MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Espartaqueada cultural: la resistencia del arte

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En un país tan rico en tradiciones, la cultura debería ser el alma de la nación, sin embargo, el gobierno federal la ha convertido en una especie en peligro de extinción. Morena ha reducido al mínimo la inversión a la cultura. El presupuesto para la Secretaría de Cultura en 2024 fue de apenas 17,769 millones de pesos, un número que suena grande hasta que se compara con lo destinado a megaproyectos como el Tren Maya, que supera los 500,000 millones en inversión. La cultura, parece, es un lujo innecesario para la administración de la “transformación”.

Pero mientras el oficialismo le da la espalda al arte, hay quienes resisten. En Tecomatlán, Puebla, un pequeño municipio enclavado en la Mixteca poblana, se erige la Espartaqueada Cultural Nacional edición 2025. Una competencia organizada por el Movimiento Antorchista Nacional a través de su comisión cultural. Este año se realizará del 5 al 13 de abril,  periodo en el que este pueblo se convertirá en el escenario de competencias de alta calidad. Sus calles, plazas, canchas y escuelas se transformarán en escenarios vivos donde cientos de artistas de todo el país compiten en danza, folcklor, solistas, duetos, declamación y oratoria. Se trata de un espectáculo de calidad profesional, pero con una diferencia crucial: aquí no hay poses de élite ni exclusividad de grandes ciudades o recintos de alto lujo, sino cultura para y desde el pueblo.  

En un México donde la mayoría de los festivales artísticos dependen del financiamiento gubernamental y están a merced de sus recortes, la Espartaqueada se sostiene con la organización del pueblo trabajador. Durante semanas, incluso meses, los participantes despliegan su creatividad en actividades económicas como colectas, rifas, venta de alimentos, etc.,  para solventar el gasto de utilería, vestuario, transporte y demás.

No es un espectáculo simple, se trata de un ejercicio de lucha, un espacio donde se demuestra que el arte es una herramienta de transformación social. Aquí, la cultura no es un accesorio para la foto oficial, sino una necesidad tan vital como el pan.  

El gobierno de Morena ha intentado justificar sus recortes con el pretexto de la “austeridad”, pero la realidad es que no se trata de falta de dinero, sino de prioridades. En su discurso, la cultura es importante; en los hechos, la ha dejado en el abandono. Mientras los teatros del INBAL sufren por falta de mantenimiento, mientras las becas para artistas se reducen y los espacios independientes luchan por sobrevivir, en Tecomatlán las casas se abren para recibir a los visitantes, las madrugadas se llenan de ensayos y el arte se vuelve un acto de resistencia.  

Aquí no hay financiamiento gubernamental ni reflectores mediáticos, pero sí una convicción profunda: el pueblo tiene derecho a la cultura, y si el Estado no la garantiza, el pueblo la construirá por su cuenta: jóvenes, maestros, obreros, amas de casa, albañiles, transportistas y demás, ensayan arduamente para destacar en la tabla de ganadores. Esa es la verdadera lección de la Espartaqueada.  

En tiempos donde el gobierno ignora su responsabilidad cultural, eventos como este nos recuerdan que la verdadera transformación no vendrá desde arriba, sino desde las manos de quienes luchan y se organizan.

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