MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

La lucha de los pueblos del mundo debe detener el supremacismo

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8 mil 312 niños han sido asesinados en la Franja de Gaza; un terrorífico saldo de los bombardeos del estado sionista de Israel, reiniciados desde el primer minuto después de que se agotó la “pausa humanitaria”, como un testimonio incontestable de que el estado sionista está determinado a exterminar o expulsar definitivamente a todos los palestinos de su tierra para quedarse con ella y continuar con su confeso plan de extenderse desde el Nilo hasta el Jordán.

Con esto coincide el hecho, también incontestable y documentado, de que en Cisjordania nunca se detuvo la violencia de Israel contra los palestinos y el también documentado hecho de que esta campaña de apartheid y persecución se realiza sistemáticamente y con campañas especiales de exterminio desde hace 75 años.

Estamos viendo la construcción de un nuevo estado fascista, con ánimos de conquista a costa de lo que sea. El 19 de marzo pasado, Belazel Smotrich, supremacista ministro de Finanzas del gabinete Netanyahu, declaró durante una ceremonia en París que “no existe tal cosa como el pueblo palestino; es un invento de los recientes 100 años”.

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, expuso ante la Asamblea General de la ONU el 22 de septiembre, un mapa sin Palestina para proponer su corredor comercial en oposición a la iniciativa china conocida como la Franja y la Ruta, donde toda Palestina aparece en azul como el Estado de Israel.

Esto detonó quince días después, como gota que derramó el vaso de las injusticias atroces cometidas contra el pueblo palestino; el operativo de los guerrilleros sunitas de Hamás, el 7 de octubre.

Además de que las pretensiones genocidas han sido amplia y abiertamente declaradas, últimamente ya ni siquiera disfrazadas de autodefensa, y más allá de los pronunciamientos de los líderes sionistas y religiosos, de las evidencias acerca de la educación del estado hacia los niños y jóvenes israelitas en el odio sistemático a los palestinos y a los pueblos árabes en general, de las manifestaciones masivas de los israelíes y colonos sionistas, amenazando de muerte a los palestinos; más allá, pues, de la confesión por parte de su fascismo y racismo, los hechos del estado sionista demuestran que esas declaraciones no son bravuconadas ni exabruptos movidos por las soberbia de su poder militar: los líderes sionistas están arrojando toneladas de bombas en contra de la población.

Entre ellas se cuentan las más de dos mil bombas “antibúnker” que Estados Unidos entregó a Israel, que son las que han destruido de un solo tiro edificios completos debido a su poder destructivo.

Ya no hay ninguna duda de la decisión de Israel para llevar a término sus pretensiones y de que la comunidad internacional no logrará nada con sus mismos exhortos. 

Y no son ataques selectivos contra objetivos militares, sino contra unidades habitacionales, escuelas, hospitales, campos de refugiados, etcétera, y las víctimas fatales crecen día con día, de modo que la perversidad de tales ataques ya no se disimula y el mundo es testigo impotente de la realización material de dicho sanguinario genocidio.

La protesta mundial ha sido clara, universal y precisa, exigiendo el alto total y permanente al criminal bombardeo y la incursión militar, exigiendo la restitución de sus tierras a los palestinos, respetando las fronteras de los acuerdos establecidos en la Organización de las Naciones Unidas (ONU); la solución de los dos Estados.

Pero el estado sionista de Israel ignora los acuerdos internacionales, viola los acuerdos, y desestima la protesta mundial, continuando el homicidio y el desplazamiento del pueblo palestino. Nada lo conmueve y nada lo detiene. Es decir, ya no hay ninguna duda de la decisión de Israel para llevar a término sus pretensiones y de que la comunidad internacional no logrará nada con esos mismos exhortos. 

Esto sólo dejaría dos caminos en adelante: o dejar a Israel manos libres en su campaña genocida a pesar de la inconformidad internacional, y convertirnos en cómplices pasivos de la brutal carnicería, o detener a Israel a como dé lugar.

Si la diplomacia y la manifestación masiva del mundo entero no lo detiene, lo deben hacer las sanciones internacionales contundentes y efectivas, que los obliguen, so pena de sufrir esas sanciones, a que se respete al pueblo palestino y a la humanidad entera que se lo exige.

Si esto se lograra, debe complementarse con las penas correspondientes a sus crímenes; realizarse los juicios en contra de los crímenes de guerra, en contra de quienes así lo merezcan, y la vigilancia estricta de los organismos internacionales para evitar nuevos intentos genocidas.

Si esto no se lograra, lo que sería lamentable y peligroso, sólo quedaría la opción de que el pueblo palestino se defienda y lo defienda la humanidad. La derrota militar de Israel, que llegaría tan lejos como ellos quisieran, siendo el caso extremo la desaparición de Israel como Estado, su desintegración y la expulsión de los invasores de las tierras palestinas. Esto último, que no sería deseable, sería la única solución al problema, pero nos pone por ello al borde de un conflicto mayor que podría desembocar en una Tercera Guerra Mundial, que podría ser la última.

De ser lo primero y aceptar impávidos el crimen de Israel, llevaría a la desaparición de la nación palestina y sería la antesala de su envalentonamiento, que lo llevaría a la conquista de nuevas tierras, que no se detendrían en el Nilo y el Jordán, pues ya nada los detendría.

¿Es esto lo que va a permitir la humanidad?

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