MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

La cueva de Amparo

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Nacida en la primera capital de nuestro bello Chiapas y poseedora de una voz tan aterciopelada que bien pudo vestir a las aves endémicas de nuestra región, Amparo ¡Amparísimo Montes! Vio la luz en la cuna de la revolución chiapaneca.  

Siendo una de las más grandes intérpretes de boleros, lo mismo dio vida en su voz a Joaquín Pardavé como a Gonzalo Curiel; a nuestros paisanos, “Los Domínguez” como a Agustín Lara y otros grandes que volvieron a la vida por su labio, sin duda, uno de los más grandes referentes en cuánto a interpretación del bolero se trata es, y seguirá siendo Amparo Montes. 

“La señora bolero” como se le conocía en el mundo de la bohemia, pudo cautivar la Ciudad de México con el sabor del bolero que inunda los corazones y construyó también su cueva, La Cueva de Amparo que era precisamente eso, el sitio en donde ampararse podían los bohemios de corazón multihabitado y que se afianzaban a las letras eternas que concedía nuestra música popular y de las que aún, echamos mano para las noches eternas de guitarra, piano y vino. 

Hacia 1941, una época de gran expansión cultural que se daba en la época post revolucionaria, se justificaba la teoría de que arte y política se confluyen, se unen e intervienen una en el otro, los grandes muralistas pintaban al pueblo con sus rifles y sombreros en las paredes inquebrantables que perpetúan la historia de nuestro país. Ahí, la radio pudo escuchar en vez primera a la joven Amparo que, como abogada de “El flaco de Oro” ante el juicio mal ganado del olvido que prestan los años, defendía en su labio la melodía y las letras poéticas de don Agustín Lara, una joven chiapaneca mostraba al mundo, (como si de Ángela Peralta hablasen) cómo se cantaba en la gloria. 

La radio pues, fue testigo fiel del descubrimiento de la voz chiapaneca más importante de los años últimos. Rodrigo de la Cadena, el llamado “Último bohemio” sobre la primera interpretación de Amparo en la radio, afirma que fue “Altivez, de Alfredo Parra, (la primera canción que hubo interpretado a través de la frecuencia radiofónica) provocando una reacción muy positiva tanto en la audiencia del teatro-estudio como en Enrique Contel, Emilio Ballí y Carlos Riveroll, los dos gerentes y el director artístico de la Q. A partir de entonces el éxito no se hizo esperar y Amparo, la revelación del momento, se convirtió en una de las cancioneras estelares de la época”. 

Para Chile, el 4 de septiembre de 1970 hubo sido una fecha que quedase marcada para siempre, fue un día viernes. Ese día disputaron la presidencia de la republica 3 candidatos: El empresario Jorge Alessandri, sustentado por la derecha, el socialista Salvador Allende, apoyado por la unidad popular, y Radomiro Tomic, de la democracia cristiana. Y, en México, veía por vez primera la luz, “La Cueva de Amparo” que contrastabas con los nuevos géneros que llamaban al ritmo y los géneros cada vez más bailables, no menos paladeables pero sí un tanto más estruendosos. 

Fue casa también de otros grandes intérpretes y sólo Dios ha de saber cuántos boleros se cantaron allí, en el sitio en donde la música tenía aposento y se reconciliaban las letras y melodías olvidadas con los oídos virginales de la audiencia que tal vez, nunca antes hubo escuchado y también las letras nuevas que auguraban la perpetuidad del orgullo de nuestro país a través de su música. 

Atrás quedaron ya esos años y, sin embargo, aun cuando se oye el principio de un vinilo, de pronto, en una casa de antigüedades o en los barrios del centro, parece que brotará la voz de doña Amparo, aquella que dio vida a la música y de quién, los chiapanecos, deberíamos sentirnos profundamente orgullosos. 

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