La llamada “cuesta de enero” que nos aqueja a los pobres cada inicio de año, con la consabida carestía y con las deudas hasta el cuello, aunque se presenta comúnmente como un accidente temporal o como un problema de administración personal.
“Culpa” del trabajador que descontrola su gasto en diciembre y paga las consecuencias en enero es, bien visto el asunto, sólo una más de las manifestaciones del sistema económico de explotación de la fuerza de trabajo, basado en la permanente precariedad de las mayorías para sostener las excesivas e irracionales ganancias que necesita el capital para acumularse en contadas manos de los monopolios, algunos de ellos globales.
En realidad, la “cuesta de enero” es la misma de todo el año y de todos los años porque es algo consustancial al actual modo de producción u organización de la sociedad para producir con base en la propiedad privada de los medios.
Esto ocurre sí o sí, a pesar de que, por otro lado, se impulse la ficción contraria mediante incrementos salariales nominales que en la realidad van a la saga de los precios de los medios de vida necesarios para el trabajador y su familia.
Hasta la Encuesta Nacional sobre Salud Financiera 2025 revela que para vivir sin deudas sería necesario un salario de 19 mil 500 de pesos mensuales, pero resulta que el 48 % de los trabajadores no percibe ni lo de dos salarios mínimos.

Agréguese que el número de desempleados o subocupados, que no perciben salario, ronda los 13 millones de mexicanos, lo que hace evidente que no se trata, como dicen los voceros del capital, de saberse administrar ni del descontrol de gastos en diciembre, sino que todo es culpa de los salarios de hambre, del desempleo y de los precios elevados que vuelven inalcanzables las mercancías, hasta las de primera necesidad para las familias humildes, todo en busca de la máxima ganancia.
En realidad, la “cuesta de enero” es la misma de todo el año y de todos los años porque es algo consustancial al actual modo de producción u organización de la sociedad para producir con base en la propiedad privada de los medios con que se produce, porque los “dueños” de esos medios (que en realidad también son hechos por la sociedad) se quedan con lo producido a pesar de que son otros quienes los elaboran con sus propias manos a cambio de un pago que apenas cubre sólo lo indispensable para sobrevivir.

Por ejemplo, este año el país crecerá, según el Instituto de Finanzas Internacionales, al 0.9 %, es decir, 0.6 % más que el año anterior; y aunque las cifras oficiales muestran una inflación anual moderada, con variaciones de 3.6 % a 3.8 % en los últimos meses de 2025, analistas advierten presiones sensibles sobre los precios en productos básicos que impactan directamente la economía familiar.
Así, por ejemplo, productos como el kilo de huevo oscila entre 50 y 60 de pesos, el de jitomate va de 30 a 40 de pesos; de la carne, como el bistec para milanesa que supera los 250 de pesos, o la carne de cerdo que se puede encontrar desde 155 de pesos el kilo y la pechuga de pollo que está entre 145 y 155 de pesos el kilo.
En San Luis Potosí las cosas no son diferentes: de acuerdo con los datos dados a conocer a medios informativos por el representante en la entidad de la Cámara Nacional del Comercio en Pequeño (Canacope), el precio de los alimentos y bienes básicos ha subido en los últimos trimestres, por lo que, aunque muchas familias ven con optimismo el aumento del salario mínimo, reconocen que los ingresos extra no siempre compensan las alzas del mercado local, ya que hay productos que han elevado sus precios, como huevo, leche y tortillas, que representan una parte significativa del gasto mensual de los hogares.

Además, los potosinos también deben lidiar con los aumentos anunciados para el inicio de año en productos como bebidas azucaradas, refrescos, cigarros e incluso la gasolina, derivados del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), “Por lo que la cuesta de enero”, indicó, “será terrible” (Plano Informativo, 5 de enero 2026).
Así el panorama, desde mi modesto punto de vista, la clase trabajadora debe escoger entre su callada resignación o su lucha, legal y pacífica pero lucha al fin, en pro de sus intereses; entre su estéril individualismo o la construcción de su auténtica organización como clase hija natural del sistema capitalista, llamada a abanderar la lucha de las grandes masas empobrecidas de la ciudad y del campo por la construcción de una sociedad más desarrollada sí, pero también más justa y equitativa en la repartición de la riqueza social.
Creo que esa tarea sólo puede ser asumida por el pueblo consciente, educado y politizado; por el pueblo organizado, por ser la única fuerza titánica capaz de crear un mundo nuevo, de paz y prosperidad para todos los seres humanos. Nadie más.
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