MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

El faro del siglo XXI

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• Guerras, desempleo y pobreza creciente configuran la realidad mundial actual

Nunca la tormenta había sido tan fuerte, pues, a pesar de que la historia de la humanidad registra la pérdida de hombres, mujeres y familias enteras, como en la Primera Guerra Mundial, donde murieron 20 millones de personas, o la Segunda Guerra Mundial, con 75 millones, así como las 140 mil que mató Estados Unidos al lanzar la bomba atómica en Hiroshima, esos eran tiempos de guerra.

La globalización del capital ya no produce, sino que especula: el capital financiero está en una profunda e irreversible crisis.

Ahora no es la misma situación. No estamos en tiempos de guerra, por lo menos no declarada. Sin embargo, con “la transformación de la guerra convencional” —hecha por el imperialismo encabezado por Estados Unidos— en la guerra contra “el terrorismo”, se han matado millones de personas y se han destruido sus ciudades en lo que va de este cuarto del siglo XXI.

El genocidio de Ruanda dejó 3 millones de muertos; el ataque a Siria, 614 mil muertes y la destrucción de sus ciudades; Afganistán, 929 mil muertos; Libia, 30 mil muertes; Irán, 1.3 millones de muertos; Palestina, más de 75 mil muertes y sus ciudades arrasadas. A esto se sumó en el año 2020 la pandemia de la Covid-19, que en tres años mató a 15 millones de personas.

En el conflicto Ucrania-Rusia han muerto, en cuatro años, más de 2 millones de personas, pero se trata aparte de la lista anterior debido a la desinformación del aparato de comunicación del bloque agresor. 

El imperialismo de Estados Unidos y Europa, a través de la OTAN, sostiene que Rusia invadió Ucrania. Sin embargo, Rusia no sólo se está defendiendo de quienes han buscado someterla.

También ha apoyado a los estados ucranianos que, ante la destrucción de la que eran objeto por Volodímir Zelenski —impuesto por un golpe de Estado tratado en una colaboración anterior—, decidieron independizarse para proteger a sus ciudadanos, su patrimonio y su cultura, amenazada por el nazifascismo promovido por Estados Unidos y Europa.

Esto es producto de que el sistema capitalista está en decadencia y en su fase imperialista terminal. La globalización del capital ya no produce, sino que especula: el capital financiero está en una profunda e irreversible crisis. 

Esta crisis continúa con la misma receta: su rescate mediante la guerra para la extracción de recursos y materias primas de los pueblos sometidos. Una guerra inimaginable hace algunos años: la guerra del fin del mundo.

Esta tormenta se agrava por el avance científico y tecnológico alcanzado por el hombre: armas de destrucción manejadas desde el confort del cuartel, grandes fábricas e industrias que ya no utilizan mano de obra asalariada, sino máquinas, robots e inteligencia artificial (IA).

Lo paradójico es que todo esto lo ha construido el hombre para su beneficio, pero al continuar los medios de producción en manos de unos cuantos, la producción está destruyendo a su creador: el obrero. Crece el desempleo y aumenta el empleo informal a nivel mundial, y lo mismo sucede en el país.

La guerra resuelve temporalmente el problema de un pequeño grupo de oligarcas imperialistas que no sacian su sed de ganancia, aunque en ello les vaya la vida. Pero el obrero y el pueblo trabajador se ven profundamente afectados al deteriorarse su salario, perder su empleo y, con ello, el bienestar de sus familias.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT), en su informe “Tendencias sociales y del empleo 2026 en el mundo”, señala que crece el número de trabajadores cuyo ingreso no alcanza para mantener a su familia, a lo que denomina pobreza laboral, que en realidad es pobreza extrema. El ingreso laboral no alcanza para comprar la canasta básica. 300 millones de trabajadores ganan menos de tres dólares diarios.

El desempleo alcanza a 186 millones de personas, mientras la informalidad avanza con 2 mil 100 millones de trabajadores. Los más afectados son los jóvenes y las mujeres. Como se ha señalado, la tecnología sustituye al obrero con robots e inteligencia artificial, aunado a la guerra comercial que afecta a 465 millones que dependen del comercio internacional.

En nuestro país, el desempleo afecta a más de 2 millones de personas, y de los 59 millones de ocupados, más de la mitad, 33 millones, se desempeñan en la informalidad, lo que representa una tasa del 55 %. Más de 10 millones de jóvenes de 15 a 29 años no estudian ni trabajan. El desempleo juvenil es casi el doble que el promedio nacional.

Esta es la tormenta que vive el mundo, nuestro continente, nuestro país y nuestro pueblo. Hoy más que nunca, la humanidad entera necesita una luz que ilumine el camino, una luz que señale el puerto seguro, una luz que le dé esperanza a los miles de millones de personas empobrecidas, a pesar de que la humanidad haya llegado al siglo XXI. ¡Necesitamos un faro!

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