MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

La 4T sin estrategias educativas

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Inicia un nuevo año y, como todo inicio de año, no faltan los buenos deseos y propósitos, sin embargo, estos quedan rebasados cuando hablamos de materia educativa, ya que seguimos en la gran incertidumbre desde que inició el proceso de regreso presencial a las escuelas.

Iniciamos 2023 sin escuchar de las autoridades encargadas de la educación los tres propósitos que hoy y, desde hace ya más de dos años, queremos escuchar: una estrategia contra el abandono escolar, desarrollo de aprendizajes fundamentales para diagnosticar a todos los niveles educativos, y empezar a resarcir el rezago escolar con atención prioritaria al tema de las habilidades socioemocionales de todo el alumnado.

Hemos repetido el tema muchas veces, pero nuestra insistencia se vuelve cada vez más preocupante porque siguen pasando los años, las administraciones, los gobiernos, y las autoridades federales no parecen entender que las decisiones que se toman solo abonan la incertidumbre y las brechas se amplían.

Llas comunidades escolares siguen afrontando los mismo problemas que en el periodo pasado, en el ciclo 2021-2022 y en todos los años anteriores a estos, estrategias o actividades sin ninguna iniciativa, reciclando programas y planes, sin presupuesto suficiente, sin procesos de evaluación para entender lo que funciona y lo que no, y sobre todo sin políticas públicas que orienten las decisiones y que las encaminen hacia un objetivo que debería ser común: que las y los más de 29 millones de estudiantes en México adquieran los aprendizajes necesarios para desarrollar e impulsar nuestra sociedad.

De acuerdo con el Coneval, 829 mil estudiantes de primaria y secundaria no se inscribieron en el ciclo escolar 2020–2021 y para el ciclo 2021–2022, otros 216 mil estudiantes quedaron fuera, es decir no sólo perdimos estudiantes durante la virtualidad sino que seguimos perdiendo al regreso presencial y el problema más grande es que no hay una estrategia para buscar a los ausentes, mucho menos presupuesto para lograrlo.

En términos de aprendizaje la situación se agrava con indignación, no hay datos públicos que den cuenta de lo estudiantes saben en lectura y matemáticas, no existe un parámetro para especificar cuánto dejaron de aprender durante el cierre de las escuelas, el 68.5 % de los estudiantes de nivel básico no pueden realizar una división y 42% terminan la primaria sin comprender textos diseñados para cuarto grado.

A pesar de todos los cambios que se han prometido en cada uno de las administraciones pasadas y las que están en turno, México sigue sin progresar en materia educativa, un análisis realizado en 39 países, entre miembros de la OCDE y los que mantienen acuerdos de cooperación con la institución, arrojó que el 21.7 por ciento de jóvenes de 18 a 24 años, en México, no cuentan actualmente con un empleo y tampoco se encuentran estudiando algún grado escolar.

El presidente de la república, Andrés Manuel López Obrador piensa salvar el sistema educativo con programas clientelares, entregando apoyos a los estudiantes para que continúen con sus estudios, colocando en la dirección de la SEP a gente que no tiene ninguna idea de lo que necesita la comunidad educativa y mucho menos la sociedad.

Las autoridades escolares se equivocan con la concepción de lo que es un sistema educativo con cada una de sus iniciativas, piensan que solo es transmitir contenidos a los estudiantes a través de clases; dichos cursos dividirlos por niveles; que los alumnos cursen estos niveles según su edad y conocimientos; y a medida que se van aprobando los cursos se obtiene un certificado que avala los conocimientos adquiridos.

El presidente confunde sistema educativo con proceso educativo, es que, en teoría, un sistema educativo es un conjunto de procesos estructurados por instituciones, donde el estado se encarga de regular su desempeño según las políticas educativas de cada país, así como los intereses y necesidades de la sociedad. Y él no conoce las políticas, no le importan los intereses y mucho menos las necesidades de nuestra sociedad.

Comienza otro año, buenos propósitos siempre hay, pero poco lograremos como sociedad si no atendemos con urgencia el problema de la educación en México, no podemos dejar que la educación se pierda frente a otros temas que parecen más atractivos, controversiales o mediáticos.

Debemos de alzar la voz hasta que la incertidumbre se transforme en verdadera garantía de mejora, no podemos seguir estando en estado de letargo para siempre sin prestar atención a lo que más importa, el desarrollo de nuestros jóvenes estudiantes y el desarrollo de una sociedad más justa. Cada ciclo escolar perdido significa menos oportunidades, para quienes ya dejaron la escuela es condenarlos a truncar su presente y su futuro, ya sea a manos del crimen organizado, afrontando condiciones precarias que sólo reproducen el ciclo de pobreza y exclusión.

No podemos permitirlo, hay que organizarnos y luchar por una educación de calidad, no hay otra forma que no sea luchar de manera consciente. Exhorto a quienes son críticos y especialistas en estos temas a sumarse a luchar y hacer más grande este llamado de exigencia, no seamos indiferentes, porque como dijo algún pensador, “(…) algunos lloriquean compasivamente, otros maldicen obscenamente, pero nadie o muy pocos se preguntan: Si yo hubiera cumplido con mi deber, si hubiera tratado de hacer valer mi voluntad, mis ideas, ¿habría ocurrido lo que pasó? Pero nadie o muy pocos culpan a su propia indiferencia, a su escepticismo, a no haber ofrecido sus manos y su actividad a los grupos de ciudadanos que, precisamente para evitar ese mal, combatían, proponiéndose procurar un bien”. La revolución no la hace un solo hombre, sino el pueblo organizado.


 

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