MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Los valientes

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El reconocimiento que le hace la sociedad a quienes se atreven a dejar el terruño que los vio nacer siempre es mucha, pero a los que deciden quedarse es escaso. Quisiera a través de este texto, con toda la humildad que puedo ofrecer, hacerles un reconocimiento. 

La siempre visible idea de esta sociedad gobernada por el capitalismo de “sé algo en la vida” es aceptada y replicada por quienes piensan que no “son algo”. Suena ridículo, pero es real el que algunas personas no sientan que “sean algo” si no tienen un título universitario, un auto, una pareja atractiva y un perrito esponjoso. Particularmente son las personas originarias de pueblitos, a las que se les mete más esa idea.

La idea de una vida mejor es atractiva, tonto el que no quiera tener una vida digna. Las personas de los pueblitos salen de la tierra que los vio crecer, se van a la ciudad y ahí puede pasar muchas cosas: estudian o trabajan; se casan y otros asuntos. Esas personas que salen son valientes, porque van en busca de una vida mejor, para ellos y para sus familias. Dejan atrás a su madre querida, a su padre adorado, a la tierna abuela y al entrañable abuelo y seguramente a más personas importantes en sus vidas.

Sin embargo, también son valientes las personas que se quedan a seguir haciendo la comunidad. Son valientes los que se quedan en los pueblitos a seguir sembrando maíz; son valientes los que se quedan a seguir organizando las fiestas patronales; son valientes los que se quedan a seguir alimentando las tradiciones; los que se quedan a seguir manteniendo una identidad, a ser el hogar de los que salen.

En los pueblitos son las personas que ahí viven las que hacen la comunidad activa. Son ellos los que, aunque niños o ancianos, se sienten orgullosos de ser lo que son. Cuando los turistas van a los pueblitos y compran artesanías, o se comen un rico guisado hecho con productos de la región, o se asombran de las fiestas, o adoran la cosmovisión tan bonita, eso viene de la gente que ahí vive y que no salió de esa tierra a pesar de las adversidades que siempre enfrentan los pueblos marginados. 

Quedarse no es asunto sencillo; es un sacrificio inmenso.

Hablo de los pueblos porque yo soy originario de uno indígena. Por eso quiero hacer un reconocimiento a esta perseverancia y al sacrificio que hacen los que forjan la identidad de las comunidades, viviendo ahí. Yo estoy fuera de mi pueblo porque salí a buscar progreso, haciendo una carrera universitaria, y en mi pueblito, el de oro claro, el de azul sedeño, el de horizonte que parece ensueño, donde está mi querida mamá, mis abuelos, mis tíos y tías, y una comunidad vigorosa de hombres y mujeres que son valientes.

Imaginémonos que todos los del pueblo se van: ¿a dónde regresaríamos a sanar nuestra alma? Si reconocemos la valentía, hagamos una patria más justa para que ellos también progresen sin abandonar su adorado terruño.

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