MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

La unidad de los pueblos de México es posible

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“¿La Feria de Tecomatlán, Puebla? ¿Y eso qué tiene que ver con Baja California Sur?”, comentó una persona en una conocida página local de Facebook que dio a conocer la noticia de su inauguración.

La pregunta es válida, aunque tenga un dejo de cierto desprecio; por ello, creo que es necesario comentar algunas cosas que, es mi deseo, sirvan para ayudar a valorar y comprender mejor el fenómeno social que representa dicha feria. Muchas y mejores cosas han dicho ya al respecto mis maestros, pero sumaré mi modesto esfuerzo para los sudcalifornianos que no los conocen.

Primero y para ubicar: ¿Cómo es posible que, sin cobrar un solo centavo por entrar a los espectáculos, un pequeño pueblo de 6 mil 830 habitantes, de una de las zonas más atrasadas y pobres de Puebla, tenga una feria tan concurrida (unos 20 mil visitantes diariamente), durante ocho días, con tantos conciertos de grupos artísticos famosos, presentaciones de artistas de gran renombre comercial, jaripeos con reconocidas ganaderías y célebres jinetes y un montón de eventos correlacionados?

¿Cómo se explica que un pueblo en una zona semidesértica de la olvidada Mixteca poblana, con un presupuesto oficial raquítico, tenga la feria que tiene y sea ejemplo nacional? 

Tan sólo para el colorido desfile inaugural del pasado 11 de febrero llegaron ¡más de 8 mil participantes procedentes de diversos pueblos a la redonda y de varios estados de la república!

Todos sabemos que hay desfiles espectaculares en numerosas ciudades del país en esta carnavalesca época del año, pero todos los espectáculos cuestan tanto que son inaccesibles a la gente más humilde y también hay financiamiento oficial que luego se recupera con creces en taquillas. Sin embargo, Tecomatlán los regala, incluyendo conciertos de bandas y orquestas sinfónicas y presentaciones culturales de excelente calidad para el que quiera algo más que sólo jaripeos y bailes.

¿Y eso? ¿Cómo se explica que un pueblo en una zona semidesértica de la olvidada Mixteca poblana, con un presupuesto oficial raquítico y últimamente recortado hasta el absurdo, como en todo el país, tenga décadas haciendo esto mismo, si vemos que por todos lados las ferias son un lucrativo negocio para los gobernantes y sus cuates? ¿Cómo se compagina una afluencia turística asombrosa para el tamaño y carencias del pueblo con la gratuidad de las funciones escénicas?

“Teco”, como le dicen los que lo estiman, no es una zona industrial cuya labor pueda dejar grandes contribuciones al erario local; tampoco es una región con abundantes tierras de regadío, con agroindustrias enormes o con grandes compañías trasnacionales empleando cientos o miles de trabajadores.

Tampoco tiene grandes inversiones extranjeras ni nacionales que potencien la economía local, no hay ferrocarril ni aeropuertos, y no tiene costas. Sí tiene, en cambio, una altísima tasa de emigración debido a la pobreza secular.

Esta comunidad de la Mixteca Baja ha estado, por lo tanto, durante siglos, fuera de las rutas comerciales principales del país, del flujo de riqueza, y sus días de fiesta popular eran, por lo mismo, extremadamente humildes, como hoy sucede con miles de colonias populares o pueblos olvidados. La renombrada feria que hoy tiene la construyó durante los últimos 40 años. ¿Qué sucedió entonces para que fuera eso posible?

Es un pueblo muy trabajador el de Teco, eso sí, pero la estructura socioeconómica del país, desarrollada por la burguesía nacional, lo ha condenado a padecer graves carencias que hace cincuenta años decidió combatir. Ruego al lector que escuche los comentarios de Omar Carreón Abud al respecto en los enlaces que proporcionaré al final de este texto y allí tendrá usted elementos clave para acercarse a comprender el carácter único de esta feria.

La explicación, estimados compañeros y amigos sudcalifornianos, reside en que el pueblo tecomateco decidió hacer suyo nuestro proyecto de nación, se organizó y luchó para hacerlo realidad. Al principio, sólo poco más de 30 personas, después poco a poco se organizó la mayoría del pueblo.

Mediante esa lucha organizada, el pueblo pudo realizar progresos asombrosos, si se toma en cuenta su realidad socioeconómica antes mencionada: gestionó y batalló para conseguir grandes edificios como una casa del estudiante para 720 jóvenes, una casa de la cultura de siete pisos, un auditorio municipal, el hospital regional, la unidad deportiva y escuelas para toda la escala educativa. Como nos recuerda el ingeniero Carreón Abud, calles pavimentadas y parques recreativos bien cuidados, que garantizan bienestar y recreación, además de una actividad cultural asombrosa con numerosos eventos, cuyos participantes son de origen netamente popular.

Seamos sinceros con nosotros mismos y reconozcamos que todo eso no es posible encontrarlo en lugares que tengan la misma terrible historia de pobreza que ha tenido Teco, a excepción de aquellos que ya también abrazaron el mismo proyecto de nación.

Pero los tecomatecos debían tomar una decisión fundamental para garantizar a su comunidad el éxito de sus luchas y la continuidad de sus conquistas, y lo hicieron: tomaron el poder político de su municipio desde 1977 y lo mantienen hasta la fecha. Pusieron en las sucesivas administraciones a gente de su misma organización popular que garantizara usar el poder para los objetivos comunes y el resultado está a la vista.

También está a la vista la lección para el resto del país y por eso decimos que Tecomatlán es un ejemplo de que, si los mexicanos deseamos hacer algo como lo que ese pueblito ha hecho, debemos organizarnos para tomar el poder y ponerlo realmente a nuestro servicio, con gobernantes que emanen de las organizaciones populares.

Con su feria, los tecomatecos antorchistas quieren probarle a los proletarios y campesinos humildes de nuestra patria que es posible su unión y organización. Por eso la llaman la “Feria de la unidad entre los pueblos”, que es el espejo donde se pueden ver los pueblos de México, todos, sin excepción.

Y claro, también Baja California Sur puede verse en ese espejo y darse cuenta de que es sí posible la superación popular mediante la organización, la disciplina, el estudio, la unión, fraternidad y lucha.

Teco ya le puso su primer madrazo en serio a la pobreza y lo celebra merecidamente con su feria, porque festejando también está luchando.

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