Para ningún mexicano es desconocido que un año antes de que haya elecciones en su estado, las campañas políticas comienzan, aunque muchas de ellas sean denunciadas como campañas anticipadas, y que por lo tanto violen la ley. Sin embargo, los partidos políticos buscan la manera para posicionar a sus elementos más destacados para posicionarlos entre las preferencias de la ciudadanía.

Las colonias y comunidades se convierten en escenarios saturados de propaganda: pintas en cada esquina, lonas colocadas con o sin autorización en viviendas, y una constante presencia mediática que presume logros, muchas veces inflados, de quienes aspiran a gobernar. Los candidatos se vuelven omnipresentes, intentando construir una imagen que difícilmente pasa desapercibida.
Pero la ciudadanía no se deja engañar, saben que, como cada proceso electoral, a los candidatos les saldrán poderes sobre humanos y serán capaces de resolver todos los males de su país, estado o municipio. Es en ese proceso cuando los candidatos tienen todas las respuestas y las soluciones, pero que ya sabemos que cuando se llega al poder, “no hay recursos” “no hay apoyos” “no es viable”, para solucionar los problemas más elementales que les plantea la ciudadanía.
Pero lo más lamentable de todo, es la degradación de los políticos de nuestro país, es decir, la perdida de valores, de dignidad, de ética, de honor, de compromiso y responsabilidad para con la ciudadanía. Ahora todos los políticos creen que atacando a sus contrincantes con verdades a medias o denigrando su persona, les puede dar más votos.
El caso de Colima resulta particularmente ilustrativo. Se han presenciado altercados públicos entre actores políticos que incluso han escalado a la violencia física, ofreciendo espectáculos lamentables a plena luz del día. Quienes deberían ser ejemplo de civilidad y representación social terminan protagonizando escenas que reflejan la crisis de valores en la política local. Y lo más grave: estos hechos muchas veces no generan la crítica seria ni la reflexión profunda que deberían provocar.
En los eventos públicos, la dinámica se repite: ningún actor pierde la oportunidad de exhibir o ridiculizar a su rival. La política se convierte en un escenario de confrontación constante.
Lo cierto es que los mexicanos merecemos una clase política seria, que sea capaz de conocer de manera profunda los males del país y tengan una solución a esos males, merecemos políticos inteligentes, cultos y con una sensibilidad para resolver las necesidades de la población. Que conozcan los estados que gobiernan, que hagan políticas públicas en beneficio de todos y no solo de unos cuantos.
En 2027, Colima será nuevamente participe en un proceso electoral donde ser realizará la renovación del Poder Ejecutivo del estado, el Congreso Local, las 10 alcaldías de la entidad, así como sus síndicos y regidores. Los colimenses tenemos la responsabilidad de hacer un ejercicio profundo de reflexión y participación ciudadana que permita elegir a lo mejor para representarnos, y al mismo tiempo exigir cumplan sus promesas de campaña.

Los mexicanos no debemos creer que la salida está en los partidos políticos, ya quedó demostrado que el cambio de color no ha servido de nada a la población, cada vez vamos de mal en peor, lo que verdaderamente le urge al pueblo es un cambio de clase de social en el gobierno, que gobierne los candidatos emanados del pueblo, educados por el pueblo, con la inteligencia, el valor y la honradez suficiente para llevar al país por un nuevo rumbo. Esta es tarea de todos.
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