MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Deporte, poder y pueblo: la Espartaqueada deja una lección

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En un país donde el deporte se ha convertido en un espectáculo para unos cuantos y en una mercancía para las grandes trasnacionales, resulta casi revolucionario que una organización civil, el Movimiento Antorchista Nacional, anuncie la XXII edición de la Espartaqueada Deportiva Nacional 2026, que se llevará a cabo del 7 al 15 de marzo en Tecomatlán, conocida como la “Atenas de la Mixteca Baja”.

Casi 250 mil pesos cuesta llevar solo a 100 deportistas duranguenses a Tecomatlán. Una cifra menor si se compara con los miles de millones destinados al Mundial, pero suficiente para que el gobierno federal se lave las manos.

La localidad se convertirá en el epicentro de un fenómeno deportivo que, por su espíritu y magnitud, merece una reflexión profunda.

No es menor que se espere a 30 mil deportistas de todo el país, surgidos de eliminatorias estatales, compitiendo en disciplinas que van desde el futbol soccer hasta el ciclismo de montaña. Pero lo que realmente distingue a esta justa no es su tamaño, sino su esencia.

Como bien lo señaló Samuel Aguirre Ochoa, presidente de la Comisión Deportiva Nacional (Codena) antorchista, “aquí se rescata el deporte de las garras del mercado para devolverle su origen griego: el espíritu formativo, educativo y colectivo. No se compite por un premio económico, sino por el reconocimiento, la hermandad y la construcción de un país más justo”.

En tiempos donde el gobierno federal anuncia con bombo y platillo la inversión de más de 16 mil millones de pesos para el Mundial de Fútbol 2026, un evento cuyos boletos cuestan hasta 70 mil pesos, lo cual es simplemente inaccesible para el 90 % de los mexicanos, la Espartaqueada se erige como un contrapeso necesario.

Mientras el dinero público se destina a remodelar aeropuertos y engrosar las ganancias de empresarios como Carlos Slim Helú o de corporaciones como Coca-Cola, el presupuesto para la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte se desploma.

La hipocresía del discurso oficial es evidente: se habla de transformación, pero se recorta el deporte popular; se dice apoyar a los jóvenes, pero se privilegia el negocio privado. Y mientras tanto, los verdaderos atletas, los que entrenan en canchas de tierra, con balones gastados y zapatos rotos, tienen que escuchar de las autoridades un “no hay presupuesto” para apoyar su traslado a una competencia nacional.

Casi 250 mil pesos cuesta llevar solo a 100 deportistas duranguenses a Tecomatlán. Una cifra menor si se compara con los miles de millones destinados al Mundial, pero suficiente para que el gobierno federal se lave las manos.

Ante este panorama, la frase de Mao Zedong cobra vigencia: “Apoyarnos en nuestras propias fuerzas”. Y eso es justamente lo que hace el Movimiento Antorchista desde hace más de 50 años.

Con esfuerzo colectivo, con cooperación popular y con la convicción de que el deporte es una herramienta de liberación, han logrado sostener una de las justas deportivas más importantes del país, sin depender de gobiernos ni de patrocinadores que convierten a los atletas en mercancía.

Porque el deporte, bien entendido, no es sólo ejercicio físico: es disciplina, es inteligencia, es solidaridad. Es el antídoto contra el individualismo feroz que impone el capitalismo, donde el hombre es un lobo para el hombre.

En un sistema que nos obliga a competir para sobrevivir, el trabajo en equipo, la unidad y la cohesión que fomenta el deporte se vuelven actos de resistencia.

La Espartaqueada no es una simple competencia: es una declaración de principios; es la demostración de que otro modelo es posible, donde lo importante no es humillar al rival, sino superarse a uno mismo y construir comunidad. Donde el triunfo no se mide en dinero, sino en fraternidad.

Mientras el Estado mexicano siga viendo el deporte como un negocio y no como un derecho, eventos como este serán más que necesarios. Serán la prueba viva de que el pueblo, organizado y consciente, puede llenar los vacíos que deja un gobierno que ha olvidado su función social.

La XXII Espartaqueada Deportiva Nacional no es sólo una cita deportiva. Es un llamado a despertar, a organizarse y a luchar por un país donde el derecho al deporte no sea letra muerta, sino una realidad para todos.

Nos vemos en Tecomatlán.

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