En un restaurante abarrotado de la Ciudad de México, en una sala de juntas de alto nivel, en una plaza comercial, en el aula, en el estadio o en un concierto, la escena se repite: familias, trabajadores, estudiantes, profesores, aficionados y fans comparten el mismo espacio, pero no una conversación. Sentados a la mesa, en la zona de comida, en las gradas o en el auditorio, cada uno está absorto en la pantalla de su smartphone, sin intercambiar palabra. Una imagen cotidiana que revela una tendencia preocupante en nuestra sociedad hiperconectada: la nomofobia y su impacto en nuestras relaciones y decisiones inmediatas.
El desafío no es eliminar la tecnología, sino integrarla de manera consciente y equilibrada, fomentando una sociedad más empática y humana.
La nomofobia, término derivado de "no-mobile-phone phobia", describe el miedo irracional a estar sin acceso al móvil. Este fenómeno no solo es un reflejo de una dependencia tecnológica, sino también un síntoma de una sociedad ansiosa que redefine las relaciones humanas, sus procesos políticos y las grandes ganancias que logran las empresas de telecomunicaciones y fabricantes de teléfonos “inteligentes” gracias a esta “necesidad” de la sociedad hiperconectada.
En México, la penetración de teléfonos celulares es notable. Según la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2022, había 93.8 millones de personas usuarias de teléfono celular, lo que representa el 79.2% de la población de seis años o más (IFT.ORG.MX, 2022).
Por otro lado, el mercado de smartphones ha mostrado un crecimiento constante en los últimos años. Al tercer trimestre de 2024, se registraron aproximadamente 150.1 millones de líneas móviles activas, con una penetración de smartphones del 95.7%. En 2023, Telcel reportó ingresos por ventas de dispositivos de 66 mil 783 millones de pesos, lo que representa un incremento del 5.4% respecto al año anterior. Durante 2024, AT&T México alcanzó ingresos totales de 4 mil 232 millones de dólares, reflejando un crecimiento del 8% en comparación con 2023. El EBITDA (acrónimo de los términos en inglés Earnings Before Interest Taxes Depreciation and Amortization) de estas empresas fue de 697 millones de dólares, un aumento del 20% respecto al año anterior.
Otros ganadores con la nomofobia son Oppo, Motorola, Samsung y Apple en México, por citar a los más conocidos. Dichas empresas obtuvieron una participación en el mercado mexicano entre el 16 y el 29%. Es decir, juntas, cinco de cada diez celulares que se venden en México fueron fabricados por ellos. Pregunta: ¿a estos corporativos les importa si las familias conviven, platican, desarrollan actividades al aire libre o solo que sus usuarios estén conectados todo el tiempo y ellos, registrando cuantiosas ganancias y millonarias ganancias?
Esta dependencia a la telefonía celular y conectividad tiene múltiples causas. La búsqueda de validación social convierte al móvil en un refugio para quienes desean sentirse aceptados. El miedo a perderse de algo (FOMO, por sus siglas en inglés) impulsa a las personas a estar constantemente conectadas, y el perfeccionismo lleva a muchos a responder de inmediato y estar disponibles “en todo momento”.
Las consecuencias de la nomofobia son tangibles. En términos de salud, se manifiesta en ansiedad, pensamientos obsesivos, irritabilidad y aislamiento. Físicamente, pueden aparecer dolores musculares, molestias visuales y alteraciones del sueño causadas por la luz azul de las pantallas. En el plano social, este trastorno limita las habilidades para interactuar cara a cara. Estudios recientes muestran que los adolescentes prefieren sus dispositivos sobre las interacciones humanas, erosionando la empatía y la capacidad de construir vínculos reales y sanos.
La influencia de la nomofobia trasciende lo personal y afecta también al ámbito político. La hiperconectividad facilita el acceso a la información y la participación ciudadana, pero también concentra el poder en quienes controlan los algoritmos, los flujos de datos y las ganancias que se obtienen de los mismos. Los dispositivos móviles permiten rastrear y analizar comportamientos, capacidades utilizadas tanto para optimizar servicios como para influir en decisiones.
Un ejemplo destacado es la campaña presidencial de Claudia Sheinbaum en 2024. Su equipo implementó una estrategia digital innovadora que, mediante el análisis exhaustivo de datos y el uso de tecnologías avanzadas, logró conectar emocionalmente con el electorado. Cada publicación y anuncio en redes sociales fue diseñado para resonar profundamente con los ciudadanos, lo que contribuyó a su éxito electoral. Lo mismo ocurrió con Zelenzky en Ucrania o Donald Trump en EE. UU. contra Hillary Clinton y en sentido contrario, contribuyó con la guerra propagandística en contra de Nicolás Maduro, Daniel Ortega, Xi Jing Ping y Vladimir Putin.
Para mitigar el impacto de la nomofobia, es esencial promover hábitos saludables. Establecer horarios libres de móviles, silenciar notificaciones innecesarias y priorizar actividades al aire libre pueden ser pasos efectivos. Incentivar la cultura, el arte y los deportes, como hace el Movimiento Antorchista Nacional, con concursos, ceremonias escolares y eventos, son fundamentales para “conectarnos” con los demás.
Desde la política, las campañas de educación tecnológica pueden fomentar el uso consciente y responsable del móvil, promoviendo la desconexión como una práctica de salud pública.
La nomofobia no es solo un problema individual; es un reflejo de cómo la tecnología -las empresas multi BILLONARIAS detrás de esta-, y los gobiernos que no las regulan adecuadamente, están rediseñando nuestras vidas. Su impacto en la salud, las relaciones y la política plantea preguntas que debemos abordar. El desafío no es eliminar la tecnología, sino integrarla de manera consciente y equilibrada, fomentando una sociedad más empática y humana.
En palabras de la presidenta Claudia Sheinbaum, al presentar la nueva Agencia de Transformación Digital del gobierno: "Buscamos simplificar la vida de los mexicanos mediante la tecnología, pero siempre poniendo al ser humano en el centro de nuestras políticas". El problema es pasar del dicho, al hecho, el gran defecto de la auto llamada “Cuarta Transformación”. ¿Entregar una beca a los jóvenes para que compren recargas de celular y se mantengan distraídos es “simplificar la vida de los mexicanos mediante la tecnología”?
Finalmente, es momento de reflexionar: ¿estamos utilizando los móviles para progresar o nos hemos convertido en sus prisioneros? Solo a través de su uso consciente podremos aprovechar el potencial de la era digital sin perder nuestra esencia y eso, debemos lograrlo de manera colectiva, no puede ser el esfuerzo aislado de unos cuantos pues el negocio que hay detrás afecta muchos intereses y ellos no tienen intenciones de cambiar las cosas.
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