del mercado, pero aquellos cuya dignidad y bienestar están en juego con la desaparición de su propia reflexión parecen aún no percatarse de cuántas herramientas para enfrentar y transformar la realidad están perdiendo (estamos perdiendo). Nuestra tarea es doble, porque hoy nos toca enfrentar a la precariedad estructural y conceptual, si no entendemos pronto que el aprendizaje y el estudio serio son las únicas herramientas que tenemos para comprender el mundo y qué queremos de éste (así como el camino para lograrlo) nos condenaremos aún más a una existencia ya de por sí miserable (con las condiciones actuales de trabajo), cegados por el tan promovido individualismo y sacrificando nuestra única oportunidad de ser “universales” y de labrar un mejor futuro.

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