MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Abolir las clases

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“El hambre es un tipo de violencia estructural, efecto de la desigualdad social”

Para entender la desigualdad, la violencia, el colonialismo de los países desarrollados sobre los subdesarrollados y todo fenómeno ocurrido a lo largo de la historia de la humanidad (pasado o presente), debemos analizar concienzudamente la realidad desde un enfoque clasista; en otras palabras, debemos comprender el surgimiento de ciertas clases sociales y su posición en determinado momento de la sociedad.

Hay diferencias raciales, también las hay de tipo étnico, de sexo, nacionales, profesionales, de edad, etcétera, pero estas no son las causantes del hambre que padecen las masas trabajadoras.

Es necesario que la masa en general (principalmente los trabajadores) comprenda que la lucha de clases no es una ley inherente a todas las formaciones socioeconómicas que se han dado en la vida social de la raza humana, sino que las clases nacen en un momento determinado de esa vida y corresponden a un periodo específico del desarrollo económico de la historia.

Esto es importante porque al comprender que la explotación del hombre por el hombre no es una ley natural de la sociedad trasciende que esta condición no es inamovible; que la raza humana puede y debe enderezar el camino para erigir una sociedad menos agresiva con la clase impulsora de la riqueza.

La primera formación socioeconómica de la sociedad se conoció como comunidad primitiva y se caracterizó por no estar dividida en clases sociales ya que los intereses eran comunes.

La supervivencia de los miembros de esa sociedad era responsabilidad de todos por igual, por lo que los roles económicos de cada individuo respondían a esa necesidad. 

Más tarde, con el avance y desarrollo de las herramientas ocupadas para la producción de los objetos y alimentos que facilitan la vida de la raza humana, surge la propiedad privada y con ello las clases sociales (surgen los intereses distintos: los opresores y los oprimidos. En otras palabras: los poseedores y los desposeídos de las herramientas para la producción).

No se deben confundir las clases sociales con las diferencias naturales o de carácter social, porque su existencia no origina la desigualdad social que impera entre unos hombres y otros. Hay diferencias raciales, también las hay de tipo étnico, de sexo, nacionales, profesionales, de edad, etcétera, pero estas no son las causantes del hambre que padecen las masas trabajadoras.

Entendido esto, podemos afirmar que la desigualdad social no tiene un origen natural, sino histórico, ligado estrechamente a causas económicas: su oriundez reside en la división del trabajo en el seno de la sociedad, que da cabida a la propiedad privada de los medios de producción; la concentración de la máquina-herramienta (con sus mejoras tecnológicas) y de los recursos naturales; es aquí donde es sustituida la propiedad comunal, lo que da como resultado el surgimiento de las clases: dos grupos sociales que ocupan un lugar diferente en la producción social.

La diferencia entre estas dos clases sociales se distingue de la siguiente manera: los ricos, dueños de los medios de producción y los pobres cuya única herramienta de supervivencia es su fuerza de trabajo.

Tomando en cuenta lo dicho anteriormente, el lector puede definir la clase social a la que corresponde respondiendo las siguientes preguntas: ¿soy dueño o no de los medios de producción o únicamente cuento con mi fuerza de trabajo para emplearme como obrero? ¿Soy parte de los explotadores o de los explotados?

Ahora bien, debe quedarnos claro que todas las clases de la sociedad eran, en todas las épocas, fruto de las relaciones de producción y de cambio, es decir de las relaciones económicas de su época. La posición que ocupan los diferentes grupos de hombres en un sistema de producción históricamente determinado va a determinar la clase social a la que pertenecen.

Dentro de cada formación socioeconómica, las clases sociales ocupan un lugar diferente, condicionado por las relaciones en que se encuentran con respecto a los medios de producción.

Las relaciones de producción en una sociedad dividida en clases antagónicas son relaciones de explotación, dominación y subordinación, siendo el proletariado la clase que carga sobre sus hombros el peso del trabajo manual, duro y forzado, mientras la clase dominante tiene el monopolio de los medios de producción.

Llegado a este punto, es importante señalar que la esclavitud ha sido la primera forma (la más soez y brutal) de la división de la sociedad en clases. Más tarde, esta sociedad se desarrolló y dio origen al feudalismo, que llegó a su madurez y dio (en la podredumbre de sus entrañas) el nacimiento de una nueva sociedad; el capitalismo, que al igual que su antecesor, eventualmente morirá y deberá dar paso a una nueva sociedad.

Y antes de terminar, quiero señalar que esta vez los explotados debemos asegurar que el nuevo modelo vele por los intereses de los que hoy son los menos afortunados. Esa es la tarea.

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