Si bien es cierto que sería una tontería exagerar los sucesos de los últimos días en la ciudad de Minneapolis, la segunda ciudad más poblada del estado de Minnesota y, en general, lo acontecido en Estados Unidos como consecuencia de la feroz campaña para expulsar a los inmigrantes ilegales del país, grave error sería ignorarlos o, peor aún, despreciarlos. Cabe, pues, según mi parecer, contribuir a difundir los hechos y destacar la importancia de la acción popular contra la opresión de ahora y de siempre.
Impactados quedaron los que pudieron ver la fotografía de una criatura de no más de cinco años agarrada por la correa de su mochila con el dibujo del hombre araña y con un gorro tejido azul, por un imponente agente federal uniformado que se lo llevaba preso. Claro está que, en aras de la honradez, debe reconocerse la gran diferencia entre este repudiable suceso y la aterradora realidad de los niños de la Franja de Gaza, pero no por eso debe cohibirse ante él la vieja compasión que ha caracterizado a la humanidad y explica su sobrevivencia como especie.
El pasado 20 de enero, Liam Conejo y su joven padre, Adrián Alexander Conejo Arias, ambos de origen ecuatoriano, fueron detenidos durante una agresiva redada migratoria en las calles de Minneapolis y conducidos a un centro de detención en el estado de Texas, a mil 800 kilómetros de distancia de su hogar, en donde permanecieron encarcelados doce días. Es preciso agregar que la familia tenía en curso un proceso legal de asilo que fue ignorado por los policías. ¿Y cómo pasar adelante y no tener muy presente que muchos de esos infortunados, quizá la mayoría, son nuestros paisanos que trabajan muy duro sin días de descanso y que sus modestas familias esperan su ayuda el fin de mes y no les llega porque ellos están encarcelados u ocultos de la persecución en sus viviendas?
Debe obligadamente mencionarse también el asesinato a sangre fría de dos norteamericanos por parte de los policías que se dedican perseguir y a expulsar a los migrantes. Ambos hechos también en Minneapolis. El primero, el asesinato de la señora Renee Nicole Good de 37 años y madre de tres niños, a quien un policía de migración le disparó cuatro balazos con el pretexto, nunca demostrado, de que la mujer le aventó su coche y el segundo, el caso del enfermero Alex Jeffrey Pretti, a quien le dispararon nueve balazos mientras un grupo de por lo menos seis policías estaban encima de él para inmovilizarlo e impedir que les tomara video con su teléfono durante sus acciones contra la población.
Años y años y montañas de dinero en propaganda para fomentar el individualismo y la indiferencia ante el dolor ajeno no han surtido los efectos deseados por las élites dominantes. La indignación ciudadana no se hizo esperar. El diario digital “RT” publicaba el 24 de enero: “Miles de personas salieron nuevamente a las calles este viernes en Minneapolis en medio de una huelga general para exigir que los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE. UU. (ICE) abandonen el estado. Bajo el lema 'Día de la Verdad y la Libertad', los participantes desafiaron las gélidas temperaturas bajo cero y marcharon por el centro de la ciudad… Asimismo, se reportaron manifestaciones en el aeropuerto de Minneapolis, exigiendo a las aerolíneas que tomen una posición contra la aplicación de la ley federal de inmigración. El grupo activista `Fe en Minnesota’ denuncia que más de ‘100 clérigos y líderes religiosos fueron arrestados mientras se reunían en una resistencia pacífica’. También se convocaron protestas masivas en Portland, Maine, contra un operativo a gran escala del ICE en el estado. ‘Sin odio, sin miedo, los inmigrantes son bienvenidos aquí’, coreaban los manifestantes”.
El diario inglés “The Guardian” del 27 de enero informaba ya acerca de una disminución de la rudeza del trato a quienes protestaban o simplemente pedían moderación: “el presidente Donald Trump declaró que tuvo una "muy buena conversación" con Tim Walz , el gobernador del estado de Minnesota, a quien anteriormente había culpado de la muerte de Pretti. Walz declaró en X que tuvo una conversación ‘productiva’ con Trump, quien había acordado considerar la retirada de los agentes federales del estado…”.
Comparto también con el amable lector otra nota de “RT” del mismo día 27 de enero en la se informa de más actividades ciudadanas de protesta: “Los residentes de Mineápolis, la ciudad más poblada del estado, continúan su huelga general para exigir que los funcionarios cesen la violencia contra los manifestantes y abandonen el territorio”. Añado también la información del mismo día en “The Washington Post”: “Por segundo viernes gélido consecutivo, miles de manifestantes faltaron al trabajo o a la escuela y los negocios cerraron, mientras una marcha tomaba el centro de la ciudad (de Minneapolis) para protestar contra la ofensiva migratoria del presidente Donald Trump en esta ciudad… En otras ciudades del país, multitudes respondieron al llamado a la protesta. Se realizaron marchas frente a escuelas y universidades desde Rhode Island hasta Texas, y la ausencia de docentes provocó la suspensión de clases en Colorado y Arizona”.
El diario “New York Post” del 30 de enero también reportaba protestas en la ciudad de Los Ángeles. “Cientos de manifestantes rebeldes contra el ICE se vieron envueltos en un enfrentamiento hostil con agentes federales afuera del edificio federal Edward R. Roybal en el centro de Los Ángeles el viernes. Las protestas forman parte de un "Cierre Nacional" que promovía "No a la Escuela. No al Trabajo. No a las Compras" para visibilizar las acciones del Departamento de Seguridad Nacional en todo el país.
No es todo. Llaman la atención los pronunciamientos públicos de varios artistas muy conocidos por los jóvenes de Estados Unidos y de México: “Tras ganar el Mejor Álbum a Género Urbano, Bad Bunny expresó en su discurso: ‘Fuera ICE; no somos animales, somos humanos y americanos. También quiero decir a la gente que no odie a nadie en esta época, el odio se vuelve poderoso con más odio y lo más poderoso que eso es el amor; necesitamos hacer distinto, peleamos con amor, no necesitamos odiar a nadie’. Billie Eilish ganó a la Mejor Canción del Año con Wildflower y en su discurso señaló que ‘nadie es ilegal en tierra robada. Debemos seguir luchando y alzando la voz. Nuestras voces importan. Fuck ICE’. La cantante Olivia Dean ganó la categoría a Mejor Artista Nuevo y en su discurso expresó: ‘Soy la nieta de un inmigrante, soy un producto de esa valentía. ¡Vivan los inmigrantes!” (“La Jornada”, 2 de febrero de 2026”).
Y, sí, las protestas fueron fecundas. El 4 de febrero, “The Washington Post” reportaba ya que “el zar fronterizo del presidente Trump, Tom Homan, dijo que 700 agentes de inmigración y fronteras están abandonando el área de Minneapolis después de semanas de enfrentamientos violentos y tiroteos fatales de oficiales contra dos ciudadanos estadounidenses”. ¿Cómo no recordar ahora y citar a Muhammed Alí, el inmortal campeón mundial de peso completo de origen afroamericano, con sus palabras de rechazo a ser incorporado a filas durante la leva de jóvenes para la guerra de Estados Unidos contra Vietnam? “No tengo ninguna disputa con el Vietcong”, dijo. “Mi conciencia no me permite ir y disparar a mi hermano o a alguien más oscuro que yo o a pobre gente hambrienta en nombre de la poderosa América. Y dispararles ¿por qué? Ellos nunca me han llamado negro, nunca me han linchado, no me han echado a los perros ni me han robado mi nacionalidad, violado o matado a mi madre y mi padre… ¿Cómo puedo disparar a esa pobre gente? Sólo llévenme a la cárcel”.
Valientes y conmovedoras palabras que ahora, precisamente ahora, deben gritarse. Hoy es ya patrimonio de los pueblos del mundo, el saber bien que las manifestaciones populares en contra de la guerra de agresión contra Vietnam jugaron un papel decisivo para detener la embestida norteamericana y finalmente conducir a la administración de Gerald Ford a la firma de los Acuerdos de Paz en 1975. No es, pues, cuestión intrascendente la aparición en este momento del pueblo norteamericano en la calle censurando severamente la conducta de los que se dicen sus representantes. En cualquier parte del mundo es fundamental el apoyo de la población, la unidad interna para sostener y ganar una guerra, sea defensiva o agresiva. Estados Unidos no es la excepción.
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