En el siglo XXI, estamos siendo testigos de un fenómeno que redefine el tejido social: el envejecimiento poblacional. Por primera vez en la historia de la humanidad, el número de personas mayores de 60 años ha superado al de niños menores de cinco años (Organización Mundial de la Salud (OMS), 2024).
Este cambio demográfico, que avanza a un ritmo sin precedente, no es solo una cifra estadística; es una transformación profunda que desafía nuestras estructuras sociales, económicas y sanitarias.
La ética nos recuerda que más años de vida no equivalen automáticamente a más años de dignidad; las políticas públicas deben garantizar que este logro se traduzca en bienestar real.
A nivel global, la proporción de habitantes mayores de 60 años casi se duplicará entre 2015 y 2050, pasando de un 12 % a un 22 % (OMS, 2024).
El seguimiento poblacional, también denominado envejecimiento de la población, se refiere al proceso por el cual la edad media de la población aumenta debido a cambios en la estructura por edades.
En América Latina y el Caribe, las personas de 60 años o más representaban el 13.4 % de la población total en 2022, proporción que llegará al 25 % para 2050 (Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), 2022).
En México, este cambio es particularmente evidente: el país alcanzó oficialmente el estatus de sociedad envejecida en 2022, cuando las personas de 60 años y más llegaron a ser el 14 % de la población total (Lugo García, 2023).

Esto marca un punto de inflexión en la estructura demográfica nacional, pues implica pasar de una sociedad predominantemente joven a una donde la vejez adquiere un poder central.
En última instancia, comprender qué es el envejecimiento poblacional no debe quedarse en una definición estadística: implica reconocer que la longevidad conquistada es un triunfo humano y, al mismo tiempo, un reto colectivo.
La ética nos recuerda que más años de vida no equivalen automáticamente a más años de dignidad; las políticas públicas deben garantizar que este logro se traduzca en bienestar real. Y desde una mirada intergeneracional, lo crucial no es la edad, sino la equidad: cómo distribuimos los beneficios y costos de vivir más, sin que recaigan solo en unos pocos.
Por décadas, México fue un país de jóvenes, pero a partir de 2030 comenzará una etapa de envejecimiento demográfico avanzado, en el que el Conapo proyecta que el país contará con más personas mayores que las de menos de catorce años.

“En ese contexto, algunos municipios del país tendrán un desafío mayor en menos de quince años, como San Pedro Jocotipac, un pequeño municipio situado en la región mixteca de Oaxaca donde la mitad de sus habitantes superan 72 años de edad para esa fecha” (La Jornada, 2 de enero de 2026).
De acuerdo con cifras de Conapo, para 2040 al menos 30 municipios del país, localizados en ocho estados, contarán con una “edad mediana” de 60 años o más, es decir, la mitad de su población estará en ese rango de edades.
“Se requiere planificar y preparar a toda la población”, expuso Verónica Montes de Oca, coordinadora del Seminario Universitario interdisciplinario sobre Envejecimiento y Vejez (Suiev), de la Universidad Nacional Autónoma de México. Esos municipios deben ser tomados como guía en sus estados para impulsar programas y políticas públicas que podrán replicarse en otras regiones.
Entre la información difundida recientemente por el Conapo en su Catálogo de información sobre proyecciones de la población, mortalidad, envejecimiento y hogares, se observa que en el municipio de Gran Morelos, Chihuahua, la edad mediana será de 66 años para 2040, al igual que en Tepache, Sonora.

En San Francisco de Borja, Chihuahua, será de 65 años, mientras en San Juan Diuxi y en San Juan Teita, ambos en Oaxaca, será de 64 años. En San Andrés Yaá y en Santa María Apazco, en la misma entidad, será de 63 años.
Los que tendrán edad mediana de 62 años son Huejotitán (Chihuahua), Santiago Apoala (Oaxaca), Bacanora (Sonora), Mazatán (Sonora), San Pedro de la Cueva (Sonora) y Mainero (Tamaulipas).
En el caso de la Ciudad de México, la urbe con mayor población en el país, la alcaldía que llegará a una edad mediana más alta en 2040 será Coyoacán, con 52 años, seguida de Azcapotzalco, con 48.
Ante esta problemática, es necesario que el gobierno federal tome cartas en el asunto y genere políticas públicas que permitan prolongar lo más posible la aparición de enfermedades crónico-degenerativas. Se debe atender la vejez de nuestro país de una forma digna.
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