MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Espartaqueada Deportiva: herramienta para crear hombres integrales

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Del siete al quince de marzo, la cuna de nuestro movimiento, la Atenas de la Mixteca, la Unidad Deportiva Wenceslao Victoria Soto en Tecomatlán, Puebla, abrirá sus puertas para recibir a miles de almas. Se celebrará la vigésima segunda Espartaqueada Deportiva Nacional.

Buscamos usar el deporte para la formación de un ser humano nuevo, con un espíritu gregario donde el individuo entiende que su fuerza máxima sólo se alcanza trabajando en equipo.

Miles de atletas de todos los rincones de nuestra patria se reunirán para competir en disciplinas como el futbol, el basquetbol, el voleibol, el atletismo, la natación y el ciclismo, tanto en la rama varonil como en la femenil. Pero este no es un torneo más; este evento es la reivindicación del deporte como la gran herramienta de unidad, de educación y de organización para la clase trabajadora de México.

Muchos nos preguntan constantemente por el nombre: ¿por qué llamarle Espartaqueada? Primero, en honor al antiguo pueblo de Esparta, un pueblo guerrero caracterizado por su disciplina férrea, por su austeridad y por poner siempre, por encima del interés egoísta, el bienestar y la defensa de su comunidad.

Pero, sobre todo, lleva este nombre en honor a un hombre gigante en la historia de la humanidad: Espartaco. Viajemos por un momento a los últimos años del siglo primero antes de Cristo. La majestuosa y poderosa República Romana dominaba el mundo conocido, pero su grandeza estaba manchada de sangre; estaba cimentada por completo en la esclavitud y en la explotación brutal del trabajo servil. En ese contexto de opresión surgió un hombre de origen tracio, proveniente de un pueblo de pastores libres con un feroz espíritu de independencia.

Espartaco, ante la humillación de la esclavitud y obligado a morir en la arena como gladiador, no se rebeló sólo. Con un genio organizativo incomparable, lideró la insurrección de esclavos más formidable que conoce la historia humana. Convirtió a miles de hombres y mujeres humillados, a los desposeídos de la tierra, en un ejército que hizo temblar y puso en jaque a las legiones del imperio más poderoso del mundo.

La rebelión de Espartaco evidenció el inicio del declive de esa civilización antigua. Demostró que el mismo sistema esclavista que había forjado la grandeza de Roma la llevaría inevitablemente a su destrucción. Espartaco murió en batalla, sí, pero su nombre se convirtió en el faro eterno de la lucha contra la opresión.

Hoy, más de 2 mil años después, las cadenas han cambiado de forma, pero la opresión continúa. Vivimos en un sistema que nos quiere hacer creer que todo se puede comprar y vender; y el deporte, tristemente, no ha escapado de esto.

El sistema actual promueve un deporte elitizado y mercantilizado. El objetivo del deporte bajo el modelo actual no es la salud, no es la hermandad, no es la superación; su objetivo es vender la actividad física. Fomentar rivalidades tóxicas para vanagloriarse con premios monetarios, con recompensas metálicas que lo único que hacen es pudrir el alma del atleta, volviéndolo más individualista, más egoísta y mercenario.

Nos venden la idea de que el éxito es aplastar al otro para llevarse el contrato millonario. Y mientras tanto, en nuestras colonias populares, en las zonas rurales de Chiapas y de todo México, no hay canchas, no hay balones, no hay entrenadores. Al hijo del campesino, al hijo del obrero, se le niega el derecho a desarrollarse físicamente.

Pero si miramos la historia mundial, veremos que cuando la clase trabajadora ha tomado el poder en sus manos para cambiar las relaciones capitalistas de producción —como en su momento ocurrió en la Unión Soviética o en China— la política deportiva da un giro radical. Se le quita al deporte su carácter de mercancía y se devuelve a las masas populares para desarrollar, verdaderamente, las cualidades físicas y personales de millones de seres humanos.

Y eso es exactamente lo que está haciendo el Movimiento Antorchista en México. Nosotros nos hemos propuesto la gigantesca tarea de masificar el deporte para utilizarlo como un medio de liberación para nuestra clase trabajadora.

A lo largo y ancho de la República hemos creado una corriente deportiva diferente. Hemos construido, a base de lucha, marchas y exigencias, espacios deportivos dignos donde antes sólo había tierra y abandono. Estamos formando entrenadores con ideales proletarios. Organizamos torneos en los pueblos y colonias que gozan de un arraigo y un prestigio innegable.

Con la Espartaqueada buscamos usar el deporte para la formación de un ser humano nuevo. Un hombre y una mujer integrales, sanos física y mentalmente; con un carácter templado ante la adversidad; disciplinados; con un espíritu inquebrantablemente triunfador y con una mentalidad profundamente nacionalista. Un espíritu gregario, donde el individuo entiende que su fuerza máxima sólo se alcanza cuando trabaja en equipo por su comunidad.

Llegar a Tecomatlán no es un paseo. A pesar de las múltiples dificultades que existen en el país para practicar deporte en el sector popular, todos los atletas que participan lo hacen con una disposición de hierro. Han tenido que sufrir, y lo digo con todas sus letras: sufrir. Superar enormes obstáculos económicos, falta de apoyo gubernamental y distancias geográficas inmensas para poder competir.

Antorcha ya influye en cientos de miles de mexicanos con estas ideas revolucionarias. Es cierto, nos falta mucho camino por recorrer para cambiar este país. Pero hemos dado pasos de gigante y tenemos la seguridad absoluta de que, algún día no muy lejano, los oprimidos de México le daremos ese giro total al deporte y a nuestra patria. Y esta vigésima segunda Espartaqueada Deportiva Nacional representa un paso firme hacia adelante en esta meta histórica.

Los antorchistas sabemos que todas las causas grandes, hermosas y justas son difíciles. Sin embargo, estamos dispuestos a vencer los retos que se nos presenten día con día. Vamos a seguir luchando en todos los aspectos de la vida para crear las condiciones que cambien de raíz este modelo económico y construir un México más rico, más próspero, más soberano y justo con todos sus hijos.

¡Compañeros, la victoria nos espera en Tecomatlán!

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